Dios en el poder


Selene Ríos / Edmundo Velázquez


Micalco, ¿zavalista?


Los panistas invitados al tercer y último informe de Enrique Doger Guerrero ya habían confirmado su asistencia.


Ya tenían reservados sus espacios en las primeras filas del Cabildo para acompañar al aún alcalde capitalino en su último acto protocolario.


Es más, ya estaban camino al primer cuadro de la ciudad cuando recibieron la llamada de su líder, Rafael Micalco Méndez.


El mensaje fue breve: “Ningún panista irá al informe de Doger, no vamos a legitimarlo”.


¿Miau?


Pero no todos los panistas recibieron el telefonema o de plano dos de ellos lo ignoraron.


Uno fue el diputado federal Francisco Fraile, quien en lugar de quedarse en casa, se trasladó al Charlie Hall para lucir su hermosa corbata Burberry en el Salón de Protocolos.


Otro que escapó al yugo de Micalco fue Rafael Moreno Valle, quien obedeció, pero a medias.


Aunque ya se encontraba a pocas cuadras del Palacio Municipal atendió la orden de Micalco y dio la vuelta en la primera esquina que se encontró.


Sin embargo, a las pocas horas declinó. Y se presentó en el festejo dogerista, realizado en el restaurante La Floridita.


Moreno Valle se quedó con Doger hasta el final.

 

***

 

Por ahí nos enteramos que detrás de la orden de Rafael Micalco hubo una mano negra.

 

—No, negra no.
—¿Entonces?
—Una mano chiapaneca.
—Mmm, también es negra.


Fue el pijijiapeño el que operó con nuestro querido Rafael Micalco para evitar que los panistas asistieran al informe de Doger, al cual, por cierto, tampoco fue el gobernador Mario Marín Torres.


Los marinistas no podían darse el lujo de desairar a Enrique Doger, mientras la oposición lo arropaba.


Que no, que no.


Los marinistas no permitirían que los panistas acudieran al informe del aún alcalde capitalino, cuando se negaron a acompañar a Mario Marín el mes pasado.


Chale.

 

Villeda vs Looney Tunes


Que se cuiden Bugs Bunny, El pato Lucas, Piolín y Silvestre.


—¡Aaaah!— grito desgarrador.


También que vayan contratando guaruras Pepe Lepú, Elmer Fudd, Sam Bigotes y el Gallo Claudio.


Vaya que tiemblen todos y que salgan corriendo como si fueran el Correcaminos. —Pí, piií—


Porque no saben lo que viene detrás de ellos.


Y es que prácticamente la pe-ge-jota (PGJ) ya les declaró la guerra.


Pues podrían tener el mismito destino que “El Demonio de Tazmania”. —Ay, es mi personaje favorito, hasta peluches tengo—.


Y es que en la defensa de los policías judiciales, la torturadora Blanca Laura Villeda aseguró que Ricardo Ramírez, alias “El Demonio de Tazmania” sí se murió en la Procuraduría, pero el muy demonio se lo merecía por andar robando chelas y un devedé (DVD).


Tiemblen Looney Tunes, ¡tiemblen!


Porque ahora resulta que la funcionaria justifica una muerte —bajo una serie de irregularidades— nada más porque “El Demonio de Tazmania” había robado la inmensa cantidad de menos de 2 mil pesos en cervecerías.
Todo por defender, hasta la ignominia, la imagen de la ya muy desprestigiada pe-ge-jota.


¿Será que después de acabar con todos los personajes de la Warner va con todo contra el mundo mágico de Disney?


Nos resignamos de la tortura a Lydia Cacho, pero a Mickey Mouse no lo permitiremos. Eso sí que no.

 

Más de las tarjetas fiadas. La semana pasada les narramos la terrible historia del director administrativo de la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal, Jesús Jaime Hernández Méndez, quien se ha negado a pagar las tarjetitas de presentación de su jefe, Rolando López Villaseñor.


Lo peor del director administrativo no es su miserable actitud, sino su parentesco con Ludovico Mora, perdón Ludivino Mora, ex titular de la secretaría ya mencionada.


El ex extorsionador de policías, perdón, el ex secretario de Seguridad emigró a Teziutlán para contender en las pasadas elecciones y se le olvidó cargar con su cuñadito.


Y ahora entendemos porqué.


Hasta donde sabemos, Jesús Jaime Hernández mantiene firme su convicción de heredarle la deudita de 18 mil pesitos a Blanca Alcalá Ruiz. La segunda opción del funcionario es que alguien pague la deuda de su bolsita.
Chale.

 



 
 

 

 
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