Los Conjurados


Erika Rivero Almazán

 

La verdadera encrucijada del PAN


El Anteproyecto de Reforma de Estatutos del PAN, que será puesto a discusión en la Asamblea Nacional el próximo 26 de abril, abrió la primera trinchera en el panismo poblano.


La crítica inmediata del ala conservadora radica en señalar que tal modificación representaría el pasaporte del que urgía el senador Rafael Moreno Valle para seguir construyendo el puente que lo traslade a la conquista de la candidatura a la gubernatura, y después, a la ocupación de Casa Puebla. 


Y es que de aprobarse lo anterior, Moreno Valle, en su calidad de militante ‘adherente’, contará con las facultades que antes no tenía para competir por la candidatura, rompiéndose el único candado que lo alejaba del privilegio con el que sí contaban otros adversarios, como Ana Teresa Aranda, Ángel Alonso y Humberto Aguilar Coronado.


Es por eso que el ala ultraconservadora muestra su desconfianza en la modificación a varios artículos de sus estatutos, en los cuales, se disminuye significativamente el poder y el control de los organismos estatales y municipales para concederlos al CEN, lo que significa la imposibilidad de manipulación de algunos grupúsculos que han ‘tomado al PAN’.


Eso ha puesto los cabellos de punta a quienes se jactaban de controlar el padrón de los miembros activos y la facultad de selección y aceptación de los mismos, lo que en términos de la realidad reciente obedeció el triunfo de un Toño Sánchez Díaz de Rivera sobre una Ana Teresa Aranda, en la asamblea de la selección interna de candidatos a la alcaldía, en donde el triunfo de la ‘línea’ estaba garantizado desde antes de la celebración misma de las asambleas y convenciones.


Ante los señalamientos de un supuesto beneficio en sus aspiraciones políticas, Rafael Moreno Valle reviró la acusación para plantear otro cuestionamiento:


“La modificación en los estatutos es para que el PAN gane la Presidencia de la República, pero también las gubernaturas y los municipios. La pregunta es si esto dará competitividad al partido y, si la respuesta es positiva, esta apertura en el PAN logrará la postulación de mejores cuadros y mejorará las posibilidades de ganar elecciones federales, estatales y municipales.” (Cambio 15 de Marzo 2008)


Y es aquí en donde tal vez se encuentre la verdadera trascendencia de lo que está a punto de experimentar Acción Nacional el próximo 26 de abril.


Es decir, no sólo se trata de la ventaja que aparentemente gozará Rafael Moreno Valle.


Ni de la pérdida de control de las familias custodias.


Ni la manipulación que dejarán de ejercer personajes como Ramírez Castellanos ‘el Caimán’, los Pablos (Rodríguez Regordosa y Montiel) en el Comité Municipal.


Eso no deja de ser un pleito aldeano.


Un pleito importante, con repercusiones mayores, pero al fin de cuentas aldeano.


La Anteproyecto de Reforma a los Estatutos del PAN no sólo cuestionará la posibilidad de que los simpatizantes se afilien a través del internet (pasándose por el arco del triunfo las imposiciones caprichosas de pseudolíderes), o la condición de cuotas voluntarias (que evitará la práctica gandalla de la compra del voto por parte de los aspirantes a una candidatura a cambio de la liquidación de esta deuda por parte del panista).


Eso también son minucias.


De lo que se está hablando es de un trastorno brutal que cimbrará las bases de Acción Nacional y de sus principios por los que ha transitado en la política de este país.


El PAN está a punto de dejar de ser un partido de élite para transformarse en un partido de masas.


En 1939, cuando Manuel Gómez Morin funda el PAN, escribió una carta a Vasconcelos en las que explica su proyecto político: "...yo siempre he creído que lo importante para México es lograr integrar un grupo, lo más selecto posible, en condiciones de perdurabilidad, de manera que su trabajo, sin precipitaciones, pueda ir teniendo cada día, por esfuerzo permanente, un valor y una importancia crecientes".


Este fue el principio de afiliación se ha mantenido hasta nuestros días: sólo los mejores.


Es decir, un partido de élite, en donde la posición social, económica y profesional se convierte en la condicionante principal para aspirar a pertenecer a Acción Nacional, sobre todo, si se intenta lograr una carrera política a futuro o una nominación a un puesto de elección popular.


Claro que no siempre se ha cumplido este principio, pero es innegable que se ha convertido en la mística en la que trabajan las legendarias ‘familias custodias’, la ultraderecha o el Yunque.


Ahora, este principio está punto de desmoronarse.


