Los Conjurados


Erika Rivero Almazán

 

Israel Pacheco, prueba de ácido para Alcalá


La alcaldesa Blanca Alcalá rompe su propio paradigma: la candidata mesurada y casi cándida está siendo sepultada por la mujer de poder que se ve obligada a definir posturas.


Y ayer lo hizo, con el líder del Sindicato Unico de Empleados y Trabajadores del Ayuntamiento de Puebla, Israel Pacheco Velázquez, el dolor de cabeza con el que han tenido que lidiar las tres últimas administraciones municipales, incluyendo la de Alcalá.


Ayer, en el programa radiofónico Milenio Radio que conduce Fernando Alberto Crisanto, la presidenta municipal se despojó de su discurso pasivo para ir directo al grano: aseguró que el departamento de Servicios Públicos funciona ‘en su totalidad’ y que no permitirá que la comuna se convierta en rehén del sindicato”.


Para la alcaldesa, con tal sentencia encendió la luz amarilla.


Para Israel Pacheco, fue una declaración de guerra.


Pero vayamos por partes.


¿Qué fue lo que realmente sucedió este martes en la dirección de Servicios Públicos del Ayuntamientos?, ¿qué es lo que está atrás del primer paro de labores que enfrenta esta administración, cuando casi 600 empelados de este departamento se manifestaron por la falta de herramienta e insumos para realizar su trabajo?


Los culpables no fueron ni Alcalá, ni de su antecesor Enrique Doger.


Digamos que fue una novatada, un error de cálculo, un error ínfimo.


Pero la falta de habilidad política transformó una nimiedad en el primer escándalo mediático para Alcalá.


Claro está que en bodega no había el material para trabajar, ni en las arcas el dinero para comprar insumos o reparar la maquinaria (las segadoras de pasto, por ejemplo) y a Dirección de Servicios Públicos no se le ocurrió girar la instrucción a la Secretaría de Administración para la compra de los productos, mismos que por lo general son solicitados por el Comité de Adjudicaciones, el cual, por cierto, no existe, pues es la fecha en que no se ha conformado.


Si, fue un error de cálculo del director de Obras y Servicios Públicos, Sergio Vergara Verdejo, pero que no hubiera pasado a mayores ya que las leyes municipales permiten la gestión de compra inmediata de estos materiales, sin necesidad de tanto protocolo.


¿Entonces por qué tanto alboroto?


Israel Pacheco, el líder de los trabajadores del ayuntamiento, no fue escuchado, no fue tomado en cuenta. Culpó a los colaborares de Alcalá, a quienes calificó de incapaces, sobre todo a Vergara: “es un irresponsable, no lo he visto ensuciarse los zapatos, quiero verlo caminando por los parques y jardines, cómo está descompuesta la maquinaria, en las malas condiciones que está el alumbrado público”.


Dijo que tiene copia de todas las solicitudes por escrito pidiendo los suministros, “pero no nos hacen caso”.   


La cosa se puso peor cuando el secretario general del ayuntamiento, César Pérez Rojas, definió la postura del ayuntamiento sobre el paro laboral: lo minimizó, además de desmentir a Pacheco: “si el ayuntamiento hubiera comprado los suministros de esta dependencia, se hubiera parado la ciudad desde hace 13 días”.


El remate de esta historia fue que se compró los materiales (que era un problema de fácil solución), se disolvió el paro, pero las heridas quedaron abiertas.


El broche lo puso Blanca con su declaración de oro: “el ayuntamiento no será rehén del sindicato”.


La postura es valiente, pero poco práctica.


La misma amenaza fue formulada por sus antecesores: Luis Paredes y Enrique Doger, quienes jamás tuvieron química con el líder sindical, por el contrario, Pacheco fue lo suficientemente hábil para ponerlos en jaque.


No es que fuera muy fregón, lo que pasa es que desde siempre cuentó con una protección superior: la de Mario Marín Torres.


Pacheco, en privado y en público, se jacta de su marinismo, como principal arma, además de la innegable influencia que tiene entre los grupos laborales del ayuntamiento y que ha logrado fortalecer desde hace 8 años.


Doger y Paredes, fueron hombres ‘duros’, pero ninguno pudo con Pacheco: hasta ganó su juicio ante los tribunales federales.


Recordemos: a finales de agosto del año pasado, la justicia federal dejó sin efecto la resolución del Tribunal de Arbitraje del Municipio de Puebla, por lo que Pacheco fue ratificado como líder del Sindicato Único de Empleados y Trabajadores del Ayuntamiento de Puebla, debido a que desechó “indebidamente” documentos que prueban la ilegitimidad de su designación.


El problema comenzó el 12 de septiembre de 2003, durante la gestión Paredes Moctezuma. Israel Pacheco solicitó al Tribunal de Arbitraje del Municipio la autorización para reformar los estatutos del sindicato con el fin de ser reelecto por un segundo periodo. La petición fue declarada improcedente.


Pacheco promovió un juicio de amparo ante el Cuarto Juzgado de Distrito. Sin embargo, también fue rechazado. Lo mismo ocurrió cuando presentó el mismo recurso ante el Tribunal Colegiado del Trabajo del Sexto Circuito.


Sin embargo, Pacheco hizo tronar sus chicharrones y, escudándose en Marín, se reeligió.


El triunfo de Pacheco sobre el entonces alcalde fue total: al principio de la administración  Paredes arremetió con macanazos contra reporteros y jubilados en un paro de labores de trabajadores del ayuntamiento, acción que causó un escándalo mediático que empezó a hundir al edil (recordemos su frase célebre: “mexicanos al grito de guerra”).


Pacheco sacó partida del resbalón del edil.


Sin embargo, fue con la administración de Enrique Doger cuando consolidó su liderazgo, ya que el nuevo alcalde sí lo reconoció como autoridad sindical, pese a que contaba con una demanda en su contra: Ana María Ramírez Mendoza, quien como empleada del ayuntamiento ganó un amparo y acusó a Pacheco de mantenerse en este puesto de manera arbitraria, bajo la protección de Enrique Doger, a quien por cierto, Pacheco le pagó muy mal el favor, porque en cuanto pudo, le hizo la vida imposible.


Y es que Pacheco es un excelente operador político-electoral, que sabe utilizar la estructura del ayuntamiento a favor del grupo priísta que lo apoyó, o sea, al marinismo.


Y los favores de ese calibre tienen sus recompensas.


Pacheco, actualmente, se presume como intocable.


Hasta el momento.


Alcalá le puso un alto.


¿Sabrá la alcaldesa la clase de alacrán que se echó encima?




 
 

 

 
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