Debate


Roberto Desachy

11/12/2009

Convención de delegados = imposición


Este jueves, cerca de 11 columnistas o articulistas diferentes de prácticamente todos los medios (¿informativos o deformativos?) se desvivieron en halagos, festejos y congratulaciones para Javier López Zavala, aseverando – con razón – que el método de  Convención de Delegados que el Consejo Político Estatal del PRI eligió como método de designación de su candidato al gobierno le allana el camino a la postulación.

 

Lo que ninguno de los supuestos analistas se atrevió a decir es que dicho mecanismo de “convención de delegados” no es más que una imposición, un dedazo mal simulado, con que Mario Marín pretender retener el gobierno otros 6 años a través de quien él cree que le garantiza la concreción de su “marinmato”, pero que en los hechos lo único que asegura es una sonora derrota para el partido en las zonas urbanas del estado.

 

Los artículos 108 y 109 de los estatutos del PRI señalan: Sección 2. De los Consejos Políticos Estatales y del Distrito Federal.

 

Artículo 108. Los Consejos Políticos Estatales y del Distrito Federal son órganos de integración democrática, deliberativos, de dirección colegiada, de carácter permanente, subordinados a sus respectivas asambleas, en los que las fuerzas más significativas del Partido en la entidad serán corresponsables de la planeación, decisión y evaluación política, en los términos de los presentes Estatutos y del reglamento nacional que los rija.

 

Artículo 109. Los Consejos Políticos Estatales y el del Distrito Federal se integrarán con el número de militantes que determine el reglamento nacional, electos democráticamente, respetando el principio de paridad de género y la incorporación de por lo menos la tercera parte de jóvenes.


Sin embargo, el Consejo Político Estatal del PRI que el miércoles fijó el supuesto método de selección de candidato para el 2010 no deliberó antes de tomar esa decisión, tampoco ejecutó asamblea alguna con los seccionales y sus miembros no fueron nunca elegidos democráticamente, como lo demuestra el hecho de que el presidente del partido, Alejandro Armenta Mier, se niega persistentemente a decir quiénes integran este organismo.

 

En consecuencia, el Consejo Político Estatal priísta que determinó el mecanismo de designación del próximo aspirante es tan espurio e ilegítimo como la manera en que se pretende ungir al representante del pretendido continuismo marinista, ya que de los dos métodos que el ex partidazo tiene para elegir a sus aspirantes (elección directa y convención de delegados, artículo 181 de los vapuleados estatutos del partido) el segundo es el más fácilmente manipulable y controlable por quienes manejan al PRI-gobierno.

 

Consecuencias de la imposición marinista

 

Está lista la imposición del delfín marinista como candidato del PRI al gobierno, debido a que es un operador zavalista, Alejandro Armenta Mier, el que hará el listado de quienes integrarán la “convención de delegados” que cumplirá el capricho sucesorio del gobernador.

 

Será la burocracia del PRI-gobierno marinista – disfrazada por el dedo mágico como “convención” - la que decida si su candidato “gana” o no la contienda interna y, en consecuencia, poca o nula objetividad, razonamiento o pluralidad se puede esperar de ese futuro organismo.

 

Ahora bien, el problema mayor para el partido y quien lo maneja no es la ilegitimidad o falta de representatividad de sus órganos internos, sino que estas instancias están por ungir como candidato a un delfín que no le garantiza la victoria al priísmo en las zonas urbanas del estado, donde hasta los voceros zavalistas reconocen que su favorito flaquea y en las que se decide quién gana o pierde una elección constitucional.

 

Porque la estructura que tiene López Zavala es la misma del PRIgobierno y, en consecuencia, cualquiera que postule el tricolor contará con ella, además de que las regiones en las que supuestamente el delfín es fuerte (sierras Norte y Mixteca) son las zonas rurales en las que –otra vez – cualquier aspirante priísta puede ser competitivo.

 

Sin embargo, las debilidades electorales zavalistas - reconocidas hasta por sus mismos analistas y encuestas – son las zonas urbanas de la entidad, donde se concentra el electorado mayoritario, crítico, demandante y, en muchas ocasiones antipriísta, que sufraga más por el candidato que por el partido y, por ende, puede hacer ganar al tricolor o al blanquiazul.

 

En este contexto, la burocracia partidista marinista tendrá que decidir si elige a un candidato que hace que su partido sea competitivo en las zonas urbanas, para así garantizar el triunfo de todo lo que significa el priísmo. O acata ciegamente la línea de Mario Marín y postula a alguien que, por su falta de empatía con los ciudadanos, pone en riesgo la permanencia en el poder de todo el partido.

 

El proceso para concretar en Puebla la alternancia partidista en el poder ya comenzó.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas