DIÁLOGOS EN EL INFIERNO


José Zenteno


20/01/2012


El dilema real de las familias mexicanas y los motivadores del voto


La oferta de cambio ha sido la principal promesa de los políticos en campaña. El discurso del cambio no es una ocurrencia genial de algún publicista, todo lo contrario, está fundamentado en una expectativa real de los mexicanos que en cada elección aspiran a seleccionar, ahora sí, a nuevas autoridades que logren transformar su difícil realidad. El cambio como aspiración subyacente en el imaginario colectivo aparece en los estudios de opinión que hacemos para el diseño de las campañas. Las sesiones de grupos de enfoque y las encuestas “base” que normalmente nunca se publican, demuestran que la demanda de cambio es el motivador de voto más poderoso y también el más engañoso.


Hagamos memoria y encontraremos que allá por 1994 el lema de campaña de Luís Donaldo Colosio fue “Cambio con rumbo y responsabilidad”. En el 2000 Vicente Fox ofreció “El cambio que te conviene”. El PAN del 2003 le pidió a los mexicanos “Quitarle el freno al cambio”. Hoy el movimiento de Andrés Manuel López Obrador asegura que “El verdadero cambio está por venir”. También hay ofertas de campaña que hacen referencia al cambio de manera implícita. Por ejemplo, la campaña del PRI en Puebla en el 2007 aseguraba que “Para salir adelante” había que votar por sus candidatos. Este mensaje buscaba conectar con la segunda parte del anhelo de cambio que es la de mejorar, porque nadie quiere cambiar para estar peor, por lo tanto y en el contexto de la elección previa -la del 2006- en que el PAN ganó la capital y por primer vez el estado de Puebla, el PRI ofreció que para salir adelante y hacer que las mejoras fuesen realidad, había que volver a votar por ellos.


Las elecciones del 2012 no tienen porqué ser diferentes en cuanto al principal motivador del voto; el tan llevado y traído cambio. Ahora bien, yo me pregunto si el cambio del 2000 significa lo mismo al anhelo que tenemos los mexicanos dos sexenios después. En muchos aspectos las condiciones se mantienen igual de mal o incluso han empeorado, por lo que podría pensarse que el cambio tiene la misma significación que antes. Pero hay cuestiones que ya no son tan importantes, por ejemplo, la idea de sacar al PRI del poder; al llevar dos sexenios fuera del gobierno federal esa ya no es una aspiración colectiva, ni siquiera la de impedir que regrese. El cambio del 2012 tiene nuevos ingredientes; la inseguridad, el enfrentamiento social, la guerra contra la delincuencia organizada y el empobrecimiento de amplios segmentos de las poblaciones urbanas, ya que antes el fenómeno de la pobreza se presentaba con mucho mayor énfasis en las zonas rurales.


Veamos algunos datos económicos. La última Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2010 -ENIGN- publicada por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática -INEGI-, explica con mucha claridad cuál es el drama en que viven millones de familias en nuestro país. El ingreso corriente total de los hogares disminuyó 6.8 por ciento en términos reales con respecto a 2008. El ingreso monetario decreció 8.2 por ciento y el no monetario en 1.0 por ciento en el periodo 2008 - 2010. El ingreso corriente promedio por hogar se ubicó en 34 mil 936 pesos trimestrales, que representa una disminución de 12.3 por ciento, a precios constantes del 2010, con respecto a 2008.


El gasto corriente total promedio por hogar se situó en 30 mil 596 pesos trimestrales, mientras que en 2008 fue de 31 mil 809 pesos; lo que representa una caída de 3.8 por ciento. Los rubros a los que el promedio de los hogares destinan un mayor porcentaje de gasto son: alimentos, bebidas y tabaco con 33.4 por ciento;  transporte y comunicación con 17.2 por ciento; educación y esparcimiento con 13.6 por ciento. Sin embargo, existen grandes diferencias por deciles de hogares: el 10 por ciento de los hogares con menores ingresos dedican el 49.9 por ciento de su gasto a alimentos, bebidas y tabaco, mientras que el decil de más altos ingresos dedica solo el 22.9 por ciento. El 10 por ciento de los hogares con más altos ingresos dedica 19.5 por ciento a educación y esparcimiento, mientras que el 10 por ciento de los hogares de menores ingresos solo puede dedicar a este concepto solo el 5.4 por ciento.


Destaca que el indicador de desigualdad mejoró entre 2008 y 2010 donde aparentemente se redujo la brecha entre los hogares más ricos y los más pobres, al pasar el coeficiente de Gini de 0.456 en 2008 a 0.435 en 2010 (mientras este coeficiente se acerque más a cero significa que la riqueza está mejor distribuida, al tender más a uno la riqueza está más concentrada). Este cambio en el Coeficiente de Gini se presenta no porque subiera el ingreso de los hogares más pobres, sino porque bajó más el ingreso de los hogares más ricos. Lo anterior da cuenta de un empobrecimiento generalizado con mayor énfasis en los hogares de más altos ingresos. En conclusión, la economía ya no es funcional para nadie, ni siquiera para los segmentos de más altos ingresos.


Ahora veamos datos oficiales sobre la percepción de la inseguridad. La Encuesta Continua sobre la Percepción de la Seguridad Pública (ECOSEP), publicada también por el INEGI, indica que en diciembre de 2011 el 58.8 por ciento de los mexicanos se sentía más o mucho más inseguro que 12 meses antes. Este indicador creció 3.6 puntos porcentuales con respecto al mes de enero del mismo año. La percepción de los que se siente más o mucho más seguros con respecto a hace 12 meses también se incrementó en 3 puntos porcentuales con respecto a enero de 2011 para ubicarse en 11.2 por ciento de la población.


Según datos de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, 2011, publicada por el INEGI, entre marzo y abril de 2011 el 69.5 por ciento de los mexicanos mayores de 18 años de edad percibían como insegura a la entidad federativa donde residían, frente a un 28.3 por ciento que la percibía segura. Ello se explica porque el crecimiento de las víctimas del delito creció dramáticamente entre 2009 y 2010 según la encuesta antes mencionada y la Encuesta Nacional sobre Inseguridad 2010, también publicada por INEGI. En el año 2009, el 10.1 por ciento de la población mayor de 18 años se dijo víctima de algún delito, mientras que en 2010 la proporción de víctimas en el mismo segmento se ubicó en 24 por ciento, lo que se traduce en un incremento de 13.9 por ciento en la incidencia delictiva en solo un año al pasar de 7.2 a 17.8 millones de víctimas de algún delito. Sin duda, la política de seguridad en el país tampoco está funcionando.

 

Los números son fríos y provocan escalofríos para quienes los leemos con atención. El dilema de las familias mexicanas en el 2012 es mucho peor que nunca en la historia reciente del país. Vivimos una crisis de expectativas muy profunda que pone en jaque a las instituciones sociales y políticas. La gente quiere volver a tener certezas; saber que el futuro inmediato no los acecha y que sus familiares regresarán sin ser caer víctimas de la delincuencia, que en el futuro mediato sus hijos podrán estudiar, encontrar trabajo y tener una vida feliz. Sin duda, la divisa del cambio será fundamental para ganar en estas elecciones presidenciales, pero esta vez, a diferencia de las anteriores, el cambio debe ser real, profundo y hasta doloroso, de lo contrario la gente no resistirá otro engaño.

 



 
 

 

 
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