DIÁLOGOS EN EL INFIERNO


José Zenteno


30/07/2012


El papel de las encuestas en el 2012


El proceso electoral del 2012 en México resultó sumamente desafortunado para algunas compañías encuestadoras y los medios que difundieron sus estudios de opinión. Los resultados de la elección de presidente de la República demostraron que las casas encuestadoras con “prestigio” daban cuenta de preferencias electorales inexactas y con un sesgo favorable al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto.

 

Aquí les presento un cuadro con los resultados de las últimas encuestas publicadas por 10 casas encuestadoras comparadas con los resultados oficiales extraídos de la página electrónica del IFE.

 

 

Hay varias conclusiones técnicas interesantes. Solo dos empresas consiguieron resultados dentro del margen de error de sus muestras. La primera, es decir la encuesta de Ipsos-Bimsa, reportó una diferencia entre el primer y segundo lugar de 7 puntos, y el resultado oficial fue de 6.2, esto la coloca como la más precisa de las encuestas publicadas. Un dato interesante de esta encuesta es que fue la más antigua de todas, ya que se terminó de levantar el 19 de junio, mientras que la mayoría reportó haberse terminado de levantar el 24 del miso mes.


María de las Heras también hizo un buen trabajo que la vuelve a colocar entre las mejores encuestadoras del país, pues sus datos resultaron dentro del margen de error al compararse con los resultados oficiales.


La precisión conseguida por Ipsos-Bimsa y María de las Heras a nivel nacional y por otras encuestadoras locales como Mas Data, demuestra que las encuestas electorales si pueden ser instrumentos de medición confiables y que en las elecciones no ocurren “efectos imprevistos” que alteran significativamente el resultado con respecto a lo obtenido en encuestas, desde luego bien hechas. En mi opinión como profesional de la investigación, los errores tan grandes y repetidos de las encuestadoras no pueden explicarse por fallas técnicas.


Ocurre de vez en cuando que una encuesta sale mal por varias circunstancias que los encuestadores conocemos. Pero en este proceso electoral fueron muchas más las encuestas que salieron mal de las que salieron bien. Esta circunstancia nos lleva a sospechar que a partir de mayo la mayoría de las encuestas publicadas durante la campaña presentaron errores, imprecisión y sesgos como parte de una estrategia para crear una percepción que no coincidía con la realidad. La percepción de que Enrique Peña Nieto era inalcanzable y de que su ventaja se mantenía inalterada.


Esta percepción se creó con la colaboración de muchas e importantes casas encuestadoras y medios de comunicación que difundieron la versión del candidato imbatible. A la luz de los resultados no hay la menor duda de que así ocurrió. Lo que nunca podrá probarse es el efecto que esta percepción tuvo en las preferencias de los electores. Porque una cosa es creer que un candidato lleva la delantera y otra es querer votar por ese candidato.


Lo que sí puedo afirmar es que en Puebla no hubo voto útil, pese a que ganó Andrés Manuel López Obrador el estado y sobre todo la zona metropolitana de la capital. La percepción creada por las encuestas nacionales fue uno de los factores que inhibió la migración de votantes panistas a favor de la izquierda, e incluso pudimos observar un ligero repunte de Josefina Vázquez Mota hacia el último mes de la campaña. El trabajo de las encuestas y los medios nacionales fue evitar que se consolidara el antipriismo como forma de voto útil, ya que los electores no pudieron percibir que era posible evitar el triunfo de Peña Nieto si votaban por López Obrador.


También se debe reconocer que hubo otros factores que evitaron el voto útil, como el rechazo que el propio candidato de la izquierda genera entre algunos segmentos del electorado, las campañas mediáticas orquestadas en su contra por el PAN y el PRI, así como su incapacidad de publicar otros resultados de encuestas que crearan una duda razonable en el electorado. La multiplicidad de factores que siempre interactúan en una campaña electoral hace muy difícil, casi imposible, que se pueda aislar y medir objetivamente sus efectos en el resultado de una elección.


Una cosa es cierta. Los candidatos sabían exactamente como estaba el escenario electoral, tenían información proporcionada por las mismas firmas encuestadoras y por otras (que curiosamente nunca publicaron sus encuestas como Mendoza Blanco y Asociados), y jugaron en la campaña de acuerdo a sus respectivos intereses. No fue correcto, desde una perspectiva ética, a lo que se prestaron algunas firmas, pero como decía algún célebre presidente de México “en política la moral es un árbol que da moras”, y tal parece que en nuestro sistema político no se premia el profesionalismo ni la capacidad técnica, sino la complicidad y la armonía con el interés creado.

 

En la democracia como en la vida siempre hay que ver al futuro y hacer lo posible porque sea mejor. Creo que una buena manera de prevenir que encuestas sesgadas sean utilizadas como instrumentos de propaganda política, es hacerles pagar el costo en credibilidad. Habría que obligar a que los medios que las difundieron utilicen el mismo espacio y tiempo para reportar la exactitud del resultado. Otra forma es crear un índice de precisión y calidad de la información proporcionada por las empresas encuestadoras, lo que alertaría a medios de comunicación y a los electores de la calidad de los datos de cada firma. En fin, ya habrá tiempo para discutir estos temas.

 

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