Dios en el poder


Selene Ríos / Edmundo Velázquez


Tarjetas fiadas


Rolando López Villaseñor, secretario de Seguridad Pública y Tránsito Municipal de la capital poblana reparte tarjetas de presentación —y demás papelería membretada— fiadas.


¿Cómo ven?


Sí que sí.


F-i-a-d-a-s. Y eso que ya ni el carnicero fía, ¿eh?


El funcionario dogerista ordenó en diciembre la impresión de dípticos, tarjetas, sobres y hojas de escritorio con su nombre, cargo, escudo del ayuntamiento y la estrellita de la Policía.


Pues son reútiles y ya él sabrá —la utilidad hoy no nos ocupa—.


Resulta que la Secretaría de Seguridad Pública contrató a una pequeña empresa de diseño llamada Colorset (Solutions for Ideas) para la impresión de 9 mil artículos de papelería.


Y el pedido estuvo a tiempo para la exigencia del funcionario.


Con todo y detalles de papel couché brillante, impresos con selección a color y doblados para reaparto —nosotros tampoco sabemos qué es exactamente eso de reaparto—.


El caso es que Rolando López Villaseñor no tiene ni la menor idea de que su director administrativo, Jesús Jaime Hernández Méndez, se niega a pagar.


¿Que, qué?


Sí, así como lo leen. El propio López Villaseñor ya ordenó que se le paguen los 18 mil pesitos a la empresa, pero Jesús Jaime Hernández considera pertinente que la deuda sea asumida por la administración de Blanca Alcalá Ruiz.


La convicción de Jesús Jaime Hernández es tan sólida que ni siquiera flaqueó cuando la empresa redujo el adeudo a 11 mil tristes pesitos.


Wow.


Eso es carácter, señores.


Ni hablar.


Ahí les dejamos una de las tarjetitas fiadas del funcionario dogerista para que las aprecien —léase en susurro: tenemos sobres, hojitas de escritorio y otras membretadas, pero nos da un poquito de pena repartirlas porque no las han pagado—.

 

Dios te salve Salmita. La semana pasada contamos una chistosísima historia entre una exuberante escort y un enamorado diputado marinista-petista, cuya novela romántica nació en una casa de citas de la 21 Oriente —1016, para los interesados—.


Queridos lectores, bien sabemos que no es fácil imaginarnos a Manuel Fernández —el presunto diputado, perdón el presunto petista— ligando a una chica llamada Salma. Sí S-a-l-m-a-a-a…


Exhortamos a que domine su asco imaginando al legislador y pondere su morbo para que observe con detenimiento los encantos de Salmita, quien se descubre en la tarjetita con la que solía publicitarse antes de abandonar aquella casa por la ausencia de nuestro representante popular.


Salma luce una sencilla camiseta rosa de algodón con un fino estampe de figuras tiernas y cursis.


Salma presume una larga y lacia cabellera pelirroja —un poquito deslavada— con una brillante raíz capilar que revela el castaño de su tono.


El misterio de Salma se alimenta de un antifaz pegado con calcomanía, que alarga con un efecto blanco las pestañas.


La pose coqueta y femenina de Salma habla por sí misma.


Salud, pues.

 

Deuda. A inicios de año, les contamos que un par de judiciales emularon a Batman y Superman para defender a unas exóticas y bellísimas chicas del Solid Gold ¿Recuerdan? Acordamos en este espacio revelar los nombres de ese par de superhéroes que pululan en la Policía Judicial, sin embargo, nuestra fuente nos ha solicitado reservar los dichosos nombres hasta que el “momento adecuado” se dé. Ni hablar. Tenemos una deuda.

 

Coctel Aristegui-Granados-Cacho. El próximo 7 de febrero, en la Ciudad de México, los periodistas Carmen Aristegui y Miguel Ángel Granados Chapa presentarán Memorias de una infamia de la escritora Lydia Cacho Ribeiro.


Memorias de una infamia narra la historia que Mario Marín intentó acallar. La historia que la Suprema Corte decidió ignorar.


La cita es en Pino Suárez 30, en el Centro Histórico a las 7 de la noche.


Delicioso, pues.

 




 
 

 

 
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