Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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Twitter: @SeleneRios ([email protected])

05/04/2011


La metamorfosis lalista



¡¡Oh Lord!!


Lalo, Lalito.


Tan tierno que era.


Tan lindo en el Congreso.


En exceso amable y accesible.


Siempre paciente y comprensivo.


Tanto, tanto, que hasta flojerita daba.


Lalo era un digno habitante de un Mundo de Caramelo.


Sonreía de manera sexy ante las críticas.


Guiñaba un ojo ante las notas negativas.


Reía a carcajadas ante las burlas.


Contestaba en el Twitter cualquier comentario.


Ay…Qué tiempos aquellos, en los que Eduardo Rivera no era más que un panista simpático acomodadito que en su vida había visto un millón de pesos juntos (Arturo Rueda, dixit).


Pero, después del 14 de febrero, todo cambió.


A partir de aquel día, los mortales deben cumplir ciertas condiciones para hablar con el señor Alcalde Capitalino. 


Ja, ja, ja.


Se siente presidentito municipalito si alguien le dice Lalito.


¡Cosis…Te como en pan tostado!


Ay, hasta ternurita da.


Si lo ven, abrácenlo pero despacito porque anda muy sensible.




Cuando me contaron la siguiente historia, confieso que quedé anonadada por unos minutos.


No me lo podía creer.


Pensé que aquellas historias de que el poder embrutece a las personas eran un mito de los resentidos.


Anyway.


Veamos qué sucedió.




Todo ocurrió días después de que Eduardo Rivera rindiera protesta como alcalde de la ciudá.


En las primeras horas en las que los Rivera Pérez probaran las anheladas y jamás probadas mieles del poder, esas que sólo conocían por pláticas, por reseñas, por rumores.




El alcalde capitalino arribó a las instalaciones de Cinco Radio para una entrevista con Javier López Díaz (por cierto, el programa de radio con mayor rating en Puebla).


El conductor estaba a medio bloque del noticiario junto a dos de sus colaboradores, cuando Eduardo Rivera llegó a la cabina.
Los productores del programa le pidieron que tomara asiento.


Eduardo Rivera y su séquito de prensa se sentaron unos minutos.


Unos cinco minutos después, las puertas de la cabina se abrieron.


—Pásele por favor.


El munícipe se puso de pie y entró.


Javier López Díaz se levantó para saludar a su invitado.


—¡¿Cómo estás, Laaaaaaaaaalo?! ¡Bienvenido!— dijo el conductor extendiendo la mano.
—¿Lalo? ¿L-a-l-o? Permíteme, Javier, soy el presidente municipal de Puebla— respondió el panista contestando el saludo con su mano.
—Ah sí…Claro…
—Te voy a pedir un favor, Javier…
—Sí, adelante.
—Cuando me invites a tu programa, te pido que me digas la hora exacta en la que pasaré al aire. Ya sabes, para que no me tengas esperando tanto tiempo. No tengo tiempo para esperarte. ¿Estamos?
—No se preocupe…— dijo Javier López Díaz.


Eduardo Rivera estaba saludando a los dos colaboradores del noticiario matutino, cuando López Díaz soltó:


—Muchachos, ahí les encargo al P-r-e-s-i-d-e-n-t-e  m-u-n-i-c-i-p-a-l. Con permiso.


El conductor se dio la vuelta y se retiró de la cabina hasta que concluyó la entrevista con el edil.


Zas.


Qué susceptibilidad la del Presidentotote Municipalote


Digo, pa´ no herir susceptibilidades. 


Miau.




El porqué de la calidad educativa en México

 

El fin de semana pasado visitó Puebla el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, para atender asuntos partidistas.
Sostuvo una reunión con militantes del PAN en el Centro Libanés, donde expuso sus razones y motivos para buscar la candidatura del albiazul a la Presidencia de la República.


Lo más triste fue escuchar las barrabasadas del hombre que tiene en sus manos el control de la educación básica, media y superior en el país.


¿Con qué cara el titular de la SEP exige calidad educativa?


¿Con qué bases puede comprender las carencias de la educación pública mexicana?


Oh my God


Según Alonso Lujambio los cambios políticos en el país se han dado gracias a la “fuerza civilitaria”.


¿Civili… qué?


Miau.


O qué tal cuando habló de la “dinamitación económica”.


Sí, dijo d-i-n-a-m-i-t-a-c-i-ó-n.


¡Por los clavos de Jesucristo!


¿Qué es eso?


Para coronar sus pifias, soltó: “mayoría congrecional”  


¿Qué queeeeé?


Sólo Dios y él saben qué carajos significa eso.


¿Y aún nos preguntamos por qué estamos tan jodidos los egresados de escuelas públicas?

 

¡Quióbole!

 



 
 

 

 
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