Dios en el poder


Selene Ríos / Edmundo Velázquez

12/03/2009

Barney, se salio con la suya



Barney, el dinosaurio, morado con motas verdes.


Es progresista, revolucionario, liberal.


¡Podría ser priista!


Pero es gringo, y seguramente demócrata.


Esa botarga de fieltro reconocida mundialmente y odiada por cualquier persona que supere los ocho años, demostró tener más claridad, prudencia, congruencia, tolerancia, inclusión y respeto por la diversidad sexual y familiar que el flamante presidente de la Gran Comisión del Congreso, José Othón Bailleres, algunos de sus correligionarios y la bancada de Acción Nacional.


La semana pasada, Bailleres y otros legisladores presentaron una iniciativa de reforma a la Constitución de Puebla que reconocía únicamente a la familia basada en el matrimonio y que cerraba por completo la posibilidad de la despenalización del aborto y la eutanasia en cualquiera de sus vertientes.


Ayer en plena discusión al interior de la Comisión de Gobernación, los legisladores optaron por reconocer a la familia en cualquiera de sus formas de organización, y estamos seguros que obedeció a que Pepito, Pablito, Lalito, Humbertito y demás pe-que-ñi-tos del Congreso escucharon a Barney para inspirarse en las nimiedades que hicieron como modificaciones.


Y si no, basta leer o escuchar una famosa canción del dinosaurio purpúreo moteado en verde que casualmente se llama: “Mi familia me gusta así”.


Veamos o escuchen

 

La familia es cariño /
la familia es amor /
que te hace muy feliz/
Las hay de muchos tamaños/
ninguna es igual /
la mía me gusta así /
la mía me gusta así /

 

¿Y quién sigue ahora?

Tengo un amigo que vive con sus papás
y dos hermanos que juegan con él.
Tiene un gato, un perro y una rana también…
¡Me alegro mucho por él!

 

Y Ahora Michael…

Una niña vive con su mamá /
Su papá no vive ahí /
aunque ve a sus padres/
de uno a la vez/
ambos la aman y es feliz/

 

Te escuchamos Tina
Se acaba de mudar un niño genial /
que viene de Alabama/
En su familia la cabeza/
es muy especial /
es su abuela adorada.

 

Sin duda, los diputados aprendieron del odioso Barney, cuya canción fue escrita a principios de la década de los noventas y ya consideraba las diversas formas de organización de una familia, y hasta el divorcio ya lo consideraba como una situación cotidiana en las distintas comunidades.


Lo patético, queridos lectores, es que tras la modificación en la que eliminaron el matrimonio —hombre y mujer— como única base del núcleo familiar, los legisladores ¡festejaron su apertura!


¡Celebraron su sensibilidad ante la realidad!


Y aseguraron que con la fracción primera del ahora Artículo 26 de la propuesta de reforma que establece: “Su forma de organización”, los homosexuales, lesbianas, transexuales, transgéneros, travestis y demás variaciones de la LGBTTT ya están incluidos.


Ajá.


Por si con ello, queridos lectores, ya están asqueados del nuevo PRI ultraderechista, que basó su iniciativa en la Carta de los Derechos de la Familia emitida por el Estado Vaticano en 1983, les recomendamos que vomiten de una vez que apenas les contaremos lo más drástico de la reforma, que seguramente será aprobada este día en el Pleno Legislativo.


Nuestros patéticos, religiosos, retrógradas, misóginos y excluyentes legisladores establecerán en la Carta Magna la protección del Estado a la vida desde el momento de la concepción.


Es decir, desde que un espermatozoide fecunde al óvulo.


Están cerrando las puertas para siquiera discutir en algún momento la despenalización del aborto por decisión personal. 


Ninguna mujer poblana tendrá el derecho a decidir sobre su cuerpo y el producto que lleve en su vientre.


Por mandato constitucional se verá obligada a parirlo, a menos que viaje al Distrito Federal a ejercer su libertad personal, porque en la ciudad más grande del mundo —que se ubica a unos 200 kilómetros de distancia de Puebla— sí existe el respeto a los tratados y los pactos internacionales firmados en la Organización de las Naciones Unidas.


En pocas palabras, seguiremos encontrando bebés en basureros, bolsas de plástico o en las orillas de las carreteras.


Miles de mujeres seguirán muriendo en las planchas de consultorios clandestinos.


Ah y señores, cuídense de contraer alguna enfermedad terminal porque no habrá eutanasia u ortotanasia, ya que a partir de mañana nuestra Constitución establecerá la protección de la vida hasta “la muerte natural”.



Hoy, las diputadas de la LVII Legislatura jugarán un papel fundamental en la votación de la reforma a la Carta Magna, en especial las mujeres priistas que han peleado por sus propios derechos y de los indígenas: Bárbara Ganime, Malinalli García, Angélica Hernández, Josefina García, Érica Suck Mendieta, Gudelia Tapia y Rocío García Olmedo.


No contamos a las panistas, porque es una pérdida de tiempo.


Sorpresivamente Carolina O´Farril e Irma Ramos ahora sí cumplirán su papel opositor.


No nos desamparen.

 

Que somos muchos y de muchos colores.

 

 



 
 

 

 
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