Dios en el poder


Selene Ríos / Edmundo Velázquez

 

Serán los vientos solanos



El borrachito con Juan Celis Cambio/Foto/Archivo / Ulises Ruiz

Son esos los vientos solanos los que enloquecen a la gente.


Sacan a las personas de sus cabales y las arrastran a destinos inimaginables.


Ese es el caso de nuestro mal querido y nunca leído Óscar López, director de La Opinión.


El sábado pasado, durante la fiesta del gobernador celebrada en el Salón Country, el señor se puso espeso o como dicen algunos se puso mala copa.


No es novedoso que el ingeniero pierda el piso con unos cuantos tequilas, pero nosotros qué culpa.


No vamos a andar controlando a borrachitos para que no hagan el ridículo.


Óscar López, gordito y de bigotito, cuyo rostro no teníamos el gusto de conocer hasta ese trágico día, tuvo la ocurrencia de encarar y amenazar a nuestros compañeros Efraín Núñez y Yonadab Cabrera.


Sí que sí.


Así como lo leen.


El empleadito ese se acercó a nuestros colegas para dejarles en claro que si le pegaban en Cambio, él no respondería con cartitas —Como mi adorado Carlitos Meza—, sino que nos rompe “toda la madre”.


Uyuyuyuyuy.


La plática fue más o menos así:


—¿Tú eres Efraín Núñez? Yo soy el ingeniero Óscar López… chó gusto en conocerte— dijo el ingeniero.
—Mucho gusto— respondió el reportero.
—Cuídate mucho— dijo en tono amenazador con movimientos tiernos.
—Y yo soy Yonadab Cabrera…
—Ah ya veo, tienen las mismas complicidades. Aún no han escrito nada de mí, pero cuando lo hagan les voy a partir toda la madre.
—Me parece un trato de caballeros— terminó la plática Yonadab Cabrera.


En cada mesa en la que se sentaba Óscar López señalaba y señalaba a los reporteros de esta casa editorial que estábamos ahí. Algunos políticos lo ignoraban, otros como el buen Luis Alberto Arriaga, sonreían ante sus diatribas etílicas.

 

***


Pero ahí no termina la oscaraventura.


Ya cuando el alcohol le había elevado la testosterona, se enamoró de mis cabellos rubios o de mi nueva nariz o yo qué sé, y comenzó a fotografiarme.


Y no me extraña que eso pase. No lo estoy culpando. Pero es bastante molesto lidiar con borrachines en horas de trabajo.


Estaba yo sentada junto a los ex diputados Rodolfo Huerta y Edith Cid Palacios, cuando Óscar López se acercó sin decoro alguno con celular en la mano y me tomó una fotografía.


Yo me puse de pie y fui tras él.


—¿Cuál es tu problema? ¿O qué se te ofrece?— pregunté.


Por supuesto, Óscar López no tuvo el valor para contestarme y se dio la vuelta.


Fue corriendo a los brazos de Javier López Zavala y le mostró la fotografía que acaba de sacarme.


López Zavala lo miró con desdén y siguió su camino.


Y así siguió con algunos políticos ahí presentes: mostrándoles la fotografía y haciendo comentarios sobre los reporteros de esta casa editorial.


En fin.


Ya escribimos de ti, Oscarito.


¿Otra foto o qué?



Le sobra mucho, pero mucho, corazón

 

Echarle porras al gobernador le sale bien.


Para ser servil y nada crítico, también es perfecto.


Pero descubrimos que hay algo más que le sale bien a Gabriel Huerta Ortega, el líder del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).


Y es cantar.


Woooooooooooooooooow.


Sí así como lo ven.


El líder se avienta sus palomazos, gorgoritos y demás…


¡Y lo hace bien!


¡Nosotros hasta le aplaudimos!


Fíjense que como buen viernes social terminamos en un bar, en Il Canto, el antro de La Juárez que pues precisamente es un muy divertido karaoke.


Después de varias rondas de canciones, las típicas de Juanga, de la Dúrcal, de Yuri, de Dulce, La Quinta Estación, Alejandra Guzmán y etcéteras; después de varios parroquianos que cantaban bien, mal y de la fregada —como una tal Celina que daban ganas de bajarla a botellazos—, apareció en el escenario el líder del Consejo Coordinador Empresarial.


¡’Ámonos!


Cómo de que no.


Gabriel Huerta subió confiadísimo con micrófono en la mano al escenario.


Con la confianza de un pachuco de vecindad.


No, qué va.


Cual profesional del canto.


Bien plantado, seguro de sí mismo el líder provocó entre los espectadores varios sorprendidos —entre ellos nosotros— cuando empezó la música de fondo del clásico bolero que canta Luis Miguel “Mucho corazón”.


Y pensábamos que no podía. Y sí pudo…


Ya saben, con mirada matadora comenzó a cantar con un leve sonsonete y un sencillo meneadito de cabeza.


“Di si encontraste en mi pasado… una razón para quererme… o para olvidarme...”


Y provocó los gritos de la multitud.


—Casi aventamos el bra…—


Bueno, de los que prestaban atención porque había varios con sus copas encima.


Pero lo mejor fue el coro que casi casi se lo aventó cual barítono.


“Daaaaaaaaaar por un querer la vida misma sin morir… eso es cariño. No lo que hay en ti...”.


Uy, y el final.


¡Qué final!


“Yoooooooo para querer… no necesito una razón, me sobra muuuucho, pero muuuucho coraaaaazooooooón...”


Ojalá y que la próxima que Gabriel Huerta tenga que criticar al gobierno pues por lo menos que le ponga un poquito de corazón.

 

O mejor que de plano se dedique a la cantada.

 



 
 

 

 
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