Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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20/04/2010


La maldición de Blanquita



Malos días para la alcaldesa.


Nefastísimos.


La semana pasada le reventaron más escándalos que en sus dos años de gobierno.


Primero, la revelación que hiciera CAMBIO sobre el pago de 3 millones de pesos para una encuesta, cuyo objetivo, la alcaldesa capitalina, no ha podido explicar.


Fiel a su estilo escapista, Alcalá respondió con un simple: “No caeré en provocaciones”, en lugar de especificar por qué el Ayuntamiento capitalino invirtió más de 3 millones de pesos para un estudio demoscópico.


Miau.


Después, los gasolineros tronaron en su contra y la acusaron de beneficiar a sus amigos para los permisos de construcción.


Uff.


Qué semanita.


—Y yo quejándome de mi mala racha—


Una limpia con huevo y plumas de zopilote prieto no le caería nada mal.


Chaca.
Chaca.

Chaca.
Chaca.


O de plano, un baño de buenas vibras —tengo un guapísimo guía espiritual que le puedo recomendar—.



Y como dicta la Ley de Murphy: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”.


¿O no, Emilio?


Let´s see.


Para concluir la semana, el Ayuntamiento capitalino se quedó sin fondos para pagar los irremediables chayos mensuales de los reporteros.


¡Dios!


¡Pobre, Blanca!


A finales de la semana pasada, Emilio Trinidad y su brillante chofer trasladaron medio millón de pesos a la oficina de Comunicación Social para iniciar el reparto de los “apoyitos” para reporteros y directores de medios de comunicación.


Todo iba bien.


Hasta que el chofer y el director de Comunicación Social tuvieron la prudente ocurrencia de “dejar la puerta abierta” con un maletín repleto de 500 mil pesos en billetes chiquitos.


Of Course.


Cualquiera lo haría.


Nadie sería capaz de robarse 500 mil pesos en una oficina gubernamental.


But,¡ Oh surprise!


Horas después, Emilio Trinidad se dio cuenta de que faltaban entre 50 y 58 mil pesitos del “presupuesto especial” para los medios de comunicación.


Whaaaat the hell?


Obvio, los reporteros de la fuente asiduos a las cuotas del Ayuntamiento están incontrolables.


Hambrientos.


Sedientos.


Verdaderamente, encabronados.


Y aunque ya les explicaron que hubo dificultades para darles su “apoyito”, mis compañeritos no escuchan razones.


Bendito Dios que el dinero de los directores está intocado.


Lo curioso es que el “ladrón” solamente tomó 50 mil pesos del medio millón guardado en el maletín de Emilio Trinidad.


Turururún. Turururún. Turururún (léase con el tonito de Mario Bros).



Pero lo peor fue cuando entró la Contraloría a “investigar” el supuesto robo.


Primero, el chofer no supo explicar dónde dejó el maletín.


Emilio declaró que era dinero de la oficina para “asuntos especiales”.


Más tarde, Trinidad cambió la versión y juró que le robaron su quincena, no el presupuesto para “asuntos especiales”.


—Aunque solamente gana 40 mil pesos y faltan casi 20 mil pesos más—


¿Tons?


Mala racha, alcaldesa.


Comparto su dolor.



 

Caramelos y gomitas. Carlos, un buen amigo y asiduo lector de este espacio, se estrenó el mes pasado como papá de Karim y estoy segura que hará hasta lo imposible por hacerla sonreír toda su vida. ¡Mil ocho mil felicidades, Garber & Cía!

 



 
 

 

 
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