DIÁLOGOS EN EL INFIERNO


José Zenteno


08/12/2011


UN PROYECTO COPADO DE SOBERBIA


Existen lecciones en la historia política reciente que son dignas de tomar en cuenta a la hora de evaluar los recientes errores de Enrique Peña Nieto, precandidato único del PRI a la Presidencia de la República.


Recuerdo el célebre caso de los 17 puntos de ventaja que tenía Javier López Zavala sobre el hoy gobernador del estado, Rafael Moreno Valle. El equipo del entonces candidato se dedicó a repartir el gabinete, los cargos en mandos medios, el congreso, los ayuntamientos, regidurías. La lógica que imperó no fue la de colocar a los mejores candidatos sino la de poner a los incondicionales del régimen. Muchos de los buenos candidatos que no fueron tomados en cuenta en el PRI optaron por ayudar o incluso participar bajo las siglas de la oposición. El resultado ya lo conocemos.


También recuerdo el caso de un Andrés Manuel López Obrador en el 2006 que estuvo a la cabeza de las preferencias durante los primeros meses de ese año. Algunas encuestas le daban hasta 15 puntos por encima del candidato del PAN, Felipe Calderón. El equipo del candidato se sentía en el poder, dejó de hacer lo que debía para conservar la ventaja y ganar las elecciones. El propio López Obrador se tardó en reaccionar cuando las encuestas avisaban que el panista lo había alcanzado, perdió valiosas semanas que ya no pudieron recuperarse y la elección se le complicó.


Hace 12 años Francisco Labastida traía 20 puntos de ventaja sobre Vicente Fox. El aparato del entonces candidato del PRI actuaba con soberbia y exceso de confianza. Evitaron calcular los efectos de sus mensajes, subestimaron la propensión de la gente a cambiar sus preferencias y apostaron todo por una estructura electoral que al final resultó insuficiente para ganar las elecciones.


Hoy la víctima de la soberbia es Enrique Peña Nieto. Las decisiones que ha tomado durante las últimas semanas dan cuenta de un hombre que ha perdido el sentido común. Le entregó posiciones estratégicas a los verdes y a los maestros, sin garantías de que su alianza sirva para llevarle más votos e incluso de que el pacto se mantenga vigente hasta el día de las elecciones. Lo cierto es que la alianza creó división y descontento entre las filas de los priistas, quienes hoy están siendo seducidos por el equipo de López Obrador para que los buenos candidatos compitan con las siglas de la izquierda ¿Cómo para qué? ¿En verdad cree que por ser él los priistas se van a disciplinar y se mantendrán fieles a su majestad?


Y para terminar de complicar el panorama ocurrió el desliz de la Feria del Libro, aderezado por un comentario desafortunado de la propia hija del candidato. Estos dos eventos son fiel reflejo de lo que ocurre alrededor de Enrique Peña. En su equipo alguien olvidó preparar la respuesta a una pregunta obvia en la presentación de un libro, y bueno, ante la presión de las cámaras y quizá la escasa propensión a la lectura, ocasionó que el candidato apareciera como lo que nadie en su condición quisiera aparecer. Este fue un error del equipo y también del propio Peña Nieto, quienes comienzan a dejar de atender lo importante pensando que ya ganaron cuando aún quedan varios meses, los más difíciles.


Lo dicho por Paulina Nieto en su cuenta de Twitter es todavía más grave. Sin dejar de ver que se trata de una adolescente y que en esa edad no se le puede exigir cordura a nadie, su comentario exhibe que en la familia Peña subyace un desprecio por la gente común, quizá ocasionado porque han vivido en el poder, rodeados de lujo y gente bonita. Sin embargo, yo pregunto ¿qué nadie les dio instrucciones a los hijos del candidato de no utilizar las redes sociales para comunicarse y mucho menos para opinar sobre cuestiones políticas? Otro descuido ocasionado por la soberbia del poder.


La buena noticia para el precandidato del PRI es que los errores ocurrieron en diciembre de 2011 y no en marzo de 2012. Las fiestas navideñas y quizá el bono que la gente le otorga al mexiquense puedan servirle para que este golpe no resulte devastador. Queda tiempo para corregir y para difundir a un Peña Nieto en imágenes de cercanía con la “prole”. Sin embargo, lo que más urge es poner orden y perspectiva al interior del equipo de campaña, tomar medidas para conservar la unidad en el PRI y definir una estrategia de comunicación que destaque las fortalezas y disminuya la exposición de los flancos débiles del candidato.

 

Por nuestra parte, estamos buscando patrocinadores para una encuesta en la que podamos medir los efectos inmediatos del más reciente “error de diciembre”. Creemos que es interesante saber si Peña Nieto perdió puntos entre los electores de la capital poblana, cuál de sus adversarios capitalizó esos puntos, en qué segmentos del electorado se verificaron los movimientos en las preferencias y si hubo efecto en los electores que no utilizan internet, entre otras variables que nos ayuden a profundizar el conocimiento del comportamiento electoral de los poblanos. Estamos abiertos a escuchar propuestas y si nadie le entra, pues tendremos que levantar la encuesta con nuestros propios recursos, aunque sea una muestra más modesta. Ya estaremos comentando los resultados.

 



 
 

 

 
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