Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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Twitter: @SeleneRios ([email protected])

03/02/2011


Los recovecos de una toma de protesta



¡Jesús bendito!


Por un momento creí que el marinismo se había extinguido con los personajes folclóricos, exóticos y absurdos de Puebla, pero, Dios es grande.


Uff…


Ya me estaba preocupando por la vigencia de este espacio.


Pero, afortunadamente nunca faltarán los déspotas, las histéricas y los locos, y por supuesto, los reporteros para adornar estas páginas.


Así que veamos los detalles del esperado comienzo de la mentadísima ad nauseam “Nueva Era” 



El gobierno del estado planteó una estrategia de blindaje para la toma de protesta de Rafael Moreno Valle, con el objetivo de que no se “revolvieran” los invitados generales, de los VIP amarillos, VIP naranjas, VIP azules y VIP azulísimos.


En términos simples.


Los VIP azulísimos tenían su lugar reservado en las primerísimas filas, mientras el resto fue desperdigado en la enorme bodega de Los Fuertes.


Para recibir a los invitados muy, pero muy especiales, había un convoy de policías, en lugar de una reluciente alfombra roja.


Bastaba mostrar el gafete azulísimo para que el cerco policiaco se hiciera a un lado y los uniformados se transformaran en amables anfitriones.


¡El gafete era mágico!


Pero ella, ella, ella no lo sabía.


Puso un pie sobre el recién estrenado pavimento de Los Fuertes.


Se acomodó la bolsa y bajó de su vehículo.


Con el paso firme se acercó a la restringida entrada.


Sin ver a los policías, hizo un ademán para ordenar que las cercas se abrieran.


Un heroico policía dio un paso al frente.


Ella lo observó con furia.


—Dame permiso…— dijo, desviando la mirada hacia el Planetario.


—Sí, cómo no. ¿Su gafete?


—Que me des p-e-r-m-i-s-o.


—¿Y su g-a-f-e-t-e?


—¡Yo no tengo gafete!


Sssss…Pos es que no se puede, doñita.  


—¿Me puedes abrir? ¡Ya!


—Dispénseme, doñita, pero pos nomás no puedo sin su gafete. Tenemos órdenes.


—¡¿Qué le pasa?! ¡Déjeme pasar!


—…Es de que, ya le dije.


—¡No sabes con quién te metes!


—Mire, cálmese…


—¡Soy amiga del gobernador!


—Sí, pues. Pero no puedo.


—Me lleva el diablo… ¿Cómo es posible? ¿No sabes quién soy?


—No, pos, no.


—¡Soy parte del Gabinete del gobernador!


—Ah.


—¡Soy Patricia Leal! ¡P-a-t-r-i-c-i-a  L-e-a-l! ¿Me entiendes?


—No, pos…


Antes de que el valiente policía terminara su frase, la titular de la Secretaría de Desarrollo, Evaluación y Control de la Administración Pública tomó vuelo, levantó la mano por arriba de su cabeza y …


Slaaaaaaaaaaaap.


Cacheteó al pobre policía.


¡Lo cacheteó!


¡Oh Looord!


La secretaria perdió el control.


¡Y ni siquiera tomaba protesta!


Qué miedo.


Turururún.


Turururún.



El redil de los reporteros


Anyway, la logística incluyó también el clasismo entre los representantes de los medios de comunicación.


Los reporteros fueron (fuimos) “acomodados” en un digno y democrático corralito en la explanada del Centro Expositor, sin oportunidad alguna de ingresar a la Sala de Prensa y mucho menos al evento.


Los jefes de información tuvieron acceso a la Sala de Prensa improvisada, sin oportunidad alguna de ingresar al evento. —Pero eso sí, con servicio de café, galletitas y sanitarios—.


Los directores de los medios de comunicación —unos cuantos— tuvieron acceso al evento, pero con la restricción de pasar a la Sala de Prensa.


Miau.


Qué manera de organizar.    


Obvio, los reporteros estaban (estábamos) furibundos por el maldito corral, resguardado, además, por policías.


La cerca impedía a los reporteros realizar las entrevistas, y solamente las cámaras de TV Azteca podían gozar de la permanencia sobre el pasillo exclusivo.


Una guapa reportera llamada Luz Elena Sánchez decidió brincar el cerquito para hacer una entrevista.


Entonces, una enorme policía, robusta como un roble viejo, se acercó lentamente.


—¡Métase al corralito!


—No me voy a meter.


—¡Le digo que se meta!


—No, usted no me deja hacer mi trabajo.


—¡Señorita! ¡Métase al corralito! ¡Métase al corralito!


—¡Qué, no! ¡Qué, no! ¡Qué, no!


La señora policía osó tomarle el brazo a la reportera —de esta casa editorial, por cierto—.
—¡No me toque! ¡No me toque! ¡No me toque! ¡Ni se atreva!


Sin embargo, mi compañerita no pudo contra la big police y, a empujones, la regresó al maldito corral de la ignominia.
Ya, por Dios.


 

El berrinche de Islas…

 

y su reclamo,

 

y su amenaza…

 

Zzzz.

 

Next week.

 

 

 

 



 
 

 

 
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