Los Conjurados


Erika Rivero Almazán

 

Alcalá, con pies de plomo


En las primeras dos semanas de trabajo, Blanca Alcalá dio las primeras señales de paciencia y prudencia en grado extremo.


Y envió las primeras señales de lo que podría esperarse de su administración:

 

1.- Hará todo lo posible para no confrontar al gobernador o la ‘burbuja marinista’.
2.- Cumplirá sus compromisos políticos, pero no está dispuesta a mantener en su puesto a personas que le jueguen la contra.
3.- Evitará la confrontación con el exalcalde Enrique Doger, pero no estará dispuesta a tragar fuego por su antecesor: de ser necesario, evidenciará las irregularidades.
4.- Alcalá ejerció el margen de libertad que tiene para colocar en puestos operativos, como las direcciones y jefaturas, a las personas de su confianza, con las que realmente va a trabajar y a sacar adelante sus proyectos.
5.- Evitará en lo posible dar alguna declaración a la prensa que la incluya en las guerras políticas mediáticas.
6.- El contacto con la gente será prioritario: vamos a ver a una alcaldesa de arriba para abajo, organizando y participando en actos ciudadanos en los que ‘muy a la Melquiades’, se detendrá a saludar de mano a la gente.

 

En el primer punto, una vez que aceptó la imposición de Juan de Dios Bravo como secretario de Gobernación Municipal por parte del marinismo, Blanca Alcalá tomó con prudencia otras exigencias, como el de enviar a la oficina del gobernador, todos los días a primera hora, su agenda de trabajo diaria.


No sólo se trata de una formalidad, una cortesía.


La alcaldesa debe esperar el visto bueno del gobernador sobre las reuniones que sostendrá, los eventos que encabezará, la gente que atenderá. Todo lo debe saber primero el gobernador, antes que nadie.


Alcalá está dispuesta a cumplir los protocolos que le exige el ejecutivo estatal, con tal de disfrutar de una paz política, ya que la relación laboral entre ayuntamiento y gobierno es fundamental, en donde la primera perjudicada en caso de un distanciamiento sería Blanca (si no, pregúntele a Enrique Doger)


Sin embargo, no todo puede ser aceptado, y Alcalá ya dio una señal de alerta: en todos los medios informativos subrayó que todo su gabinete será evaluado periódicamente, pues en caso de que alguna área no funcione, se aplicará el remedio (o sea, se le darán las gracias a los participantes).


Pero el pasado viernes, el mensaje cifrado encontró destinatario por la propia boca de la alcaldesa: el síndico Román Lazcano, posición defendida a capa y espada por el exsecretario de Gobernación, Javier López Zavala.
En el programa radiofónico de Milenio Diario, conducido por Fernando Alberto Crisanto, la alcaldesa dejó en claro que no iba a permitir que en su administración se ejerciera “la prepotencia” y le exigiría a todo su gabinete actuar con “ética”: “y esto deberá ser entendido por el síndico Román Lazcano”.


No es la primera vez que Alcalá lidia con los abruptos del joven Lazcano: su indisciplina y protagonismo fue una pesadilla para todos los que integraron la campaña, incluyendo la propia candidata.


Las versiones de que Alcalá estuvo a punto de impedir que Lazcano rindiera protesta como síndico fueron ciertas. Al final, pesó más en la alcaldesa mantener los acuerdos con Zavala que su necesidad de deshacerse de una caja de pandora.


Sin embargo, Lazcano no entendió el mensaje de la alcaldesa e insiste en mantener una posición que no le corresponde. La última de Román es que entró a la sala de presidencia para decirle a una asistente (omitimos su nombre por temor a más represalias contra la secretaria): “¿ya tienes listas tus cosas para irte?, tu no te puedes quedar aquí: seguro eres dogerista”.


La chica, con un nudo en la garganta ante la amenaza de perder su empleo, le respondió que la alcaldesa no le había dicho nada aún. Fue motivo suficiente para que Lazcano montara en cólera.


De esos ejemplos, Lazcano está escribiendo muchos. Y es posible que Alcalá, ahora si, ya esté tomando medidas para evaluar un panorama distinto con su síndico.


Inusual en su discurso, también Alcalá indica que está poniendo límites: los mensajes a Enrique Doger son claros: “no habrá cacería de brujas contra el dogerismo”, pero “no será tapadera de nadie”.


En pocas palabras: una sana distancia, que no la confronte pero que no la comprometa a cubrirle la espalda de quien aspira a competir por la gubernatura para el 2010.


Como siempre, Alcalá en cuidadosa con su boca: no estará dispuesta a servir a los intereses de quienes ya entraron a una lucha política en un escenario de sucesión adelantada: a ella no le interesa esa lucha, y comprende que no estará inmiscuida en guerras que no son suyas.


En adelante, no faltará mucho para que Alcalá deje a tras la competencia y la rivalidad entre los grupos priístas por los puestos en el ayuntamiento. Esa batalla ya se libró. Obvio que ganaron los marinistas.


Lo que viene es mucho más difícil: los verdaderos problemas de la urbe, los cuales saltarán en cualquier momento: los comerciantes ambulantes, los jardines y parques, el relleno sanitario y la recolección de basura, los eternos baches, las luminarias, el sistema de transporte y sus eternas mafias, los giros negros…


La misma historia de siempre.


Con el aderezo de que hay unos ojos desde Casa Puebla que la vigilan a cada paso que da.

 

Mondragón se retira, Arrubarena se fortalece

 

Es un hecho: Juan Carlos Mondragón, excandidato a diputado local por el distrito 6 dio las gracias a los Pablos (Rodríguez y Montiel) por invitarlo a contender por la presidencia del PAN Municipal.


La propuesta fue seductora: la corriente que controla el padrón electoral interno del PAN le ofreció la presidencia en charola de plata. Pero todo tiene un precio, y al parecer, Mondragón no estuvo dispuesto a pagarlo.


Pablo Montiel, entonces, presumió la posibilidad de contender, pero la respuesta del panismo no fue muy favorecerá: ya fue presidente, ahora ya es regidor, ¿otra vez Pablo?


Las reuniones frecuentes con Bernardo Arrubarena no son casuales.


La posibilidad de que Arrubarena sea apoyado por los Pablos es cada vez mayor.


Una unión, un apoyo que, por supuesto, no será gratuito.

 

¿Lo estará tomando en cuenta Arrubarena?




 
 

 

 
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