Debate


Roberto Desachy

 

Una elección de Estado


Una vez que ya comenzó el espectáculo mediático-jurídico-político de la elección federal del 2009, los dirigentes del PRI y PAN sacaron a flote el tema de los comicios de Estado y, desde luego, lo hicieron acusándose mutuamente de promover un proceso desigual, porque – dicen – las estructuras gubernamentales se usarán a favor de los candidatos del tricolor y el blanquiazul.


Lo cierto es que Rafael Micalco y Alejandro Armenta Mier tienen razón: en Puebla habrá una elección totalmente de Estado, en la que el PAN usará los programas federales para inducir el voto a su favor y tratar de revertir la desventaja que arrastra en las encuestas, mientras el PRI ya demostró su intención de usar los bienes gubernamentales con fines políticos, como lo ratificó el grave error en que incurrió Gabriel González Molina al usar la sede del Instituto de Competitividad para tratar de atenuar el perfil de ignorancia y estupidez de la mayoría de los 16 candidatos priístas.


Tricolores y blanquiazules se parecen tanto que cada vez les cuesta más trabajo seguir engañando a la ciudadanía, porque incurren en los mismos vicios y triquiñuelas. Esto se demuestra por el hecho de que el priísmo continúa manejándose como la maquinaria electoral del gobierno.


Como en los tiempos del priísmo más arcáico, el gobernador Mario Marín Torres usó la lista de candidatos del PRI a las diputaciones federales para cumplir los caprichos de su hijo Mario Marín García, que postuló a Francisco Ramos Montaño; de su hermana Julieta, que se autonominó por uno de los distritos más fáciles y de su delfín, Javier López Zavala, que se despachó con la cuchara grande imponiendo a Leobardo García, Juan Carlos Lastiri, Blanca Jiménez y a mucha pipitilla más.


Nada de democracia interna ni de inclusión o consenso practicó el PRI estatal, cuyo dirigente, Alejandro Armenta Mier, fue solamente un convidado de piedra, un instrumento para que el mandatario estatal y sus allegados definieran la lista de candidatos, sin tomar en cuenta – si quiera – si tienen posibilidades de ganar o aceptación social.


Aunque todavía no hay candidatos oficiales en el PAN estatal, todo apunta que este partido que antes de alcanzar el poder se decía abierto a la ciudadanía, democrático internamente e incluyente, copiará al tricolor su “método” de elegir aspirantes mediante la imposición, debido a que será una comisión de burócratas partidistas la que defina las nominaciones.


Nada de asambleas, convenciones o elecciones internas, como durante mucho tiempo practicó el albiazul, que por eso podía jactarse de que sí practicaba cierta democracia interna. Pero ya no: Germán Martínez sigue fungiendo como el “encargado de despacho de Felipe Calderón” en el CEN panista y, siguiendo ese criterio, los consentidos calderónicos y germánicos se quedarán con las nominaciones. 


Cierto: como el panismo todavía no anuncia a sus representantes, se mantiene en posibilidad de lanzar a personas con perfiles menos malos y vulnerables que los priístas, pero esta posibilidad no depende de la democracia interna, sino de las decisiones personales de Felipe Calderón y Germán Martínez.


Como ocurre en el PRI poblano, en el PAN nacional tampoco hay separación de atribuciones, derechos y funciones entre el partido y el gobierno. Rafael Micalco es poco menos que un cero a la izquierda, su incapacidad crónica lo inhabilitó como operador político-electoral.


Y mientras el priísmo local usa las instalaciones del gobierno estatal, para tratar de capacitar a sus candidatos, el panismo promueve las supuestas acciones y programas sociales de la federación para ganar votos y uno de sus íconos, Vicente Fox Quesada, “instruye” a los funcionarios albiazules a dejar sus oficinas, para ganar el voto a favor de su partido.


Este contexto demuestra que, efectivamente, en Puebla habrá una elección de Estado por partida doble: gobierno federal vs administración marinista. Ambos toman decisiones de partido y usan desde ya los recursos oficiales, para inclinar la balanza a su favor. Es seguro que lo seguirán haciendo en lo que resta de los comicios.


La duda que queda es si será realmente una confrontación político- electoral entre dos gobiernos o si se trata de una simple simulación, como parte de la negociación que desde hace tres años hicieron dos personajes que necesitaban autolegitimarse mutuamente porque enfrentaban coyunturas difíciles, uno por el caso Cacho y otro por la cuestionada y fraudulenta contienda presidencial del 2006.

 



 
 

 

 
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