Los Conjurados


Erika Rivero Almazán

 

Las tentaciones de Alejandro Armenta

Cambio Foto / Archivo / Tere Murillo

La llegada de Alejandro Armenta a la dirigencia del PRI significa una sola cosa: recomposición.


Dos son sus encomiendas: cuidar los intereses del marinismo al interior del instituto político y allanar el terreno en beneficio de su jefe, Javier López Zavala, en sus pretensiones de llegar a Casa Puebla.


Si repasamos el desempeño de Armenta, es seguro que su lealtad incondicional al gobernador, primero, y a Zavala, después, lo conduzcan a rendir resultado en esas dos encomiendas.


Sin embargo, si atendemos precisamente a su historial, la misión de Armenta se complicará gradualmente, conforme se inmiscuya en sus obligaciones como presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, ya que, por el momento, su perfil es relativamente transparente, competente y destacable por sus logros labores. Más que sus relaciones de padrinazgo y demás complicidades, es su trabajo lo que ubica a Armenta como uno de los mejores secretarios de esta administración.
O sea, de lo poco rescatable del marinismo: se cuentan con los dedos de una mano... y sobran dedos.
Y Armenta es uno de esos.


Así las cosas, la decisión del gobernador Mario Marín de sacrificar a uno de los mejores elementos de su gabinete para enviarlo a la presidencia del PRI, lleva la encomienda de preparar el terreno para la sucesión gubernamental, así como acomodar las piezas para el cierre del sexenio marinista.


Es por eso que la misión que lleva a cuestas Alejandro Armenta se presume complicada: ¿cómo salir ileso de semejante propósito, sin ensuciarse las manos?


Armenta está poniendo en juego no sólo su trayectoria, si no su futuro político.


El reto es enorme por varias circunstancias:

 

1.- El desprestigio
Con la historia del narco-alcalde Raúl Gil, hoy como nunca Puebla se convierte en el foco de atención nacional e internacional. Y es que se está dejando atrás el campo de las suposiciones para ingresar en el campo de las pruebas fehacientes de que tanto la política como el gobierno de Puebla mantienen fuertes vínculos con el narcotráfico, práctica mediante la cual se patrocinan millonarias campañas electorales. Y el escándalo vuelve a azotar al PRI. Lo malo es que esta historia apenas está empezando: todavía falta el momento en que Raúl Gil abra la boca y cuente quién le suministraba la droga, quiénes eran sus contactos y cómo lavaba el dinero. Con la aprobación de quién.


Como es lógico, el PAN tiene en sus manos un arma que no dudará en utilizar a su favor.

 

2.- Resentimiento
El PRI enfrenta un fenómeno inusual en sus filas: el exterminio de todas las corrientes opositoras. El marinista ha implantado su sello en cada nombramiento, en cada candidatura, en cada puesto gubernamental, haciendo a un lado a otras corrientes que han simpatizado con anteriores gobernadores, al grado del exterminio.


Conocido es el caso de persecución que han sufrido los pocos melquiadistas que han sobrevivido: Jesús Morales Junior, en la dirección de Vialidad Estatal y Roberto Morales Flores, en la tambaleante secretaría de Salud. Ambos fueron expuestos en febrero pasado ante el Congreso local y actualmente la Contraloría estudia cargos en su contra por supuestas anomalías, principalmente financieras.


Por otra parte, aunque la alcaldesa Blanca Alcalá está etiquetada como bartlista, en la realidad fue obligada a aceptar en su gabinete en puesto de privilegio a operadores marinistas: el secretario general, César Pérez, el secretario de gobernación, Juan de Dios Bravo, el síndico Román Lazcano, entre otros.


Eso sin mencionar al líder del sindicato del Ayuntamiento, Israel Pacheco, quien se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para la alcaldesa. Él es gente leal a Marín, hoy y siempre.


En este sexenio, no hay cabida para aquel que no haya jurado lealtad a Mario Marín.


Y por tanto, como nunca antes, en este gobierno se premia, antes que la capacidad, la lealtad.

 

3.- Sucesión adelantada.
Las posturas radicales son expuestas ante los medios de comunicación, y los golpes bajos son exhibidos ante la clase política. En pocas palabras, se acabó ‘la política’ y los priístas no duda en expresar sus abiertas diferencias.


Caso concreto del expresidente municipal Enrique Doger Guerrero, quien hace dos semanas  inauguró su casa de campaña en la colonia la Paz, no dejando duda así de sus firmes intenciones de conquistar la candidatura a la gubernatura. En múltiples entrevistas ha dejando claro que sufre de persecución política por parte del marinismo, sobre todo, por parte del delfín del gobernador, Javier López Zavala, actual secretario de Desarrollo Social.


Igual pasa con Chucho Morales, quien en varias entrevistas ha dejado claro que sufre bloqueos por parte del marinismo, o bien, con Jorge Estefan Chidiac, quien se queja de ‘los delfines’.

 

4.- Inconformidad
Como resultado del primer punto expuesto, es la inconformidad contenida por los grupos priístas en el interior del estado, que por motivos personales y políticos se han visto obligados a callar su descontento.


La válvula de escape estallará en algún momento.


Todo es cuestión de tiempo.


Como ejemplo, se recordará ‘la toma’ de las oficinas del PRI estatal el año pasado, por parte de priístas de varios municipios de la Sierra Norte y Negra: se trataba de melquiadistas, bartlistas y hasta dogeristas que han sido relegados del poder y ciertas canonjías de las que gozaban en sus comunidades. Estos grupos volverán a exigir sus cotos de poder en las elecciones federales.

 

5.- Reorganización administrativa
El padrón de militantes priístas caducó hace mucho tiempo.


Organismos como la Froc-Croc, la Crom, y otras instancias son obsoletas.


Los liderazgos naturales regionales están debilitados (por las puntos arriba expuestos).


Los cuadros nuevos del partido son inexistentes: el marinismo no ha invertido para impulsar y preparar a sus jóvenes: las oportunidades sólo se traspasan entre un marinismo que no ha demostrado la efectividad de su “gobierno de nueva generación”.


Al PRI le urge una reingeniería.


Así las cosas, la pregunta es ¿cómo piensa Armenta renovar un partido maniatado por tantos vicios, cuya responsabilidad abarca hasta la presente administración?, ¿cómo darle aire nuevo cuando el marinismo ejerce presión para no perder el control, ni el poder?, ¿cómo mostrarse abierto, tolerante, cuando los compromisos con Zavala son tan fuertes?, ¿cómo ser competitivo cuando la lealtad hacia el gobernador no está a discusión?, ¿cómo apoyar a los mejores candidatos cuando el sello marinista pesa más que la capacidad y el liderazgo?


Armenta es un hombre de trabajo, pero también de lealtades.

 

Con la llegada de Alejandro Armenta al PRI hay más preguntas que respuestas.




 
 

 

 
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