Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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Twitter: @SeleneRios ([email protected])

20/01/2011


El sillón, el retrato y el balcón



Es que todo empezó mal.


Terriblemente mal.


La sesión de Instalación.


Entre los miles de pases.


La gente atascada.


El diputado que acarreó hasta con su nana.


Después, la sesión solemne.


Los gritos desde las curules.


La garganta desgañitada de Héctor Alonso.


La vena brincadora de la frente de José Juan Espinosa.


La cara de sorprendido de Rafael von Raesfeld.


Obvio, con los días todo empeoraría.




El lunes por la mañana, los diputados Héctor Alonso Granados de Nueva Alianza y José Juan Espinosa de Convergencia, madrugaron para instalarse en el Palacio Legislativo.


No, no preguntaron qué área le correspondía a qué partido-fracción-bloque.


No, simplemente llegaron con cajas, maletas, floreros y retratos para ambientar sus respectivos cubículos.  


Entraron al Congreso y, tras ellos, sus súbditos cargando las cajas de huevo repletas de libros y los huacales atiborrados de adornos.


Muy nice, el asunto.




José Juan Espinosa eligió la oficina que tiene una pequeña recepción.


Se encuentra en la primera planta y colinda con el barandal del patio Legislativo.


(Antes la usaba Pablo Fernández del Campo).


Sin rubor alguno, tomó el loveseat negro del pasillo y lo acomodó en su lobby personal. 


Giró instrucciones a sus asistentes para que acomodaran los adornos y ambientaran el cubil muy a la joséjuanespinosatorres.
Después, abandonó el Congreso y se fue a desayunar tranquilamente.


Cuando los diputados priistas hacían un recorrido por la planta que ocuparía su fracción se percataron que una oficina ya estaba ocupada.




Unos minutos después de que José Juan Espinosa Torres arribara al Congreso, llegó el panalista Héctor Alonso con un séquito de súbditos a su espalda.


Alonso Granados recorrió la segunda planta y cómodamente eligió una de las oficinas que se encuentran en el anexo de ese piso y que cuentan con ventanal y balcón hacia la calle.


Envidiables.


—Aquí me dará la luz del día en su esplendor y gozaré de los rayos del sol. ¡Esta es la oficina que quiero!


Ordenó a su comitiva instalarse lo más pronto posible.


—Lo primero que haremos para inyectar de personalidad a la oficina será… ¡Colgar mi fotografía!


Su cortejo aplaudió conmocionado.


Héctor Alonso se acercó solemne a la pared y, con sumo cuidado, colgó su retrato.


—¡Liiiiiiiiiiiiiiiiiisto! ¡Vámonos a desayunar!




Ante la premura de los legisladores, los coordinadores de las bancadas organizaron una reunión urgente para solucionar el conflicto de los espacios en el Congreso.


El acuerdo fue simple: PRI, planta baja, donde siempre; PAN, segunda planta, donde siempre.


En esa reunión notificaron a José Juan Espinosa.


—Tendrás que desalojar tu oficina…
—Pe…pe…pero… ya está muy a la joséjuanespinosatorres.
Sorry.
—¿También van a desalojar a Héctor Alonso?
—¡No, cómo crees! ¡Ya hasta colgó su retrato! ¡Qué pena! Tú, nomás pusiste unos cuantos libros.




Dios en el Poder hace un llamado a la LVIII Legislatura para que la sala de prensa sea instalada en el penthouse del Palacio.
¡Queremos la oficina del jacuzzi!


Ja, Ja, Ja.


Digo, ya que todos la ignoran.


¿O aún no saben cuál es?




Aclaración. El hijo de José Luis Márquez aclaró que no lloró en la sesión de Instalación del jueves pasado, que mis fuentes me informaron mal.


Queda.

 



 
 

 

 
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