La última declaración del presidente del Comité Directivo Estatal, Rafael Micalco fue el detonante de una verdad que, unos meses antes, era impensable que un líder azul la reconociera en público:  


“Hoy la circunstancia del PAN es que ya creció, estamos en el poder federal, en los municipios, es una opción de gobierno y esa circunstancia nos obliga a que ya se deje el esquema por el que se fundó que fue a través de ciertos vínculos amistosos y familiares y se pase a la otra etapa”.(Intolerancia 23 de Marzo del 2008).


Y es que la historia del panismo local se repite en todos los rincones del país: la fundación del PAN se da a través de familias. Es como una estafeta que se va entregando en propia mano únicamente entre parientes y amigos cercanos.


Fue así, en ese proceso por más de 60 años cómo Acción Nacional se convirtió en la fuerza política que hoy gobierna el país.


Tan sólo en Puebla, en 1990 se logró la instalación de 40 comités municipales, y ahora, después de 17 años cubre todo el accidentado territorio poblano.


Sin embargo, aunque efectivo en su momento, los resultados electorales de los últimos tres años han demostrado que el modelo está caducando.


El presidente Felipe Calderón lo advierte tan claramente que, a raíz de sus acciones, revela que no está dispuesto a seguir perdiendo bastiones de poder: los resultados electorales desde el 2004 han sido catastróficos para su partido, al grado que hoy 18 gobernadores en los estados más importantes del país son administrados por el PRI, mientras que en el D.F lo hace el PRD.


En Puebla, ni se diga: el PAN perdió todos los distritos locales, incluyendo la alcaldía.


Es por eso que, por primera vez en la historia de ese partido podemos hablar de que ahora existe un ‘partido de gobierno’, una vez que la mayoría de los consejeros y delgados del CEN son calderonistas, empezando por el mismísimo presidente del CEN, Germán Martínez, quien llegó a la presidencia nacional apoyado por el presidente de la República, sacando de la jugada al ala conservadora representa por Manuel Espino.


Así las cosas, en la próxima Asamblea Nacional Extraordinaria se propondrán, además de los cambios arriba citados, modificaciones en los estatutos, antes impensables.


Por ejemplo:


Modificación en el artículo 9, respecto a los militantes adherentes: La adherencia al Partido se refrendará cada año en los términos de las disposiciones reglamentarias. El adherente podrá votar para candidatos a cargos de elección popular…”.


Esto significa que tan sólo en Puebla, no sólo tendrán derecho a elegir a su candidato a un puesto de elección popular (ya sea a gobernador, presidente municipal o diputado) los 13 mil 271 miembros activos registrados en el padrón del PAN (datos actualizados hasta diciembre del 207), sino que también contarán con ése mismo derecho los 50 mil 200 adherentes, lo que dispara la cifra de votantes e imposibilita la antes fácil manipulación de dicho padrón.


Otro de los cambios más representativos es en el artículo, respecto a la contribución de gastos del partido: “se harán de acuerdo a sus posibilidades… aportar, cuando sean designados servidores públicos en los gobiernos emanados del Partido, una cuota en los términos que establezca el reglamento correspondiente”.


En el artículo 12, sobre el padrón de miembros, cuyo control recaerá sobre “el Registro Nacional de Miembros y la vigilancia de los procedimientos de afiliación quedará a cargo de la Comisión de Vigilancia del Registro Nacional de Miembros del Consejo Nacional. Asimismo, expedirá el listado nominal de electores para cada proceso de selección de candidatos a cargos de elección popular de carácter federal, estatal o municipal”.


El artículo 43 es de suma importancia, ya que agrega que: “serán métodos extraordinarios de selección de candidatos a cargos de elección popular la Elección abierta, o la Designación directa.


Otra modificación importante está en el artículo 36 Bis.: “la Comisión Nacional de Elecciones será la autoridad electoral interna del Partido, responsable de organizar los procesos de selección de candidatos a cargos de elección popular de nivel federal, estatal y municipal”.


En síntesis, el PAN enfrenta la dura prueba histórica de su modernización: dejar de ser un partido elitista, sectario, un organismo de control de grupúsculos para convertirlo en una verdadera opción política a la cual tengan acceso todos los ciudadanos.


Ello, sin perder la mística de su doctrina ideológica.


De ahí el temor de muchos grupos conservadores de ‘abrir el partido’ por considerar que pudieran también tener acceso a las nuevas dirigencias personajes sin escrúpulos y sin ideología.


Pero ese argumento es endeble, porque en el PAN ya circularon (y circulan) personajes indeseables no solo de Acción Nacional, sino en la política nacional y local, los cuales utilizaron al partido para su beneficio personal… sobre todo, para sus billeteras.




 
 

 

 
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