Debate


Roberto Desachy

 

Azul pintado de negro


Proclives a un doble lenguaje y a la doble moral que los caracteriza, los panistas y las demás “buenas conciencias” de la derecha, lanzan proclamas encendidas contra la izquierda por su eterno divisionismo, hoy encarnado en la disputa por la dirigencia nacional del PRD y en la reciente anunciada conformación del FAP sin el perredismo.

 

Pero los panistas, en especial los poblanos, deberían primero ver lo que sucede al interior de su partido antes de criticar a los demás, como lo demuestra la cada vez más pública confrontación entre tres ex presidentes estatales del PAN: Francisco Fraile y Eduardo Rivera Pérez vs Ángel Alonso Díaz Caneja.

 

El pasado lunes 17, los medios informaron que Fraile García trató de minimizar los permanentes cuestionamientos de su ex pupilo, Díaz Caneja, contra el actual dirigente estatal del PAN, Rafael Micalco Méndez, al decir que se deben a una aspiración personal: “este gallo quiere maíz y que nos diga cuál maíz quiere”, externó el diputado federal y uno de los referentes importantes del blanquiazul.

 

En el mismo sentido, aunque sin precisar nombres, Eduardo Rivera Pérez señaló ese mismo día que al interior del albiazul se debe privilegiar los intereses del país antes de los personales o de grupo. Incluso, enfatizó que “en muchas ocasiones, en algunos panistas de muchos estados prevalece más el interés personal que el del partido”.

 

Los señalamientos contra Díaz Caneja se deben a su público rompimiento de relaciones políticas con Rafael Micalco y a que lleva mucho tiempo denunciando que la dirigencia estatal tiene cargados los dados de la contienda interna por la candidatura a gobernador. Y lo curioso del asunto es que los tres tienen razón.

 

Me explico. Efectivamente, Díaz Caneja está en lo cierto al denunciar que Micalco Méndez y Bernardo Arrubarena se comportan más como operadores oficiales de un precandidato del PAN a la gubernatura que como dirigentes formales del partido en el estado y municipio.

 

Además, Fraile García y Rivera Pérez carecen de la calidad moral y política necesaria, para convocar a la unidad a favor del partido, debido a que el primero se ha erigido como el “rey de las plurinominales”, gracias a las cuales ha escalado todos los puestos a los que podía aspirar: senador, diputado federal y local, regidor.

 

Incluso, en el 2004, Fraile García y Rivera Pérez – uno como aspirante y el otro como dirigente del partido - manipularon la elección del candidato a gobernador para excluir a Luís Paredes Moctezuma, pese a que el ex alcalde estaba mejor posicionado que el entonces senador y tenía más posibilidades de pelear la gubernatura. 

 

Rivera Pérez se maneja como aspirante a la candidatura a la alcaldía de Puebla en el 2010 y, por lo mismo, no puede decirse que sea desinteresada o imparcial su actuación en el conflicto interno. Tampoco puede olvidarse que, cuando fue presidente estatal del partido, durante la contienda local del 2004, su mala actuación en la selección de candidatos contribuyó a que el panismo perdiera posiciones importantes, como la ciudad de Puebla, entre otras.    

 

Pero Fraile García y Rivera Pérez también están en lo cierto al enfatizar que su correligionario está enfrentado con la burocracia panista no por una cuestión de principios o de respeto a la militancia del partido, sino porque no lo apoya a él, ya que el propio senador por Hidalgo se encargó de manipular muchas convenciones para elegir candidatos cuando fue dirigente en la ciudad y la entidad.

 

En aquél tiempo, el grupo Renovación (encabezado por Ricardo Villa Escalera, los hermanos Vera Arenas y Héctor Montiel, entre otros) denunciaron la exclusión y las trampas que les hacían Díaz Caneja y sus “operadores electorales” internos, como Fernando López Rojas. 

 

Fue Díaz Caneja quien en 1995 le cerró la puerta del PAN a Eduardo García Suárez como precandidato a la alcaldía. También se dedicó a “tirotear” la primera gestión municipal panista en la ciudad de Puebla- encabezada por Gabriel Hinojosa Rivero - y no dejó que Jesús Encinas Meneses ganara la dirigencia municipal del partido, debido a que su grupo operó para que se quedara con ella un miembro de las familias custodias, Pablo Rodríguez Regordosa.  

 

Elementos

 

El reportaje principal de la revista Proceso de la semana pasada y las constantes denuncias contra el titular de la SSP federal y sus allegados demuestran claramente que la supuesta guerra calderonista contra el narcotráfico no es más que una simulación, una pantomima para tratar de engañar a los norteamericanos, como lo deja en claro el hecho de que Felipe Calderón Hinojosa tenga oídos sordos a las múltiples quejas de sectores sociales importantes, como el ejército y la iglesia católica, de que su secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, estaría vinculado con el cártel de los hermanos Beltrán Leyva.

 

Esta simulación resulta verdaderamente criminal, porque miles de policías, militares y civiles han muerto por esa supuesta guerra, lo que implica que sus fallecimientos son inútiles o, en el peor de los casos, parte de la estrategia de Genaro García Luna para fortalecer al cártel de los Beltrán Leyva.

 

Además, de manera paulatina las encuestas comienzan a reflejar que la gestión calderonista tiende a erigirse como un lastre para el PAN nacional de cara a las elecciones del año entrante. Así lo refleja el estudio de opinión que publicó la semana anterior “El Universal”, que da a conocer que en el trimestre anterior bajó 3 por ciento (de 60 a 57 por ciento) la aprobación ciudadana a Felipe Calderón y, por el contrario, subió 5 por ciento la desaprobación (de 26 a 31por ciento).

 

Aclaración

 

Fuentes municipales muy confiables afirmaron a Debate que el tesorero Javier Ramírez Carranza está concentrado exclusivamente en sus funciones en el ayuntamiento de Puebla y no tiene interés alguno en ser candidato o en trabajar en un proyecto político personal o de grupo. También señalaron que este cercano colaborador de la presidenta Blanca Alcalá se mantiene alejado de personajes perseguidos por la ley o conflictivos, como Edgar Bayardo y Omar Álvarez Arronte.

 



 
 

 

 
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