Dios en el poder


Selene Ríos / Edmundo Velázquez

10/03/2009

Qué Jodidos



Puros pretextos nomás.


Que si eran profesionales.


Que si estaba Piñeiro jugando de medio.


Que si estaba el portero de Los Lobos tapando todos los golazos.


Quesque también llegó Juan Alvarado Jr. —hijo del director técnico de Los Lobos—.


Uy, nanita.


Que Damián Hernández sí la armaba a pesar de la pancita y la crudita.


Que Jorge Morgado llevó a sus policías de la Auxiliar de cachirules.


O mejor dicho, que llevó a sus cachirules profesionales haciéndose pasar por policías auxiliares.


Que también llegó un tal Quiroga.


Y quesque re chido el tipo.


Que el arma mortal del equipo contrario resultó ser el señor gobernador.


Quesque el Messi  nació en Nativitas Cuautempan.



El caso es que el mundo conspiró contra nuestros compañeros reporteros que fueron vapuleados, humillados, avasallados, derrotados, azotados, masacrados, vilipendiados y rete madreados el sábado pasado en un encuentro futbolístico en contra del gobernador y su super-archite-rete-contra-mega equipo.


Pobres, colegas.


17 goles a cero.


A cero.


¡Les dieron zapato!


Se notó que les faltamos en la porra con pompones y machincuepas.


Eso les pasa por no invitarnos.



Pero lo peor, la vergüenza, la pena, el apocamiento lo vivieron ayer cuando salieron a las calles a trabajar a tratar de justificar su pésima actuación ante el equipo del góber.


Pero nada tan bajo como el organizador del partido, Juan Carlos López Rojas, que ayer en plena depresión juró que la goliza no fue tan tremenda.


Que no estuvo tan cabrona como lo marcaron los medios locales.


Que fue leve.


Que todos tergiversaron la cifra para dejar bien parado a Mario Marín —cuyo sueño infantil era jugar en algún equipo de primera división—.


Que no fueron 17 goles.


Que no, que no.


Que nomás fueron 16.


Y que en efecto, ellos quedaron en cero.



¡Esperen!

 

Eso no es lo peor.


Nuestro amigo López Rojas, mejor conocido como “El Changón” —siempre atento, cariñoso y amable con nosotros— planeó la humillación, perdón, el juego, desde hace seis meses.


¡Por Dios!


Dicen que desde septiembre del año pasado, el buen Juan Carlos anduvo gestionando un súper encuentro pambolero para que los reporteros se enfrentaran cara a cara con el señor gobernador constitucional del estado de Puebla.


El sueño de todo reportero… ¡Cómodo!


La anécdota más cotizada de las reuniones familiares: “Un día, mijo, jugué con el góber Marín y nos metió una goliza. Pero fue muy gratificante.”


¡Asco!


¿Aunque no hubiera sido mejor que el señor organizador gestionara una entrevista con el mandatario, mismas que son tan complicadas de conseguir?


Aprovechando su talento para convencer al primer priista en la entidad de estar al lado de un grupo de reporteros.



Moraleja:


Señores reporteros con el poder no se juega, y menos al futbol.


¿O perdieron ganando algo?


Confiando en los buenos oficios de los reporteros, aducimos que nuestros colegas llegaron crudos.


O eso digan, señores.

 

No se hundan más en la vergüenza.

 

 

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas