Debate


Roberto Desachy

26/05/2009

Las razones de la caída libre del PRI


Las encuestas del Buró de Estrategias y Análisis del Poder (BEAP) que este lunes difundió el respetado analista político Rodolfo Rivera Pacheco confirman lo que el dirigente estatal del PRI, Alejandro Armenta Mier, demostró la semana pasada, cuando acusó que en las filas priístas supuestamente hay traidores: que el priísmo va en caída libre y que empieza a cundir la desesperación en su interior.

 

Esta desesperación por lo que puede ser una severa derrota el próximo 5 de julio afectará, sobre todo, a quienes pregonaban que un eventual triunfo priísta en este 2009 demostraría que la estructura del PRI-gobierno en Puebla era (o es) lo suficientemente fuerte, como para vencer al calderonismo panista en la contienda federal e imponer al candidato a la gubernatura en el 2010.

 

De hecho, hace pocos meses, cuando las encuestas demostraban que a nivel nacional y en el estado el priísmo llevaba una cómoda ventaja, muchos columnistas cercanos a la administración de Mario Marín Torres dijeron abiertamente que si el PRI gana en este 2009, nada y nadie le impedirá implantar a su sucesor.

 

Entonces, lo que le preocupa a Alejandro Armenta Mier no es solamente hilvanar su segunda derrota seguida como dirigente estatal del partidazo, sino que un descalabro en la elección federal le resta margen de maniobra a Marín Torres para imponer a su sucesor.

 

Lo cierto es que era aventurado que el zavalismo pregonara que una victoria en este 2009 le daba en automático la postulación para el 2010 y también lo es que –si se concreta la derrota priísta el siguiente 5 de julio-, el antizavalismo presuma que su adversario quedó derrotado.

 

Quizá el primer error grave al interior del grupo que hoy detenta el poder en la entidad fue mezclar la disputa de este año con la del próximo y no dejar que primero se definiera la contienda federal, para después meterse de lleno a la carrera sucesoria, pese a que entre la primera y la segunda habrá más de un año de distancia y a que las circunstancias políticas y socioeconómicos en que actualmente se desarrolla la elección legislativa no serán las mismas que prevalecerán a partir de enero o febrero del 2010.

 

Pero la imposición de los dirigentes y candidatos del PRI para esta contienda federal no tuvo como base la necesidad o el deseo de ganar el 5 de julio, sino que se efectuó pensando en la elección estatal del año entrante y, por ello, los grupos de López Zavala, Mario Montero Serrano, Jorge Estefan Chidiac, Jesús Morales, Enrique Doger Guerrero, Blanca Alcalá Ruiz y Alberto Amador Leal se disputaron las nominaciones, que les permitirían – según ellos – mandar a San Lázaro a un grupo de incondicionales que les allanaría el acceso a las esferas de la política nacional.

 

Entonces, el primer error en el PRI-gobierno fue mezclar la elección federal con la estatal, creyendo que ya tenía ganada la disputa por las 16 diputaciones federales y cayendo en un grave exceso de confianza. Muchos priístas pensaron que como habían ganado en el 2007 y el partido llevaba a nivel nacional una inercia ganadora, esta tendencia se repetiría en automático, lo que está siendo desmentido por la realidad.

 

Más razones del desplome

 

Otro yerro grave es que en el CEN del partido no hay interés alguno en ganar, porque Beatriz Paredes Rangel y varios de sus colaboradores solamente obtendrán una curul  federal si el tricolor es derrotado en varios distritos. Me explico: si el priismo ganara


las 300 demarcaciones electorales, ninguno de sus plurinominales llegaría a San Lázaro y quedarían fuera de ahí la propia lideresa del partido, César Augusto Santiago y muchos miembros más de la dirigencia nacional anotados en la lista de plurinominales.

 

En contraste, el dirigente nacional del PAN, Germán Martínez Cázares, está haciendo campaña por su partido en todo el país, no se autoincluyó en el listado de plurinominales y quiere ganar, porque sabe que para eso lo impuso ahí su jefe Felipe Calderón Hinojosa y también está conciente de que sus bonos políticos personales se elevarán sustancialmente con sólo evitar que el PRI tenga mayoría calificada en la cámara de diputados.

 

Entonces, mientras el PAN sostiene en todo el país una campaña negra vs el PRI para ganar, la dirigencia nacional priísta se mantiene alejada de la contienda y se niega a aprovechar los malos resultados del gobierno calderonista, para lucrar electoralmente con ellos.

 

Pero la culpa de una posible derrota priísta no es toda del CEN, sino que también hay factores locales que han permitido el desplome del partido. Uno de los más notorios es la mala selección de candidatos, ya que se permitió la imposición de personajes cuyo único mérito político fue ser incondicionales a algún personaje cercano al gobernador, pero sin trayectoria política, simpatía social ni poder de convocatoria.

 

Además, la lista de candidatos del PRI no fue producto del consenso o la conciliación entre los diferentes grupos que integran el partido en Puebla, sino de la imposición del sector más poderoso sobre los demás. Incluso, ni Armenta Mier ni Mario Montero Serrano u otros personajes se preocuparon por acercarse a los precandidatos perdedores y conciliar con ellos, sino que los excluyeron y trataron con gran soberbia y desprecio.

 

Es cierto que la dirigencia nacional del tricolor es la principal culpable de que no levanta la campaña del partido, sobre todo tratándose de una elección federal, pero Armenta Mier y el resto de los representantes estatales del partido no han sabido afrontar el entorno adverso y tampoco logran sacar al priísmo poblano de la inercia perdedora de todo el país.

 

Armenta Mier ha mantenido una actitud mucho más activa, contestataria y participativa que Paredes Rangel, pero no ha logrado que en la ciudadanía prevalezca la percepción de que el calderonismo es un fracaso en términos socioeconómicos.

 

La estructura del partido, ¿la gran mentira?

 

Otro gravísimo error del PRI-gobierno es haber dejado en manos de la llamada “estructura” del partido el resultado del 5 de julio, debido a que se pensó que sería una disputa de estructuras (la federación vs el estado) y que, por ello, no importaba quiénes fueran los aspirantes o qué tipo de campaña realizaban.

 

Y, efectivamente, el elevado abstencionismo que prevalecerá en esta disputa intermedia hará que el voto cautivo o las estructuras de los dos principales partidos jueguen papeles importantes en el resultado de la elección. Sin embargo, hasta en Puebla prevalece un entorno político competido y existe un importante segmento de la ciudadanía que sí está dispuesto a votar y lo hará por el candidato menos malo o el que menos desconfianza  le inspire.

 

En este contexto y, si se confirman las derrotas priístas en varios distritos de la entidad, incluyendo los de la capital, quedará claro que no bastan la estructura y los poderes fácticos para ganar una elección competida, sino que, además de movilizar al voto duro, es necesario nominar a aspirantes ganadores y efectuar campañas que penetren en la ciudadanía.

 



 
 

 

 
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