TEMAS CONSTITUCIONALES


Guillermo Pacheco Pulido


LIBERARNOS DEL TEMOR Y DE LA MISERIA

”El ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, entre los pueblos de los Estados miembros”.


La anterior expresión es el preámbulo a la proclama de la Declaración Universal de Derechos Humanos, de fecha 10 de diciembre de 1948. Este día se cumplen 59 años de la vigencia de uno de los documentos base de la Organización de Naciones Unidas, el cual cuenta con 30 artículos que podemos considerar como fundamentales para la definición y comprensión de los derechos humanos.


La noción de que nadie puede estar por encima de la ley es una afirmación importante pero insuficiente, pues debemos tomar en cuenta que todas las personas debemos tener la garantía de la protección recíproca en una vida comunitaria, en consecuencia, las instituciones públicas y los grupos o personas individuales, deben participar activamente en la defensa de la dignidad humana.


Es fundamental reconocer que los seres humanos debemos contar con una serie de elementos que nos den seguridad en nuestra existencia y nos permitan con esfuerzos colectivos, institucionales y personales, mejorar día con día nuestra calidad de vida en un espacio de libertad y de respeto.


Casi seis décadas han transcurrido desde la Declaración Universal, hemos avanzado en algunos aspectos y en otros no hemos tenido éxito. La vigencia de los derechos humanos ha pasado de ser de un simple documento a una serie de conceptos que se expresan, reiteradamente, por casi todas las personas. El principio fundamental por el que opera el derecho humano es, sin lugar a duda, su naturaleza libertaria y la igualdad en dignidad y derechos, según establece el artículo 1° de dicha Declaración, abundando además de que el comportamiento debe ser fraternal entre los hombres y nunca con ánimo de odio, ventaja, abuso o venganza.


La libertad y la igualdad  de todo ser humano implican eliminar cualquier distinción derivada de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, origen nacional, posición social o económica o por cualquier otra condición. El trato entre las personas debe ser, en consecuencia, respetuoso para el efecto de contar con la consideración del otro.


No debe haber ninguna distinción pues esto genera beneficios para unos y perjuicio para otros, en consecuencia todos debemos recibir la dignidad que como personas merecemos y en ese sentido, la tolerancia es un elemento necesario para la convivencia social y para permitir el desarrollo de la humanidad.


El derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad nos obligan a revisar permanentemente nuestro modo de vida, nuestros alimentos, nuestro entretenimiento, nuestras opiniones y nuestras actividades, porque muchas veces debajo de nuestras actividades preferidas, no tenemos la capacidad de observar el daño que producimos a otros o a nosotros mismos.


El derecho de las personas al reconocimiento de su personalidad jurídica y de su participación política es un elemento fundamental para la existencia del estado de derecho, para el mejoramiento de la vía democrática en la toma de decisiones y en el manejo de la cosa pública, pues es fundamental entender que decisiones personales o de grupo influyen muchas veces de modo negativo en los afanes y modo de vida de la colectividad, por lo tanto, la igualdad y la protección de la ley debe evitar en todo momento cualquier forma de discriminación.


Todos tenemos derecho a reclamar una nacionalidad, a ubicarnos en el espacio del planeta que consideremos adecuado a nuestros fines y a cambiar de ubicación si esto se estima conveniente. El fenómeno migratorio muestra día con día que esta aspiración universal, en este momento, se encuentra contradicha por las expresiones de persecución que sufren miles de seres humanos que por la guerra, la pobreza, las sequías, los fenómenos naturales o por otra causa desean cambiar de ubicación.


La familia está reconocida como el elemento natural y fundamental de la sociedad y por lo cual existe el derecho a la protección de la misma que es responsabilidad de la sociedad y de las instituciones públicas, máxime en una época en la que el individualismo, el hedonismo y las excesivas exigencias sobre las personas para ser competitivos, están produciendo una disolución familiar de la que no podemos medir todavía sus consecuencias.


El derecho a la propiedad a la participación en el gobierno, a la seguridad social y al trabajo, así como un nivel de vida adecuado, son elementos indispensables para la dignidad humana y sin los cuales generamos exclusión de muchos seres humanos lo que de algún modo se constituye como una discriminación.


La educación es el elemento fundamental para la transformación del individuo, pues solo a través del conocimiento se logra el desarrollo de las capacidades humanas y la posibilidad de que cada individuo sea capaz de alcanzar sus objetivos y necesidades, a la vez de respetar los derechos de los demás y colaborar para subsidiariamente apoyar a quien no tiene plena fortaleza para proveerse asimismo de lo necesario.


La construcción de un orden social justo en el plano nacional e internacional debe ser una consecuencia del esfuerzo colectivo basado en el trabajo y en el respeto sin lo cual, los pueblos o algunos hombres individualmente considerados se verán compelidos al uso de la violencia, al supremo recurso de la rebelión contra la opresión.




 
 

 

 
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