Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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02/01/2011


Blanca y su stalker



Ay Blanca.


Seguramente fue el vestido rojo.


O la luz de sus ojos por la felicidad de mantener la primera posición al Senado.


No lo sé.


Tampoco Yonadab Cabrera lo sabe.


Pero él aprovechó cada minuto de la exalcaldelsa.


Cada minuto.


Cada foto.


Cada palabra.


Pobre Blanquita.


Su único pecado fue haber estado en el mismo lugar y a la misma hora que él.


Su error, abrazarlo cada una de las ocho veces que él lo pidió.


El mío ser testigo de cada una de las escenas de ambos personajes.




La exalcaldesa estaba dando su quinta entrevista “banquetera” de la mañana.


Los mismos temas: Javier López Zavala, la Senaduría y la cuenta pública pendiente en el Órgano de Fiscalización Superior.


Ella, asediada por los medios y por algunos comensales del Camino Real.


Él, arrinconado en una sala del hotel jugando “Angry Birds” en su iPad, con poco talento, por cierto.


Blanca no podía dar un paso sin detenerse para agendar una reunión, una entrevista, un cafecito o para reclamar algún comentario en la prensa.


Ya no me digas Bla-Blanquita, fue el reproche que me tocó.


Y no terminaba un tema cuando otro grupo de reporteros llegó a hablar con la priista.


La exalcaldesa estaba en su quinta entrevista del día, cuando él abandonó su iPad y se acercó a la bulla.


Observó la escena.


Se puso de puntitas y sonrió sobre la cabeza de Blanca Alcalá.


Al ver que nadie le hacía caso, comenzó a caminar en círculos a metro y medio de la virtual candidata al Senado.


Se acercó, pero Alcalá continuaba con la entrevista.


Se alejó otra vez.


Caminó en círculos, nuevamente, con los brazos cruzados en la espalda.


Blanca seguía hablando.


Él, lucía impaciente.


Los reporteros apagaron la grabadora.


De un solo brinco un tanto torpe, él llegó hasta Blanquita.


—¡Blanca, caray, qué gusto verte! Vengo a tomarme una foto contigo, con mi amiga Blanca…
—¿Otra? Mmm… este… sí, claro…— soltó la virtual candidata al Senado.
—Sí, mi querida amiga Blanca…
—Pero si nos hemos visto toda la mañana— espetó, rendida la priista.
—Jajaja, qué divertida.


Él, otra vez, posó y posó para las cámaras.


Feliz.


Ante las cámaras con su sonrisa rara.


Blanca, ya impaciente, se dio la vuelta y siguió su tour por las mesas del Camino Real.




Antes de las nueve de la mañana, Blanca Alcalá se topó a su virtual contrincante por el Senado, Javier Lozano Alarcón.


El exsecretario federal del Trabajo se le acercó a Blanquita —al menos— ocho veces para saludarla. (Sin contar las veces que intentó, pero no le resultaron).


Nadie se acercó a él.


Nadie le saludó.


Pobre Javier.


Se vio obligado a acosar a Blanquita para salir en la foto.


Ay, qué tierno.

 

Miau.

 



 
 

 

 
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