Los Conjurados


Erika Rivero Almazán

 

Alcalá, la supervivencia


Era la Blanca Alcalá de hace 10 meses, la subsecretaria de Sedesol, cuyo nombre sonaba y sonaba para la candidatura, pero nadie se atrevía a aportar:


“¿Cuál es tu diagnóstico de la ciudad de Puebla?


A Puebla le ha faltado equilibrio, sí, el que se alcanza cuando sumas una visión ambiciosa urbanista: grandes ejes, vialidades, puentes, pasos a desnivel, si, pero coordinados con un proyecto igual de ambicioso para sacar adelante aquellas colonias del sur, de tan bonitos nombres (Paraíso, Castillo, etc.) pero con lodazales por calles, sin agua.


La Puebla de los contrastes debe irse desdibujando.


Debe, si queremos crecer.


El trabajo de un ayuntamiento es propiciar condiciones para el desarrollo de su gente, y los políticos necesitamos retomar la responsabilidad para diferenciar lo posible de lo deseable: que haya más empleos no depende de los gobernantes, incluido el propio presidente municipal.


Lo deseable es que haya mayor oferta de empleos, lo posible es que un ayuntamiento se pregunte qué podemos hacer para crear las condiciones para crear ese clima pro-empleo, pero nada más. (Cambio Abril 19 2007)


Ahora, Blanca Alcalá será presidenta municipal de Puebla, la primera.


Y tiene dos preocupaciones para el arranque de lo que será su administración: la conformación de su equipo y el inmediato aterrizaje de sus proyectos urbanos y sociales. La queja eterna de todos los alcaldes es que tres años son insuficientes para concretar un proyecto de ciudad.


Tomó como posible modelo de aplicación para la Angelópolis una de sus ciudades preferidas: la ciudad de Curitiva, Brasil, como ejemplo a seguir en términos de desarrollo urbano, control del crecimiento de la mancha urbana, rediseño de ejes viales, sistema de transporte en la ciudad y foráneo.


No es un secreto que el discreto movimiento de Alcalá para seleccionar a su gabinete consistió en elegir a personas profesionales y experimentadas en puestos de primero, pero también de segundo nivel. Como buena negociadora política que es, sabe cumplir los pactos entre los grupos de su partido, y que algunos puestos servirán sólo de pantalla, por eso urgió de perfiles con posibilidades reales para sacar adelante proyectos con lealtad, aún bajo presión.


Gracias a esas dos preocupaciones, Alcalá logró garantizan la supervivencia entre el canibalismo de su partido.


Es decir, lo que en apariencia pudiera ser su debilidad, es en realidad su fortaleza: no tiene grupo ni aspira a la gubernatura.


La alcaldesa llega sola, sin grupo: no hay un ‘alcalismo’ en el PRI, es por eso que se le facilita negociar. Hasta le fue posible con todos quedar bien, característica poco vista en las relaciones políticas de esta ciudad: los excalcaldes Gabriel Hinojosa llegó al grado de romper con la estructura original del PAN, patrón que repitió Luis Paredes, mientras que Rafael Cañedo y Mario Marín lograron imponer un sello único: o era su gente o no era nadie.


El caso de Blanca es diferente.


Ella necesita de todos, y aceptará la colaboración de todos.


Bueno, casi todos, pues según sus propias declaraciones, ya quedó claro que no quiere saber nada de los dogeristas. De ahí en adelante veremos a melquiadistas, bartlistas, marinistas, agüeristas, convivir como en miscelánea.


Blanca Alcalá tiene claro el concepto de ciudad que quiere: tantos cursos en el extranjero (incluyendo en Curitiva), tanta preparación, tanto añorar una posición que se le presentaba inalcanzable, a la larga, sirvieron de mucho.


Y algo le queda claro a la Alcalá política: sólo buscara la alcaldía, y nada más. Ya le dijo no rotundo a la gubernatura.


No es pose, no es disimulo.


Y eso hace descansar al resto de los priístas: una menos en la contienda adelantada para la gubernatura.


Es decir, Alcalá no significa peligroso ni competencia.


Por eso su arranque será terso, fácil.


Lo más complicado ya pasó: negociar con los grupos antagónicos.


El resto, al menos el arranque, será cuchillo en mantequilla.




 
 

 

 
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