Desde la Izquierda


Miguel Ángel de la Rosa Esparza


12/11/2010


El OFS mete la manos en el Colegio de Contadores Públicos del Estado de Puebla


La elección para el cambio de la dirigencia en el Colegio de Contadores Públicos del Estado de Puebla (CCPEP) resulta ser algo más que un simple cambio estatutario de la dirección de un colegio de profesionistas, pues históricamente esta agrupación ha sido el cobijo de al menos dos generaciones de contadores que utilizan la agrupación para obtener beneficios en lo particular. Pero vayamos por partes. En primer lugar las leyes federales y locales obligan a los contadores públicos a pertenecer a un colegio federado para estar en posibilidad de realizar la actividad profesional de auditor tanto de empresas privadas como de entidades públicas o gobiernos federales, estatales o municipales, por lo que al menos en México las leyes obligan a los sujetos en revisión a contratar los servicios de un auditor independiente y colegiado para verificar el buen manejo de las finanzas.


Es aquí donde está el problema en la revisión de las cuentas públicas, pues en Puebla esta actividad ha sido controlada solo por un grupo de contadores que se despacha a su antojo con las cuentas que pagan los mejores honorarios, como el Gobierno de estado de Puebla o los municipios grandes como la capital. Se acuerda un pacto de no agresión con los sujetos revisados, independientemente de lo que se encuentre en las finanzas del auditado, por lo que en lugar de ser una revisión como lo obligan las leyes se convierte en solo una acción para cubrir un requisito, de manera que solo algunos de los auditores beneficiados por este colegio se vuelven comparsa de los funcionarios y su opinión es previamente acordada con el gobernador, secretario, presidente o director responsable.


Esta agrupación también es determinante para la designación del auditor superior del Órgano de Fiscalización Superior del Congreso del estado que, como todos sabemos, es el garrote político que utiliza Mario Marín para controlar a los municipios de la oposición, quienes deben cuadrarse o sus cuentas no pasan, o a algún funcionario que se salga del guacal y entonces viene la maldición de que sus cuentas no se aprueben.


Así, el OFS se ha vuelto una secretaría más a las órdenes de Marín. Cuando existe el deseo de cambiar para mejorar al Colegio de Contadores Públicos del Estado de Puebla, al que pertenecen 525 socios, viene la censura de los beneficiarios del colegio, quienes acusan a estos profesionales de atentar contra el código de ética profesional y contra la institución. Ellos mueven al Código y a la institución como les conviene, con el fin de disciplinar a los inconformes, y luego los borran de las listas de los que tendrán algún trabajo de auditoría de cuentas públicas hasta que se aplaquen.


Hoy habrá elección y compiten Jerónimo Omaña de la Cuadra, actual auditor del Gobierno del estado de Puebla, apoyado por el auditor superior del OFS, Víctor Manuel Hernández Quintana, el hombre de los últimos escándalos en el gobierno de Marín, y que representa a los beneficiarios del colegio. Por otro lado, la oposición que encabeza Maximino Castillo López con un grupo de contadores que quieren el cambio para terminar de una vez por todas con todas estas pruebas de corrupción.

 

Se espera un cómputo cerrado y una elección donde la gente de Omaña y Hernández Quintana empleen todas las mañas electoreras del PRI. El resultado está de pronóstico reservado, porque por primera vez hay riesgo de judicializar el proceso o que se presente una escisión. De manera que en la elección del día de hoy se juega más que el simple cambio de dirigencia de un colegio de profesionistas. Sin duda.

 



 
 

 

 
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