Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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02/12/2011


La soledad del patriarca



Aquel día despertó de su letargo de siglos.


Esa mañana con aire casi otoñal se enfrentó a su realidad.


Todo había acabado.


Sólo le quedaban recuerdos.


Subió a la misma camioneta que lo vio poderoso y disfrutó los paisajes de la Mixteca.


Malencarado, como siempre, arribó a Acatlán de Osorio.


El anfitrión del quinto encuentro con exdiputados le recibió nervioso y un tanto tartamudo.


El exgobernador entró al salón y descubrió su terrible soledad.




Los priistas de la Legislatura pasada propusieron una serie de encuentros con Mario Marín para mantenerse en contacto, para hacer planes, para armar escenarios optimistas para el grupo que había dejado el poder y para revivir los momentos en que el marinismo era todopoderoso sobre territorio poblano.


Una buena medida para evitar la depresión de Mario Marín.


El primer encuentro se llevó a cabo en la capital, en un jardín de Zavaleta.


De los 26 diputados que componían la bancada en la última legislatura de su sexenio, sólo 20 fueron convocados a la comilona con el exmandatario.


Los seis excluidos fueron aquellos que se rebelaron al marinismo.


Fueron 19 los que se hicieron presentes: José Othón Bailleres, Humberto Aguilar Viveros, Enrique Marín Torres, Pablo Fernández del Campo, Joel Jaime Hernández, Gudelia Tapia, Edgardo Escamilla, Javier Aquino Limón, Avelino Toxqui, Juan Antonio González y otros tantos, cuyos nombres han borrado la memoria. 


Rieron, comieron, bebieron y recordaron los días del poder.


Ese mismo día acordaron un segundo encuentro.




Gudelia Tapia fue la anfitriona del siguiente cónclave celebrado en Teziutlán.


La priista preparó el festín con antojitos de la región: molotitos, gorditas, tamales, taquitos, barbacoa, carnitas.


Yommi. Yommi.


El problema es que la exdiputada esperaba a un veintenar de personas.


El trauma es que sólo llegaron 14.


Ese mismo día acordaron un tercer encuentro.




Fue Humberto Aguilar Viveros el que se ofreció como anfitrión para apapachar a Mario Marín.


Comida, bebida, plática y recuerdos.


La reunión se llevó a cabo en Tepeaca.


20 exdiputados recibieron la cortesía.


Llegaron 11.


Ese mismo día acordaron un cuarto encuentro.




Juan Antonio González organizó la reunión en honor a Mario Marín.


En su distrito, Libres.


El priista preparó el jolgorio para el veintenar de personas.


A cuentagotas llegaron los exdiputados.


Eran casi las cuatro de la tarde cuando se determinó iniciar la comilona.


Sólo nueve otrora legisladores se hicieron presentes y aún así acordaron un quinto encuentro.




Entonces, Marín entró al salón en Acatlán de Osorio.


Cri. Cri.


Miró para un lado y para otro.


Saludó uno a uno a los presentes.


Miró su reloj.


Observó la mesa y las sillas vacías.


Se sentó donde le indicaron y trató de sonreír.


Volvió a ver su reloj.


El anfitrión Edgardo González propuso esperar un rato a que llegara el resto de los convidados.


Marín asintió.


Pasaron 10 minutos.


20 minutos.


30 minutos…


Edgardo González dio la orden para servir los alimentos.


De los 20  fieles esbirros del marinismo que formaron parte de la LVII Legislatura, apenas y llegaron cuatro.


Cuatro de 20.


¿Y el resto?


En sus recuerdos.


Nada más.





 
 

 

 
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