Dios en el poder


Selene Ríos / Edmundo Velázquez

03/03/2009

Breves historias de La Vista

A la doctora Argüelles



¡Ingratos!


No nos invitaron al aniversario de La Vista, y eso que tenemos hartísima clase.


Pero no contaban con nuestra astucia, y nuestros amigos nos platicaron los pequeños detalles que hicieron de ese sábado una gran fiesta.


Y no, no fue el acuerdo entre Javier López Zavala, Jorge Estefan Chidiac y Enrique Agüera para mirarse otro día para el “Súper-Archi-Requete-Contra-Mega Pacto” del Chimichurri.


Ni las groserías que intercambiaron entre sí los tres personajes.


Tampoco la pasarela política.


Ni el ir y venir del estrellato en decadencia.


Mucho menos los gustos exóticos que tienen nuestros Juniors para elegir a sus parejas.


Que no, que no.


Eso todo mundo lo notó y a nadie le importó.


Lo mejor, como siempre, estuvo tras bambalinas.


Y algunas cosas sucedieron ya avanzada la celebración. 



Sanirent, lo más cotizado de la party

 

Nadie peleó por los camarones con espárragos en aderezo de miel.


Tampoco fue gran cosa la crema de elote, ni los cortes argentinos.


El rezago del menú fue la maldita digestión.


Filas, filas, filas, más filas, y filas en las puertas de los sanitarios.


Dignos de la realeza poblana.


Mucha pompa y guante, pero los baños eran propios para albañiles en una construcción.


Sí, así como lo leen.


Los “tocadores” fueron cortesía de Sanirent.


Esos azules, hediondos, incómodos y horribles que cualquier persona evita en los conciertos, en las ferias de pueblo y en los raves de Cholula.


Pero claro, no en La Vista.


La socialité poblana celebró el aniversario de la exclusiva zona usando baños portátiles.


Eso, es clase.



Algarabía por Diego y Amanda

 

La ventaja de las largas colas en los baños, es que mientras esperabas unos 20 minutos para entrar a los malditos sanitarios, podías aprovechar el tiempo para ver a los famosos.


¡Cómo no!


Y no cualquier famoso.


Y no sólo mirarlos, también sacarte una foto con ellos y pedirles el autógrafo.


Ahí, entre la multitud estaban los reconocidísimos Diego y Amanda.


¿Quiénes?


Los ídolos de nuestros papás.


Esos que acompañaron la vida amorosa de nuestros progenitores con canciones como: “Él me mintió” y “La Ladrona”.


Sí, aquellos que se enriquecieron a finales de los setentas.


¿Se acuerdan?


Mientras la pareja esperaba paciente su turno en el Sanirent, sobraron las damas pomposas que emocionadas exigieron la foto y el autógrafo.


Él, con el bigote recortado perfectamente y ella, con sus escandalosos y rebeldes chinos, accedieron a todo.


Foto aquí y foto allá.


Autógrafo a la derecha ¡a la izquierda!


¡Diego, Amanda, los queremos!


¿Y quién dice que no es fácil impresionar a la crema y nata de la sociedad poblana?


Lo peor, no fue la algarabía, sino el escenario de las imágenes.


Y es que en todas lucía en primer plano un par de estrellas en decadencia con alguna copetona y de segundo plano unos azules y asoleados baños portátiles.


¡Qué bonito!


¡Qué contexto!



El menú de la prensa

 

Nuestros compañeros reporteros sufrieron la discriminación de los organizadores del evento.


No sólo les impidieron la entrada a la zona VIP, donde estaba la clase política —razón por la que fueron al acto—.


También les hicieron la distinción de cambiarles el menú por algo “más ligero”.


Del lado de la socialité repartieron vinos, cortes y camarones.


Y a la prensa, esas cosas no le gustan.


(Tal vez ni las conozcan)


Por eso, para nuestros colegas hubo nada más agüita embotellada y unas suculentas, frías y doradas tortas de huevo.


Mmm ¡Delicioso!


Ojo organizadores, los reporteros podemos ayunar y no es necesaria la “cortesía”.



Emmanuel versus Salame

 

Pero el éxtasis llegó con Emmanuel, ya por la noche.


Alrededor del escenario colocaron guaruras para que la súper estrella no sufriera los embates de alguna dama de sociedad descarriada.


Abajo, todas desfallecían.


La gente se sabía las rolas de Emmanuel y las corearon a rabiar.


Pero, Marcos Salame no soportó la competencia.


El dueño de la exclusiva zona subió al escenario a cantar con el ganador del OTI.


Dicen, que ya en el colmo de los caprichos personales, comenzó a competir con el artista para ser el centro de la fiesta.


Nos contaron, pues.

 

Quiso ser la superstar de la fiesta · Cambio · Foto/ Archivo/ Ulises Ruiz

 

 



 
 

 

 
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