Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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15/06/2010


Los bloopers chavalistas



¿A poco ya se aburrieron de las campañas?

 

¿Están hartos de leer y leer sobre los actos proselitistas?


Imagínense cómo estamos todos los reporteros…


Yo hasta náuseas siento cuando Rafa habla sobre su abuelita Engracia Valle…


Lo juro.


Pero no todo es malo, también hay bloopers que valen la pena narrar.


Verán:




El domingo pasado, el abanderado priista-ecologista estaba muy entrado en su discurso sobre los jóvenes, las mujeres y los viejitos en el mercado de Loma Bella.


Ya se imaginarán: “Yo trabajaré por viejitos. Yo seré justo con mujeres. Yo identificarme con jóvenes”…


La gente escuchaba el discurso zavalista y agitaba de vez en vez los globitos para animar el ambiente.


Uno que otro inventaba porras que se perdían entre la multitud.


De pronto, una señora rompió la armonía zavalista tan ensayada, organizada y controlada.


Desde las últimas sillas, una señora esquivó porristas, burócratas, madres solteras y viejitos para llegar al candidato.


Al llegar al presídium, del lado izquierdo se encontró con dos enormes obstáculos: la bocina y una bola de guaruras de Zavala.


Pero la determinación de la señora era imparable.


Brincó la bocina, sorteó a los guaruras y un jocoso simpatizante priista la pescó del brazo derecho.


—¡Déjenme pasar!
—No, puede señora, hasta que termine su discurso…
—¡Que me sueltes, idiota!


El eco de los gritos de la señora rebasó la voz del candidato y robó la atención de las primeras filas.




López Zavala estaba en el lado opuesto del desmán, prometiendo dinero, felicidad, amor, juventud y unicornios.


La señora se apersonó sobre el lado izquierdo del presídium.


Nadie pudo detenerla ya.


Con paso firme y la mirada desencaja, llegó al lado del candidato.


—Por eso, yo prometer construir la n…


Enmudeció.


Pues, en plena promesa, el abanderado del PRI-Verde giró su humanidad y se topó con la histeria de la dama.


Pegó un ligero brinco.


Carraspeó la garganta…


Sonrió nervioso.


Frente a frente.


Ella, rugió.


Gr…gr…gr…


—…uuueva ciudá universitaria— dijo el candidato casi susurrando.


La dama alzó la voz y las manos.


—¡No vengas a prometerme nada! ¡No nos cumples! ¡Nos dejaste abandonados! ¡Yo no pienso votar por usted! ¡Vaya usted a *$%&·$!


Zavala volteó nervioso hacia su gente de seguridad.


Dueño del micrófono y preso del miedo, continuó balbuceando frases sin sentido.


Pero con la voz disminuida a susurros.


El público querido salió al rescate: “¡Zavala gobernador! ¡Zavala gobernador!”


De repente…


¡Bibidiba-bibidibú!
¡Bibidiba-bibidibú!


En tres segundos e inexplicablemente, la señora desapareció.


—Confío en que esté sana y salva—




Pero lo peor fue cuando al candidato se le ocurrió la brillante idea de “calmar” a la gente y de disipar cualquier duda.


Ya saben, pa´ evitar malos entendidos.


—Yo querer explicar que señora estar enojada porque gente nuestra estacionar carro frente a zaguán suyo. No pensar mal. No enojarse conmigo. Ya quitar carro y problema estar resuelto.

 

¡Ay panquecitooooo!

 



 
 

 

 
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