Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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20/10/2009

Boda en el Charly Hall



Que comiencen a correr las amonestaciones.


Tan, tan, tatán. Tan, tan, tatán…
Tan, tan, tatán. Tan, tan, tatán…
Tan, tan, tatán. Tan, tan, tatán… —Léase como marcha nupcial—


El amor…so sweet


¡Ahh!


Suspiros


Y más suspiros.


Un lindo cuento de fantasía que ni siquiera Disney podría contar.


No tiene las hadas de la Bella Durmiente


Tampoco el espagueti de la Dama y el Vagabundo.


Mucho menos una malvada bruja como en La Sirenita.


Se trata del romance del Rey de Chocolate y la Princesa del Palacio.


A comprar zapatitos dorados y trapitos de lujo pa’ la gran boda del trienio.


¡Adoro las bodas!


Me encantan, me encantan.


Me retehacen llorar.




Antes de comenzar el gran reinado en el Palacio Municipal, la Princesa y el Rey de Chocolate se enamoraron.


Se juraron amor eterno.


Nada, ni nadie los separaría.


No había obstáculos ni villanos que impidieran ese gran amor.


Hasta que la madre de la Princesa fue coronada.


Justo ahí comenzó el gran tormento.


Los cortesanos condenaron el romance.


“¡Es imposible!”, “¡Es inaudito!”, “¡Se tienen que separar!”, “¡Es un gran escándalo!”


No hubo mayor explicación a la condena.


Sólo prejuicios.


La Reina, recién llegada al trono, buscando la paz en sus dominios aceptó la demanda de sus vasallos y a pesar del amor por su hija, decretó la separación.


La cruel separación.




Desesperados y entristecidos aceptaron el mandato de la Reina.


Él fue designado para una tarea especial en el reino que le consumía todo su tiempo.


Y siempre a la vista de la Excelentísima.


La Princesa nunca pudo disimular el dolor y todo el tiempo le reprochaba a su madre, la absurda decisión.


La Reina no cedió.


Ratificó su decreto y para colmo ordenó el claustro de la Princesa.


Por las noches, los gritos adoloridos de la Princesa atormentaban a su Majestad.


La Princesa fue exiliada al extranjero.


A kilómetros, kilómetros y kilómetros de la Angelópolis.


Cuentan, a un lugar frío, con gente blanca y de lenguaje extraño.


“Allá lo olvidará”, pensó su Majestad.


Pero ni el tiempo ni la distancia los separaron.


Cartas, correos electrónicos, Facebook, fotografías y llamadas, mantuvieron unida a la cuestionada pareja.




Un buen día ella volvió de la tierra lejana, con nuevos vestidos, con nuevo peinado y con el único propósito de oficializar su amor con el Rey de Chocolate.


Peleó con su madre.


Apeló a la bondad de su padre.


Todo fue en vano.


Los prejuicios se interpusieron otra vez en la joven pareja.


Entonces, el Rey de Chocolate y la Princesa del Palacio tomaron una decisión: verse a escondidas.


Él inventaba reuniones en las zonas más lejanas del reino para la construcción de infraestructura deportiva.


Ella agendaba citas con sus pares para tomar el té.


Pasaron así más de un año.


Amándose como unos locos y escondiéndose como criminales.




Una hermosa mañana, la Reina lo entendió todo.


Caminó a los aposentos de la Princesa y se disculpó vehementemente.


“Tienes razón. Eres libre de amar al Rey de Chocolate”.


La Princesa abrazó a su madre y le agradeció mil veces…


Nadie sabe qué hizo reaccionar a su Excelencia.


La pareja aún le busca explicaciones al cambio de postura.


Ahora se les ve de la mano caminando por la Plaza de Armas.


Su amor, ya es público.


Y pronto lo consumarán con el sagrado sacramento.


Que comiencen a correr las amonestaciones…



La orfandad de la Metropolitana. Siempre que veía a los elementos de la Policía Metropolitana les aventaba besos y los saludaba efusivamente, y no crean que era una perversión o un fetichismo por los uniformes policíacos. ¡No! Me daban mucha confianza, pero ahora las cosas cambiarán con la salida de mi querido amigo Jesús Morales Rodríguez, quien ahora enfocará sus fuerzas en tareas ejecutivas y claro, él está feliz porque sus nuevas oficinas están junto a la Harley-Davidson —su mayor obsesión—.



 

Los clasificados.

  1. Este espacio extiende una sincera disculpa a su amable lector Alexis Téllez, quien se ofendió de manera rotunda con su autora y amenazó con evitar la lectura de Cambio. Prometo no contestarle más con mis sonoros “Miau´s” a sus preguntas filosóficas. Aunque confieso que nunca entendí su comentario.

  2.  

  3. Este espacio hace un respetuoso exhorto al columnista Manuel Cuadras a que cambie el viraje de su vida y se dedique a la cantada, ya que es uno de los talentos musicales ignorados de la entidad. Es más, les presumo que entre sus amigos es conocido como “la voz aterciopelada de la Angelópolis”.



 



 
 

 

 
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