El cajón del desastre


Fritz Glockner

26/05/2010

CUAUHTÉMOC POR PUEBLA


Los poblanos lo veían y no daban crédito, varios tuvieron que regresar para constatar si se trataba de él, ¿Cuauhtémoc Cárdenas en Puebla? Otros más no dudaban y de inmediato hicieron sonar su claxon para dejar testimonio que le habían reconocido, y que deseaban saludar aún que fuera de a rápido, levantando la mano; varios sacaron el celular para dejar el testimonio gráfico de que le habían visto y solicitaron la obligada fotografía, los hubo quienes insistieron en reconocer su trayectoria.


Parecía que estábamos todavía en campaña, y claro, Cuauhtémoc está  acostumbrado a llamar la atención, caminar despreocupado por la ciudad le gusta, y las muestras de cariño de la gente parecen ser parte de su dieta cotidiana.


Asistió a petición de mi amigo Jesús Manuel Hernández para hacerle una entrevista en su programa de televisión, y luego comer con un grupo de académicos, empresarios y algunos colados, de ahí que mientras se cumplían con las horas acordadas Cárdenas caminó por el centro de Puebla para tomar algo, mientras llegaba el momento pactado, y curiosamente fue entonces cuando comenzó a ser descubierto por algunos periodistas en pleno portal Morelos, así como por algunos militantes del Sol Azteca, entre ellos por Mario Vélez.


Las solicitudes para externar alguna declaración no se dejaron esperar, Cuauhtémoc condescendiente permitió los cuestionarios de quienes iban llegando, claro está, hubiera sido más fácil convocar a una rueda de prensa, pero digamos que aquella actividad no estaba considerada.


Las elucubraciones periodísticas no se dejaron esperar el día miércoles 19, cuáles habrían sido los motivos de su visita, por qué no se había anunciado que vendría, sobre qué temas conversó con los líderes locales del PRD, sin duda, a pesar de todo Cárdenas sigue levantando mareas.


Las preguntas insistentes de parte de todos los periodistas giraron en dos sentidos: ¿Qué opina de las coaliciones? ¿Cómo ve la desaparición de Diego? El tres ocasiones candidato a la presidencia de la República pareciera que no se cansó de repetir su punto de vista, y obvio, fue la misma en todos los casos: “No estoy de acuerdo en la alianza, considero que perjudica al PRD” y “Ojalá que Diego regrese con bien”.


Lo curioso fue como Cuauhtémoc sigue levantando ampollas, sorpresas, curiosidad, relevancia, admiración, incluso y porque no hasta rechazo; hoy cuando la historia ha tomado un curso no deseado desde 1988, fecha de aquella elección de la cual el propio Miguel de la Madrid ha reconocido que el ganador fuera Cárdenas, todos guardan en su baúl de sueños la sospecha de que tal vez y si se le hubiera reconocido el triunfo las cosas pudieran haber sido diferentes, o por lo menos y no tan peor como se dibujan ahora.


Estoy seguro de que varios de los que hoy se vieron prestos para saludarle, para fotografiarse, para externar algún tipo de simpatía, no votaron por él, eso si ahora le reconocen muchas cualidades, de aquellas que antaño fueran consideradas como amenazas para el bienestar de las familias mexicanas.


Con todo lo controversial que pueda presentarse a Cuauhtémoc Cárdenas, cuando de pronto pareciera que ya ha pasado de moda, que es como se había comentado en años pasados un cartucho quemado, su capital social está vigente, la calidez y sinceridad de quienes se cruzaron con su paso fue evidente, continúa siendo un referente histórico, un personaje clave para entender muchas de las situaciones políticas, sociales y hasta económicas del país.


Contradiciendo la clásica imagen que había esculpido durante muchos años, Cuauhtémoc sonrió, estuvo a gusto por la Angelópolis, respondió todo lo que se le pregunto, paseo y comió, digamos que dejo satisfechas las expectativas creadas; curiosa coincidencia haber tenido a Cárdenas por Puebla, mientras que su contrincante panista del 94 se encuentra en cautiverio, del cual además, más allá de lo trágico que pueda ser el hecho mismo de su secuestro, es evidente que no cuenta con la transparencia, honorabilidad y hasta simpatía con la que aún trae encima Cárdenas.

 

Ahora sí que no hay duda, la historia no es pendeja, sabe bien a bien donde coloca a cada quien.

 



 
 

 

 
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