Dios en el poder


Selene Ríos / Edmundo Velázquez


¡Carajo!


Sin lugar a dudas, la Suprema Corte nos ha dejado desamparados a los mexicanos: niñas, niños, hombres, mujeres y demás que se sumen.


Con seis votos en contra del dictamen de Juan Silva Meza, el máximo tribunal del país nos dejó claro que los hombres poderosos y la impunidad son lo único realmente importante en México.


Es indignante y vomitivo lo que decidieron los seis ministros marinistas.


Pero es más repugnante ver a los “periodistas” poblanos cantando victoria.


Celebrando la impunidad.


Brindando por el “triunfo” del gobernador.


Aplaudiendo la corrupción y la violación a los derechos fundamentales.


Patéticos, por Dios, patéticos.


Peor aquellos que en los últimos días han escrito: “Nosotros siempre dijimos que el gobernador era inocente”.


¿Inocente?


No se confundan señores, la pesquisa de Juan Silva Meza comprobó en mil 377 fojas la culpabilidad de Mario Marín, Javier López Zavala, Guillermo Pacheco Pulido y Blanca Laura Villeda, entre otros marinistas.


Todos ellos enemigos del periodismo.


Pero claro, cómo esperar que los escribanos del gobierno lo entiendan, sino son más que viles y baratos empleados de tercer nivel.


No es extraño que festejen la injusta decisión de la Corte, cuando ellos sólo se dedican a transcribir boletines, a enviar mensajes políticos a los enemigos del gobierno y a contar chismes sobre los funcionarios pequeños.


Para que funcione ese sistema podrido que vimos, oímos y palpamos en el pleno de sesiones de la Corte el pasado jueves —gracias a las luces de Mariano Azuela, Margarita Luna, Salvador Aguirre, Guillermo Ortiz, Sergio Valls y Olga Sánchez— se requiere de esa gente podrida que en sus espacios periodísticos se burlan de la crítica y de quienes nos apostamos por el respeto al oficio y al ser humano.


Es grato sentir esta tristeza. Esta depresión. Porque nos demuestra que nosotros no estamos mal. Ni estamos jodidos ni somos chiquitos. Así como tampoco avalamos la “tortura” como medio para llegar a la verdad…


Con la decisión de la Corte perdimos todos los que tenemos calidad humana. Los que nos preocupamos por la niñez, los que repudiamos a los pederastas y su sistema político de protección, los que estamos vivos y sobre todo, los que somos periodistas.


***


Es desolador el escenario que se prevé en este estado. Un gobernador invencible e institucionalizado que tratará de aniquilar a la oposición política y mediática que exista y que, por supuesto, hará uso de su prensa barata para sus intereses.


Me da vergüenza este país, me da vergüenza la prensa poblana y me da pena ajena el papel del Juárez poblano.

 

***


Asfixia la idea de ser espectadora de este gobierno.


Me asusta lo que está por venir.


Sólo me alienta saber que ni yo, ni periodistas como Zeus Munive, Arturo Rueda, Mario Alberto Mejía, Efraín Núñez, Héctor Hugo Cruz, Edmundo Velázquez, Martín Hernández Alcántara, Ignacio Juárez, Josué Mota, Ernesto Aroche y Magali Herrera nos equivocamos.


Como tampoco se equivocó Lydia Cacho, Carmen Aristegui, Denisse Maerker, Jorge Zepeda Patterson, Germán Dehesa, Jesús Silva-Herzog, René Delgado, Roberto Rock, Guadalupe Loaeza…


Ninguno de nosotros estamos equivocados: Marín es un tirano que atentó contra los derechos constitucionales de una colega.


Y no, no se trata de Lydia Cacho. Sino del agravio que sufrió por enfrentarse periodísticamente con un amigo de Marín.


Es sobre el hecho de que Marín puso a disposición el aparato de justicia estatal para que un empresario —en este caso Kamel Nacif— se vengara.


Y perdimos los buenos, pero nosotros siempre perdemos.

 

***


Señor gobernador no se confunda y que no lo confundan, para mí usted hoy es tan indigno de estar en su cargo como desde el 16 de diciembre de 2005.


Y es tan repudiado como lo es desde el 14 de febrero de 2006.

 

El repudio a la Corte y a Marín, desde el mensajero (MSN)


Desde el jueves pasado, los nicks en el mensajero de Hotmail en torno a la decisión de la Corte abundan. Algunos de estos pertenecen a reporteros que en sus medios no les permiten criticar a Marín o al tribunal.


Se los dejo para que los consideren.


He aquí algunos, los mejores para mí.

