Dios en el poder


Selene Ríos Andraca

02/04/2009

Vaya usted con Dios



Este espacio de humor, hecho desde la redacción, está devastado.


Y no está de humor.


Está en depresión y hundido en un mar de lágrimas.


Seguramente tardará unas cuántas semanas en reponerse de la repentina salida de Edmundo Velázquez de la redacción de CAMBIO.


No es fácil enfrentar la salida del co-escritor de esta columna y, tanto ustedes como yo, sufriremos las repercusiones de su ausencia que se traducirán en una disminución de agudeza, chispa, simpatía, jocosidad, gracia e inteligencia.


Desde que Mundo aceptó hacer Dios en el Poder conmigo, he escrito muy pocas columnas sin él.


Tal vez una veintena o menos.


Decidí ponerme cursi con Mundo porque él es un elemento fundamental de CAMBIO y de mi vida también.


En los últimos dos años, profesional y personalmente, he enfrentado las salidas de Mario Alberto Mejía, Zeus Munive, Efraín Núñez y Yonadab Cabrera. De todas, la de Mundo es más complicada por las fricciones que pudiera ocasionar en nuestra ya añeja amistad.



Conocí a Edmundo en el segundo semestre de la universidad. Entró confundido al salón de clases de Diseño Gráfico y haciendo gala de sus movimientos de muppet y sus ademanes torpes.


No pude evitar una carcajada al verle y él no pudo evitar confundirse más porque, según pláticas posteriores, no sabía si estaba en el salón correcto.  


Escasos meses después, casualidades, situaciones o coyunturas nos obligaron a cruzar palabras y anécdotas, y fue ahí cuando nos hicimos amigos.


Nuestros compañeros comenzaron a circular distintas versiones sobre nuestra relación.


Que si éramos amantes.


Que si éramos novios.


Que yo quería con él.


Que él quería conmigo.


Que no, que éramos nuestras respectivas tapaderas.


Que él era gay y yo lesbiana.


El caso es que nunca fuimos novios, ni amantes.


Nunca nos gustamos físicamente, ni con una botella de tequila encima y unos compañeros enfermos de la universidad un día nos obligaron a besarnos.


.


Fue el peor beso de mi vida.


Él jura que solamente besó mis dientes.


Yo trato de no recordar detalles por salud mental. 


En 2003 tomamos la decisión de vivir juntos en un departamento horrible de la avenida Juárez.


Nunca había agua ni gas.


Después, nos mudamos a nuestra actual “home, sweet, home”, donde, como toda familia disfuncional, tuvimos que adquirir una sala, un comedor, un horno de microondas, dos tanques de gas y comenzamos una etapa sumamente divertida en la “jom” y en CAMBIO.


A principios de 2005, el buen Zeus Munive me invitó a formar parte de CAMBIO y como regalo de reyes llegamos a la redacción el combo cuates: Mundo y yo.


Zeus, por supuesto, nos formó, nos ayudó y nos protegió de nuestras primeras, segundas, terceras, cuartas, quintas e incontables garrafales pifias.



Edmundo le avisó a algunos amigos que el pasado martes sería su último día en el periódico y algunos de ellos se comunicaron conmigo para hacerme las irremediables dos preguntas:


¿Cómo estás?


Y


¿Seguirás en el periódico o te vas?


A lo que he respondido ya hasta la náusea:


Me siento triste, muy triste por su salida. Devastada. No estoy de acuerdo con ella, pero, creo que como su amiga y cómplice debo respetar sus argumentos y apoyar su decisión.


Considero que la salida de ese cabrón marca la culminación de una etapa en CAMBIO y me encantaría estar aquí para formar parte de la siguiente.



Le he dado vueltas al asunto desde que el gordo ese me avisó que se iba y he llegado a la conclusión de que tal vez no todo sea malo, ni triste.


Es más, hasta encontré algunas ventajas.


Por ejemplo:


Ya nadie ventilará mis intimidades en la oficina.


Ni se estará burlando de mis caderas o mis nalgas.


Ni me alzará el vestido para que se me vean los calzones.


Ni se reirá de mí como orate cuando cometa alguna estupidez.


Ni se comerá mi comida mientras estoy en el baño.


Ni nos estaremos peleando dos veces a la semana para empezar a hacer la calumnia.


Ni me gritará enfrente de todos que soy mi peor enemiga en el momento de comprar ropa.



Te voy a extrañar mucho, horrores, Mundo. —Aunque nos seguiremos viendo en la casa, creo—


Dios en el Poder sin ti no será igual.


Y éste periódico pierde a un gran periodista.


Como diría ese gran poeta Enrique Bunbury


“Que no te falte de nada
que no te de la espalda
la esperanza
que encuentres el buen camino
que sea el tuyo y no el mío
y si es el mismo, enséñamelo”


Que tengas suertecita, pues.


Te adoro, no se te olvide.



P.D. Elmer Sosa, quien bien te quiere y que por supuesto continuará alimentando este espacio, te ha hecho una monería como despedida.

 

 



 
 

 

 
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