Construyendo Ciudadanos


Giovanna Morales

03/02/2010

De Haití para los ciudadanos del mundo


No vivo en Haití. Tampoco lo he visitado. El título del artículo tiene más que ver con el mensaje entre líneas que hay detrás de lo que sucedió hace una semana en ese país. Y es que no hay porqué culpar a la naturaleza, porque lo que hay detrás de una catástrofe de este tamaño es producido en gran medida por la falta de gobernanza; es decir, la falta de una política social consistente y justa a nivel global, apoyada por ciudadanos comprometidos. Esto ocasiona que ciertos países y poblaciones  sean más vulnerables a acontecimientos naturales, pues nada expone más a las poblaciones viviendo en pobreza, que un desastre natural. Casi el ochenta por ciento de los haitianos vive con menos de dos dólares al día.


Lo que hay detrás de esta tragedia es un tema de pobreza, y más intangiblemente, de egoísmo. Es un tema de falta de voluntades para crear un gobierno global más justo. La falta de infraestructura social básica y la ausencia de una sociedad que pueda movilizarse rápida y eficientemente, aunado a la poca capacidad gubernamental para solucionar un problema público, ocasionan que un evento natural se convierta en una desgracia social.


Y aún así, hay quien sumido en su egoísmo, saca ventaja de la situación. Pensando en el próximo premio Nobel, como si fueran Óscares, los ex presidentes norteamericanos han hecho un llamado tripartita a la población de Estados Unidos para “salvar” a Haití. No dudo de la buena intención de los ciudadanos de aquél país. Pero los norteamericanos han desplegado su poder nuevamente, aprovechando la vulnerabilidad de Haití. Se han ocupado del aeropuerto de Puerto Príncipe, lo que ha ocasionado que otros países tengan que solicitar permiso a las fuerzas armadas norteamericanas para aterrizar en el país, para otorgar una ayuda de la que depende la vida de seres humanos.  


Haití fue un espejo de lo que sucede en América Latina. La desgracia más grande del siglo, dicen algunos. La Organización de Naciones Unidas lo ha nombrado el acontecimiento más desastroso de la década. Hace falta darnos cuenta de que vivimos en desgracia desde hace ya un largo tiempo, bajo terremotos de inseguridad, pobreza, desconfianza y abuso. No hace falta abusar del dolor ajeno para sensibilizarnos. No hace falta tener un Teletón para actuar. No hacen falta más desgracias para abrir los ojos. México, un país repleto de recursos y belleza, tiene grietas inmensas ocasionadas por terremotos sociales. No hace falta que nos sacuda otro 1985 para darnos cuenta.


Hace falta movilización ciudadana, hacen falta propuestas e iniciativas ciudadanas y no más quejas de víctimas pasivas, que seguimos esperando a que nos rescaten de entre los escombros.

 



 
 

 

 
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