Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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Twitter: @SeleneRios ([email protected])

25/01/2011


El fin de la maldición



No hay mal que dure cien años, ni político que lo resista.


Para siempre es demasiado tiempo.


Por algo pasan las cosas.


Nunca digas nunca. 


Y juro que no se me ocurren más frases aplicables a esta historia.


Mario Montero al fin tiene una victoria en la bolsa.


Pírrica, pero victoria.


¿Pueden creerlo?




Después de la lluvia de desgracias políticas que cayeron sobre Mario Montero a lo largo del sexenio marinista, al fin tiene un motivo para organizar una gran comilona, destapar botellas de vino burbujeante y gritar enloquecido: “Lo logramos”.  


Repasemos un poco.


En 2004, tuvo que ceder la candidatura a la Presidencia Municipal de Puebla.


En 2006, abandonó a su pesar la dirigencia estatal del PRI.


En 2006, perdió la Senaduría.


En 2007, pasó meses en la banca tras la derrota electoral.


En 2008, tuvo que confrontar públicamente la instalación de la delincuencia organizada en Puebla.


En 2009, le explotaron dos conflictos sociales: el plantón de Antorcha Campesina y la toma de las secciones del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación.


Uff…


En 2010, Javier López Zavala “resolvió” ambos conflictos, lo evidenció públicamente y se llevó el crédito de la “resolución”.


Por si fuera poco…


En 2010, estuvo a punto de perder la candidatura a la Presidencia Municipal de Puebla gracias a Javier López Zavala, Alejandro Armenta, Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Enrique Peña Nieto y Emilio Gamboa.


En 2010, perdió de manera brutal —b-r-u-t-a-l— la alcaldía capitalina frente a Lalo Rivera. 


En 2010, se llevó el crédito de haber hundido a Javier López Zavala. —No toda la culpa fue de Montero—


En 2010, se ganó el odio de zavalistas y priistas que juran que, gracias a su perfil, el oriundo de Pijijiapan cayó en desgracia.


Zas.


Pero el 2011 llegó cargado de buenas noticias.


El 17 de enero fue el gran día para los Montero.


Mario Marín le entregó a su compadre un regalo de consolación.


Un placebo para el dolor.


Un curita para el alma (Mafalda, dixit).


El gobernador saliente entregó la patente de la Notaría Auxiliar a Mario Montero Junior. 


¡Sí, Monterito es notario auxiliar!


Obvio, de la notaría de su papá.


A un año y medio de haberse graduado como abogado, el talentoso Monterito ya es todo un notario auxiliar.


¡Qué talento para la abogacía!


Qué manera de aprobar exámenes y cumplir con los mil 8 mil requisitos.


¡Aplausos!


Clap.
Clap.
Clap.


Una de las grandes virtudes de Monterito es que su papá es amiguísimo del aún gobernador.


Claro, es una virtud que está por agotarse.


Tic.
Tac.
Tic.
Tac.

 



 
 

 

 
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