Dios en el poder


Selene Ríos / Edmundo Velázquez

 

Archundia, el rompecorazones


La Selene ya tiene competencia.


No están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo, pero la co-columnista siente una atracción cuasi fatal por el solterón del Gabinete de Seguridad.


Sí, así como lo leen.


Selene tiene complejo de Electra.


Y ahora muere, babea y sufre por dentro cuando ve los ojos verdes y pizpiretos de Rodolfo Igor Archundia.


Pero qué hacemos, así le gustan, maduritos, por no decir otra cosa.


El caso es que además de esta insulsa, hay otras reporteras que arden en deseos con la cadera del procurador.


Iiiiiiiuú.


Aunque ustedes no lo crean, Archundia ha sufrido el acoso de varias mujeres durante actos públicos y a su salida de las reuniones de Seguridad. 


Resulta que hace unas semanas, cuando el procurador salió de la reunión de seguridad y atendió a los reporteros, una madura y no tan atractiva mujer se le declaró a Igor Archundia, sin anillo en mano.


De la nada, la reportera gritó al final de la entrevista banquetera: “¡Procurador, cásese conmigo!”


Un sonrojado Archundia sonrió tímidamente y puso pies en polvorosa, por si acaso lo convencían.


¿Esperaban otra cosa?

 



Pero las historias de amor en la Procuraduría no terminan con los suspiros que arranca el procurador, y es que hay otra historia en vilo que incluye al subprocurador Víctor Pérez Dorantes.


¿Más o menos satisfechos?


Más detalles cuando Edmundo Velázquez se anime a publicarlo.

 



¿Cuántos zavalistas se necesitan para hacerle una pregunta al filósofo español Fernando Savater?


Desde que vimos a Javier López Zavala sentado al lado de Fernando Savater, nos preguntamos: ¿Qué diablos hace ahí el pijijiapeño?


No es por discriminarlo, porque sería como hacerle el feo al queso crema de Pipijiapan, Chiapas.


Y eso, ¡jamás!


¡Es delicioso!


El hecho es que López Zavala se preguntaba lo mismo, sólo que en tercera persona y obvio, en infinitivo siux: “¿Qué hacer Zavala sentado aquí junto a viejito desconocido de raro hablar?


Tan desorientado estaba, que al ver que otros personajes cuestionaban a Savater, el titular de Desarrollo Social quiso hacer su propia pregunta para despistar de su ignorancia a los presentes, por lo que le pidió a un grupo de sabios interdisciplinarios —O sea, su staff— estructurarle una pregunta inteligente para lucirse en el acto.


Los minutos pasaron y un asistente le hizo llegar un papel con la pregunta.


El secretario observó la pregunta detenidamente.


La leyó y la releyó.


Se rascó el mechón de canas y volvió a leer.


Se sobó la papada y volvió a leer.


Respiró profundo y arrugó el papel que contenía la pregunta.


No le gustó o tal vez no la entendió.


Y por eso, no preguntó.


Entonces, ¿Cuántos zavalistas se necesitan para hacerle una pregunta al filósofo español Fernando Savater?


La respuesta es: cinco.


Érica Jaramillo


Santiago Bárcena y


Tres asistentes más de su staff.

 



 
 

 

 
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