Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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Twitter: @SeleneRios ([email protected])

17/02/2011


La absurda necedad



!Oh Lord!


No, por favor.


Júrenme que no es verdad.


Dios, casi me desmayo cuando escuché la historia.


Sigo en shock.


Creo que hasta urticaria me está saliendo en las manos.


Scrash.
Scrash.


Me iré a dormir anonadada.


Si es que duermo y no me pega el insomnio. 


Había escuchado de las profundas depresiones que sufren las personas cuando se les termina el poder.


Algunos beben.


Otros comen con ansiedad.


Unos viajan.


Los menos se divorcian.


No faltará quien se encierre a ver una película con tres litros de helado de chocolate…


Cada quien hace lo que se le ocurre para esquivar el “dolor” de terminar su periodo como gobernante, diputado, regidor, funcionario y servidor, entre otras cosas.


Pero, Julián Haddad superó y por mucho cualquier barbarie que haya escuchado.




El hoy exregidor —¡Ex!— del PRI no tomó muy bien eso de la conclusión de su periodo.


Pero no se preocupen queridos lectores, el empresario no está perdido en los vicios ni le dio por las compras de pánico.


Tampoco está internado en algún hospital agonizando por el dolor del final de su periodo.


Lo malo es que su catarsis para superar que el trienio llegó a su fin es un poco…mmm…digamos…exagerada.


¡Absurda!


Como catarsis, el textilero Julián Haddad optó por mantener su cargo de regidor.


¡Cómo no! (Mon, dixit)


¿Por qué abandonar el cargo solamente porque el periodo ha terminado?




Julián Haddad, cuyo paso por el Cabildo sólo se caracteriza por el cambio de uso de suelo para un desarrollo inmobiliario, se pertrechó en su oficina del edificio de regidores del Ayuntamiento capitalino.


Literalmente, secuestró la oficina.


Advirtió que no abandonaría el edificio de regidores porque “aquí está mi oficina y punto”.


El ostentoso empresario colocó un candado en la puerta de su cubículo.


“Aquí nadie entra, sólo yo”.


Y, en efecto, nadie puede entrar al cubil debido a que ahí están sus pertenencias personales y podría denunciar robo o algo por el estilo.


A pesar de que le han solicitado la oficina, Haddad se rehúsa a entregarla.


“Es mi oficina y punto. Yo no voy”.




Ayer que los nuevos regidores se comenzaron a instalar, la fracción panista se enteró de la necedad del empresario de origen libanés.


Y uno de los nuevos regidores se quedará sin oficinas, al menos por unos cuantos días, o, al menos, hasta que pase el berrinche de Haddad.


¡Oh Lord!


Jamás se me habría ocurrido algo así.



 



 
 

 

 
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