Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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21/01/2010

Salvemos a Montero



Desde hace días tengo una dermatitis en el ojo derecho por la preocupación.


En el izquierdo, también.


—La Teatrical nomás no surte efecto—.


Me comí las uñas de las manos y por poco la de los pies —pero no me alcancé—.


Ññññ. Ñññññ. Ñññññ.


Se me empezó a caer el cabello.


Y hasta un nuevo tic nervioso tengo.


—Eso sí, el hambre no se me fue—.


Cada día que pasa, la idea descabellada de octubre se antoja razonable.


¿Acaso soy la única alarmada por el secretario de Gobernación?


¿Nadie se ha puesto a pensar en Mario Montero?


Alejandro Armenta habla de consideración, generosidad, apertura e inclusión, pero no piensa en la estabilidad emocional del secretario de Gobernación.




Cuando comenzó el proceso interno por la candidatura a la alcaldía capitalina, Montero Serrano sentía que nada ni nadie le arrebataría su sueño dorado: El Palacio Municipal.


Los espectaculares de la camioneta.


Las paletitas.


La rifa del vehículo.


Los juguetitos.


Su afabilidad extrema en cada acto público.


Sus ilusiones.


Sus noches en vela.


Sus proyectos para la ciudad.


Sus sentimientos.


Y, todo, todo a la basura.




El exdirigente estatal del PRI tiene el escenario empachado.


En el Comité Ejecutivo Nacional cocinan la candidatura para el segundo lugar en las encuestas por Casa Puebla, según los trascendidos periodísticos.


En Puebla, el Gran Elegido no lo quiere ni de candidato a alcalde por Palmarito Tochiapan.


¡Qué desgracia!


¡Tanta saliva que ha gastado en alabarlo!




Desde hace semanas, Montero Serrano ha recibido el mensaje claro de las plumas a sueldo de Javier López Zavala: “¡Ni madres!”.


El argumento de los zavalistas es que Montero Serrano no “complementa” la fórmula, ni suma adeptos al Proyecto Z.


Aunque sus desencuentros son bien conocidos hasta por Betty Paredes.


El pobre Montero hasta la sonrisa ha perdido.


¡Es comprensible!


¡Lo van a enloquecer!




En 2001, Melquiades Morales le dio su venia para buscar la candidatura y el entonces gobernador prefirió entregarle la estafeta a su incondicional Julián y Nácer.


En 2004, Montero Serrano buscó nuevamente la oportunidad de abanderar a su partido y fue humillado por Enrique Doger.


En 2006, osó en perder la Senaduría al lado de Melquiades Morales.


¡Por los clavos de Jesucristito!


Se supone que 2010 era su año.


Pero en unas cuantas horas le aplicarán la máxima de Adolfo Ruiz Cortines: “Nos chingaron, compadre”.


¡Noooooooooo!


Piedad.


Misericordia.


Es la tercera vez que se la hacen.


¡Respeto!


¿Nadie se ha puesto a pensar que podría perder la razón?


¿Entienden mi preocupación?


Crish. Crish. Crish. —Léase como rascadito de ojo con ronchitas—.




La cumbia de las luchadoras


—Juro que no es chiste—.


Respetable públicooooooooooo:


¡Lucharaaaán, de dos a tres caídas, sin límite de tiempo!


Primer acto: Un grupo de amigos se divierte en el nuevo antro de la ciudad y pide un Merlot para festejar la apertura del nuevo proyecto. Llega el vino espumoso a la mesa y las chicas de la mesa enloquecen con las luces de bengala.


“La arena estaba de bote en bote,
la gente loca de la emoción,

en el ring luchaban los
cuatro rudos ídolos de la afición”


Tanta era la emoción de los presentes por el éxito de su guapisisisímo hermano, y de las chicas por su guapisisisímo cuñado que abren la botella con el descuido suficiente para empapar a todo el que le rodeara.


Los tres hermanos Esperón gozan con la botella en la mano sirviendo en las copas largas, mientras las chicas de la mesa de a lado enardecen pero del coraje.


Los alegres hermanos ni siquiera notan que a una de las chicas le arruinan el peinado, y mucho menos se percatan del enojo de las cinco señoritas.


Ellas guardan la calma unos segundos y contestan la agresión arrojando el contenido de sus vasos contra los Esperón y sus acompañantes.


Los hermosos hermanos se ofuscan por la reacción de las chicas de a lado y una de las acompañantes revira y suelta el contenido de su copa contra las señoritas.


Ellas esparcen su alcohol sobre ellos.


Ellos ídem.


Muchas veces.


Unos contra otros.


Otros contra unos.


En esta esquina El Santo, El Cavernario
y en esta otra Blue Demon y El Bulldog”.


Segundo acto:


Al cabo de un rato, la novia de Goyo —el hermano mediano— se dirige al baño con movimientos coquetos y altivos. Su perfecta silueta se aleja de la mesa y se pierde en la puerta del water.


Cinco de las chicas enfadadas abandonan su mesa y se encaminan al baño, tras la novia de Goyo.


Cuando sale del baño individual, la novia de Goyo se topa con las cinco chicas empapadas de Champagne y las mira con desdén.


Ellas la observan con detenimiento y sin lanzarle siquiera una ofensa, lanzan el grito de guerra, antes de echársele encima.


¡Arrrrrrrrrrrrrrrg!
¡Arrrrrrrrrrrrrrrg!
¡Arrrrrrrrrrrrrrrg!

 

El Santo, El Cavernario
Blue Demon y El Bulldog.
El Santo, El Cavernario
Blue Demon y El Bulldog
Y la gente comenzaba
a gritar, se sentía
enardecida sin cesar


Zaz.
Cuaz.
Pum.
Traz

.
Le escupen.
La golpean.
La avientan.
La muerden
La patean.


Espantada, la encargada del aseo de los baños corre en busca de ayuda.


—¡Señor! ¡Señor! ¡Están golpeando a su novia!


Goyo acude al rescate.


Tercer acto:


El novio de la herida entra al baño y grita improperios contra las luchadoras.


—¡Perras! ¡Déjenla en paz! —dice envalentonado.


Ellas se carcajean, le meten una patada más a la novia y encaran al hermano mediano.


Métele la Wilson,
métele la Nelson,
la quebradora
y el tirabuzón,

quítale el candado,
pícale los ojos,

jálale los pelos,
sácalo del ring


Cuaz.
Zaz.
Pum.
Traz.
Pum.
Zaz.
Cuaz.
Traz.
Crash.
Crash.


Le tiran dos dientes a Goyo —dicen, los de enfrente—.


De repente entra en la escena el hermano menor Jose —Se llama José—.


¡Vikingaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!


Métele la Wilson,
métele la Nelson,
la quebradora
y el tirabuzón,

quítale el candado,
pícale los ojos,

jálale los pelos,
Sácalo del ring


Y le quiebran la nariz.


¿Cómo se llamó la obra?


La inauguración del Grand Hotel.


¡Muero de ganas por ir!

 

 



 
 

 

 
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