Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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Twitter: @SeleneRios ([email protected])

28/10/2010


Calaveras y Diablitos III



Queridos lectores:

 

Una vez más, por tercer año consecutivo, pido perdón por la mala rima y la catastrófica métrica, pero la tradición me obliga.


Reconozco que estas Calaveras no son ni chistosas ni entretenidas, pero como buena mexicana debía intentarlo.


Agradezco el apoyo de Yonadab Cabrera, Margot Castro y Arturo Rueda por su ayuda para los versos maléficos de Rafael Moreno Valle, Mario Marín y Javier López Zavala.


Disfruten el Día de Muertos.

 

Rafael Moreno Valle

Moreno Valle planeaba el sexenio
ayudado por Manzanilla
cuando se apareció La Parca
a reclamar su secretaría.

 

Elba Esther es mi madrina,
Calderón mi protector
y soy tan influyente, que
me llevo con López Obrador.

 

No me lleves Calaverita,
y le tiró un celular,
porque tengo que trabajar
si a Los Pinos quiero llegar.

 

Ofendida, La Huesuda se llevaba
a Moreno Valle y Manzanilla,
cuando llegó Martha Érika
La Tilica huyó despavorida.

 

(Por querer sobrevivir otro sexenio
Aquí dejamos la calaverita…
Pues Marcelo tiene muy mal genio
Y nosotros poco ingenio).

 

Javier López Zavala

En campaña, La Parca vio a Zavala,
curiosa se sentó a escuchar un rato.
Cansada de sus tontadas
concluyó que no era más que un gato.

 

En el mitin, confundida preguntó:
“¿Qué idioma habla ese señor?”
Dicen que es de Guatamela,
Pero ella pensó que de Guatepeor.

 

No más palabras candidato,
le suplicó La Catrina con los
oídos destrozados.
Mejor usted y yo vamos
a hacer un gran trato:

 

“Mientras Calderón elige gobernador,
usted se hace re pendejo,
finge campaña pa´ senador
y de conserje del PRI, lo dejo”.

 

Zavala trató de engañarla
pues sólo en un hueso pensaba.
Y a cambio, a Óscar y a Santi
enteritos se los obsequiaba.

 

Y La Pelona le propuso:
“Si quiere ser senador
déme usted sus nalguitas
como se las dio
al nuevo gobernador”.

 

Ya cansada de sus mentiras,
tratos y fracasos,
La Parca lo citó en el Maratón
y en el kilómetro dos
del famoso mechón
lo arrastró sin escalas
directo al panteón.

 

Mario Marín Torres

Bailando un son guapachoso
a Casa Puebla llegó La Catrina;
decidió llevarse al “Precioso”
a una cárcel sin salida.

 

Desde endenantes mandó
a confeccionar el traje de cebra
pues Marín no se salvaría

ni por un ataque de lepra.

 

En el Cereso de San Miguel
ella lo quería, pues ahí
con la ayuda de Rafael
La Pelona se lo llevaría.

Tenía un plan perfecto,
La Célula y el Centro Expositor
serían su pretexto, pues
por rata acabaría en el averno.

 

Qué sorpresa se llevó La Pelona
al encontrar Puebla destruida.
El góber aplicó la graciosa huída,
según le contó Manzanilla.  

 

Espantada, La Comadre preguntó:
“Dónde quedó mi gobernador
porque yo ya compré su overol
diseñado a la perfección”.

 

Un fétido olor la desconcertó,
caminó al fondo de Casa Puebla
y la respuesta encontró:

 

Marín hincado suplicaba el perdón.

 

“Llegó tu hora, chaparro cabrón.
Te he traído cigarros de sobra
por los días que pasarás en la sombra
antes que termines en el panteón.
Ora sí, no te salva ni Manlio
ni Gamboa Patrón”. 

 

El góber rogó:
“No me quiero ir, Flaquita
estoy re contento aquí con Margarita”.

 

“¡Ay no manches, Mario!
Si ya hueles a cárcel y a rancio
¿Qué, a caso, no lees los diarios?”, dijo La Catrina
disparando su carabina.

 



 
 

 

 
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