Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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13/10/2009

Lluvia de champagne
(Monterito´s revenge)



No entiendo por qué el junior bateado está tan enojado conmigo.


¡Ni su nombre puse!


Me reservé la identidad del muchachito para no arruinarle sus ínfulas de galán adinerado.


Tenía la intención de no minarle su autoestima.


De no herirle su amor propio.


Pobre hombre, no iba a soportar en la misma semana el rechazo de una chica y su exposición en este humilde espacio.


Y sin embargo, el señor de padre todopoderoso sacó el cobre.


Sssss.


Juro, me sentí como en un partido de fútbol llanero de mi pueblo…


“Ahí va el agua de riñooooooooooooooooooón! 


Por los clavos de Jesucristito, qué ordinario es el hijo del secretario de Gobernación.




El fin de semana salí a dar una vuelta por la ciudad, por azares del destino, y la alineación de los astros, me quedé atorada en un antro de moda.


Resignada llegué a la mesa de mis amigos y me instalé contra mi voluntad.


Apenas iba a saludar a un buen amigo, cuando espantado me dijo:


—¿Ya viste quién está a tu izquierda?
—No.
—En el reservado.
—No sé, no alcanzo a ver… hay mucha gente ¿Quién es?
—Tu junior.
—¿Netaaaaaaaaaaaaaa? ¿Es Monterito?
—¿Habrá algún problema?
—Espero que no, creo que no me ubica físicamente.




Pasaron unos cuantos minutos y miré hacia la mesa del junior aquel.


El señor con la sutilidad de carnicero que le caracteriza me apuntó con su dedo inquisitivo.


—Ups, sí me conoce
—Parece que sí.


Todo estaba tranquilo en la zona, Lady Gaga cantaba “Pocker Face” y yo platicaba amenamente con una amiga del Ayuntamiento.


Dos metros y un barandal separaban al junior de mi mesa.


Él bailaba y le lanzaba besos a una chica.


La chica obviamente lo ignoraba.


Él se postró en el barandal y comenzó a cantar apasionadamente.


Yo, por más que evitaba poner atención a otra cosa, lo observaba.


Y eso me pasa por chismosa.


El hijo del alto aspirante priista a la alcaldía capitalina levantó su mano derecha con el puño cerrado, la inclinó hacia él. Entonces lo entendí.


Me mentó la madre.


Snif
Snif
Snif


Y de nuevo la juniorseñal.


Y otra vez.
Y otra vez
Y otra vez.


“¿Y doña Soco qué culpa tiene?”, pensé.


Pero bueno, una mentada de madre a nadie la hace mal.


La acepté estoica.


Por la columna antepasada lo regañó su papá y su novia, sus amigos se burlaron de él, se gastó como 400 pesos en el Sanborns en un desayuno e  hizo como 100 llamadas para negarlo todo.


La sufrió Mario chiquito.


Me merecía la mentada de madre.




Pasaron un par de horas y el alcohol comenzó a hacer estragos en el cuerpo del jovencito.


Su ira se agudizaba por cada copa de hidalgo que se bebía.


De nada sirvió que su hermana estuviera a su lado, el junior se salió de control.


Viridiana Lozano brincaba —no bailaba— muy divertida cuando sucedió todo.


De pronto se paralizó.


Sus ojos se entrecerraron.


Comenzó a llover en el antro.


Casualmente sobre la mesa en la que estaba con mis amigos.


Burbujas mojaron nuestros cuerpos.


Volteamos al mismo tiempo al reservado del muchachito.


Oh surprise!


Oh my god!


El adinerado seductor frustrado tenía una botella en la mano y con todo el coraje que cabe en su cuerpo dirigía el chorro contra nosotros.


Miau.


El alaciado valió gorro.


Lamí mi brazo.


Mmm... champagne


Ash.


Por algo nunca me han gustado las burbujas.


—Además me rete atontan—


Ay… se gastó más de tres mil pesos para “vengarse” de mí.


Es lo mejor que han hecho por mí, aunque agradezco de todo corazón no habérmelo topado en el estadio.


Iú.

 

Como sea, gracias Monterito.

 



 
 

 

 
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