 

*Haz patria mata a un ministro.
*Porque en cada ministro un soldado marinista Dios te dio.
*Succar, pide que tu caso lo lleven a la SCJN
*Marín aunque la Corte te perdone sigues siendo precioso.
*Ya que aparezca Nicolás Aguilar, para que también lo exoneren.
*Puebla: donde violar niños es precioso.
*Suprema Corte de ¿Qué?
*Alguna vez dije que era mi voz, pero no era mi voz, y el tiempo me dio la razón (el poeta del coscorrón, Mario Marín).
*Dios es marinista.
*¿Cuánto le costó a Plutarco el perdón de la Corte?
*Pinche impunidad.
*Demonios sueltos embriagados de cognac.
*Triunfó la tiranía.
*Las instituciones son una mierda.

 

¿Por qué se mueve el juez pro pederastia?


Cómo olvidar a Carlos Guillermo Ramírez, hoy juez Tercero Penal de la capital, pero célebre porque en Tehuacán dejó en libertad a Nicolás Aguilar a pesar de todas sus fechorías mil veces nombradas acá por doña Selene.


Bueno pues los tehuacaneros no lo olvidan tampoco. Ni lo olvidarán…


Porque pronto vuelve a esas tierras donde se baila el chivo. Claro, en calidad de togado y sustituyendo a Idalia Arciniega, actual juez Segundo Penal de Tehuacán. Ahora que en el Tribunal Superior de Justicia comienzan a quemarse las naves, los consentidos de don Guillermo Pacheco y de hombres como Enrique Ruiz Delgadillo, comienzan a ser movidos como los peones que son.


El regreso de Ramírez ya causó comezón en más de dos empresarios de Tehuacán… debido a los mismos empresarios y hombres de poder de Tehuacán fue que Ramírez salió de esa localidad. Hace ya cerca de tres años Ramírez Rodríguez fue removido de Tehuacán a raíz de la petición expresa de empresarios ante el Tribunal Superior de Justicia. Incluso amagaron al Tribunal con publicar a nivel nacional un desplegado señalando la incomodidad de Ramírez.


¿Pero por qué el juez cayó de la gracia a los empresarios y ahora es peor que la carne de puerco?


Según nuestras fuentes en Tehuacán, bien versadas en cuestiones policíacas y legaloides, en el año 2001 Carlos Guillermo Ramírez Rodríguez estuvo a punto de provocar un abierto conflicto entre los empresarios de Tehuacán y el gobierno de Melquiades Morales. El empresario y hotelero Alfonso Patjane Ceja (quien hace poco falleció, por cierto) se vio envuelto en un pleito legal con su ex esposa por la custodia de sus dos hijas. Bien acostumbrados a las triquiñuelas legales, se dice que en el litigio, los abogados de la esposa de Patjane buscaron un acercamiento con Carlos Guillermo para fabricar un delito al empresario. Dicen las malas lenguas que Carlos Guillermo supervisó la elaboración de la querella, la consignación, personalmente la recibió en el Juzgado, (¿No les suena conocido? ¡Sí, en Puebla hay justicia…!) y resolvió dictar no sólo la orden de aprehensión, sino incluso una orden de cateo, en contra de Patjane Ceja.


Dicen incluso que el mismo juez tomo su chaleco de piel (el mismo que desempolvó para cierto picnic de la Judicial en la 46 Poniente donde participó para el cateo de locales de autopartes robadas), botas de punta de acero y pidió el apoyo de todos los uniformados posibles para detener al empresario. Dicen nuestras fuentes, no nos hagan caso, que al juez le salió el Rambo que lleva dentro y ¡pidió un fusil de asalto R-15! ¡¿Para qué?! Para entrar a un hotel propiedad de Patjane y sacarlo él mismo.


Incluso dicen que hasta grito: “¡¡Alfonso Patjane, sal, estás rodeado!!”


¡Ay, wey! ¡¿Y porqué no hizo lo mismo con Nicolás Aguilar?!


Pero bueno, el empresario no estaba armado ni tenía armas dentro de su domicilio, ni opuso resistencia. Salió a la puerta de su casa ubicada dentro del hotel y abrió frente al juez que se encontraba en su mejor versión de Rambo. Teniéndole a unos pasos le gritó: “¡Alfonso Patjane Ceja quedas detenido, aquí está la orden de aprehensión y la orden de cateo, vamos a entrar!”. Acto seguido entró con todo el despliegue policiaco a sus espaldas. Tras el incidente las notas no se hicieron esperar. La cúpula empresarial condenó la fabricación de ese delito, la prepotencia y el abuso de autoridad del juez Carlos Guillermo. Poco después el juez salió de sus huestes.


Y desde entonces, no se lo tragan ni con agua. ¿Lo dejarán volver?




 
 

 

 
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