Debate


Roberto Desachy

 

Veto y eliminación


Una vez que su posicionamiento en encuestas reales sigue sin repuntar, además de que varios responsables de realizar estos estudios de opinión han reconocido en corto que se vislumbra difícil que esta situación cambie, al interior del zavalismo cunde la esperanza de ganar la candidatura del PRI por eliminación.

 

Esto implicaría que, según Javier López Zavala y su grupo, Enrique Doger Guerrero no será candidato porque enfrenta el veto del gobernador, mientras que Blanca Alcalá Ruiz ya está eliminada por haberse comprometido a concluir el trienio, en tanto que Enrique Agüera Ibáñez ya dijo que no buscará la postulación.

 

El problema para López Zavala es que basa su aspiración en sofismas, quimeras, sin que nada la sustente. Veamos: en todos los estudios de opinión serios queda claro que Z va en tercer o cuarto lugar entre los aspirantes a la gubernatura y que esta posición no ha variado sustancialmente, pese a que lleva 4 años en campaña y a contar con inagotables recursos económicos, humanos y burocráticos.

 

En el 2007 no fue candidato a la presidencia municipal de Puebla, simplemente porque la gente no confía en él y no estaba dispuesta a apoyarlo, algo que –según los estudios de opinión - no ha variado, ni siquiera por estar en la dependencia encargada de repartir apoyos en la entidad.

 

Este contexto hace que la postulación zavalista sea muy vulnerable en términos sociales y electorales, porque carece del apoyo mayoritario del propio marinismo, ha estado envuelto en graves escándalos (Lydia Cacho, narcoedil) y, principalmente, la ciudadanía lo rechaza. Esto se agrava, si se toma en cuenta que el PAN está cerca de nominar a un candidato fuerte y con posibilidades reales de ganar, como Rafael Moreno Valle.

 

Incluso, si Felipe Calderón y el Yunque pactan para que el contendiente panista sea otro, como Humberto Aguilar Coronado, Ángel Alonso Díaz Caneja o Ana Teresa Aranda de Orea, el apoyo de la Presidencia de la República y la fuerza propia del blanquiazul pueden ser suficientes para triunfar, sobre todo si el PRI postula a un candidato débil y cuestionado.

La apuesta zavalista es obtener la nominación por la eliminación de los demás y ganar la gubernatura con el apoyo de ese mito genial que los priístas llaman “la estructura”; es decir, la burocracia administrativa y partidista, que hace muchos años ya no le da victorias a ningún partido.

El problema para López Zavala es que todos sus adversarios internos están más que vivos. Veamos: desde el punto de vista legal, nada obliga a Alcalá Ruiz a cumplir su compromiso firmado ante Notario Público de concluir su trienio. Ella lo sabe y, por eso, cuando le preguntan responde que “por ahora” no le interesa la gubernatura y no se autodescarta de manera definitiva.

Con Agüera Ibáñez pasa exactamente lo mismo. Nada lo obliga a reelegirse o prolongar su mandato en la UAP en el 2009 y dejar el cargo a principios del 2010, para buscar alguna nominación priísta, ya que tiene el control absoluto de la burocracia universitaria y esto le evitará problemas cuando se meta de lleno a la grilla partidista.

 

El veto

 

Pero entre los mitos zavalistas sin duda el más notorio y extendido por su grupo es el de que Enrique Doger Guerrero no será candidato por el veto del gobernador. Es interesante que se maneje esta versión, porque se pretende hacer creer que Mario Marín Torres será quien defina, en exclusiva, quién irá como representante del PRI en el 2010 y, además, se quiere generar la percepción de que, efectivamente, el mandatario ha jurado y perjurado al estilo de “patria o muerte” que el ex rector no obtendrá la postulación priísta.

 

Lo que los zetitas no mencionan es que apenas el pasado lunes 1ro de diciembre en la sección nacional de Milenio, la presidenta nacional del PRI, Beatriz Paredes Rangel, enfatizó que los gobernadores tienen una opinión relevante, pero no única, en cuanto a las postulaciones, porque los candidatos son del partido, no de los mandatarios estatales.

 

De manera textual, lo que dijo Beatriz Paredes Rangel sobre la intervención de los gobernadores en la selección de candidatos para el 2009 fue: “son figuras relevantes en sus estados, priístas distinguidos, desde luego tienen una opinión relevante, conocedores de la realidad política local y su opinión enriquece y apoya la valoración del PRI, pero la responsabilidad de la selección de las candidaturas es del partido, con un conjunto de insumos que obtiene de encuestas, diálogos con sus dirigentes, evaluación de las propuestas que hacen organizaciones y sectores, de la opinión de los gobernantes, de los cuadros, en fin es un conjunto de elementos en donde desde luego la valoración y la opinión de los gobernadores es muy relevante, pero no única.

 

Y aquí cabría enfatizar que, si en el 2009 la dirigencia nacional del PRI tomará en cuenta varios aspecto - además de las opiniones de los mandatarios estatales - para lanzar a sus candidatos, ¿por qué en el 2010 sería diferente?, cuando la convocatoria de la elección a gobernador es expedida por el CEN, que seguramente no se basará en lo que digan columnistas locales con filias y fobias muy marcadas, sino en encuestas serias, en el potencial de voto de cada aspirante, en la opinión y deseos de la ciudadanía sobre los contendientes y, sobre todo, en la necesidad de ganar.

 

Lo cierto es que, como lo dijo Paredes Rangel, la opinión de Mario Marín será muy importante, sin duda, para elegir al candidato del PRI a la gubernatura, porque cualquiera que sea el aspirante del tricolor deberá contar con el apoyo del mandatario, para aspirar al triunfo. Y también es real que el mandatario puede tener filias y fobias.

 

No obstante, Marín Torres es un profesional de la política, conocedor de todos los entretelones del priísimo y, por lo tanto, sabe de la necesidad de postular a un candidato ganador en los comicios del 2010, no solamente para retener la gubernatura, sino para entregar buenas cuentas al PRI nacional manteniendo la mayoría en el Congreso local y el gobierno de la ciudad de Puebla. Esto le garantizaría tranquilidad en el post gobierno y su permanencia en la vida pública.

 

Un aspirante priísta al gobierno débil, rechazado por la sociedad o cuestionado por la misma pondría en peligro el gobierno, la mayoría legislativa y cancelaría la posibilidad de que el partido retenga la llamada “cereza del pastel”; es decir, la ciudad de Puebla, porque el contendiente del partido a la alcaldía tendría que cargar con esa loza y su derrota sería casi segura.

 

Además, quienes propagan la versión del “veto marinista” a Doger Guerrero, desde luego que con la intención de beneficiarse de ella, se olvidan de que la historia reciente y pasada ha demostrado que el gobernador y el ex edil saben llegar a acuerdos y cumplirlos cuando los benefician a ambos.

 

Otro elemento que los zavalistas omiten es que hay hechos que demuestran que la relación de Mario Marín con el ex edil es política e institucional, alejada de los chismes e intrigas que el grupo Z generó, precisamente, para provocar conflictos y distanciamiento entre ambos. 

 



 
 

 

 
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