Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
[email protected]

21/07/2009

La gran decepción de Pablito



¡Clap!


¡Clap!


¡Clap!


Dios en el Poder felicita al homenajeado legislador priista que ganó la nominación del ilustrisísimo Colegio de Abogados al mejor diputado local.


Hombres desos ya no existen.


Menos con semejante humildad, caray.



La semana pasada, el presidente del Ilustre Colegio de Abogados, Jorge Alberto Domínguez Martínez, llegó al Congreso local para darle la buena nueva a Fernández del Campo.


Subió las escaleras y llegó al segundo piso.


—Está en sesión, ahora le aviso —le explicó su asistente.


El abogado esperó aproximadamente 30 segundos en el vestíbulo, antes de que Pablito subiera las escaleras como un ratero de autopartes y apareciera en el lumbral todo sudado y nervioso.


—Di-dígame, shheñor. Ash shus órdenes —balbuceó casi asfixiado el buen Pablito.   

—Mmm… Buenas tardes, diputado… gracias por venir tan rápido.

—Sí, no, al contrario ¿En qué puedo servirle?

—Necesitamos hablar…

—¡Claro! Pásele.


Ambos se sentaron en el privado del priista.


Jorge Alberto Domínguez explicó detalladamente sobre los reconocimientos que el Colegio de Abogados expide cada año a doce miembros del gremio que destacan en la sociedad.


Fernández del Campo guardó cada palabra en lo profundo de su corazón.


—Y usted señor…


Aún no le daban la noticia, cuando el legislador enrojeció y sonrió nerviosamente.


—Le decía, usted señor ha sido elegido para recibir el premio como el mejor integrante de la LVII Legislatura.



Los ojos del diputado se desorbitaron.


La pupila se le dilató.


El reloj de su pared se detuvo un instante.


Tic-tac-tic-t…


Ahogó un grito nacido desde su estómago y siguió paralizado.


Jorge Alberto Domínguez no sabía qué hacer.


Pablito alcanzó a gemir.


Entonces, el presidente del Colegio de Abogados retomó el control de la situación.


—La entrega del premio será mañana en una ceremonia solemne en la Escuela Libre de Derecho…
—¡Claro! ¡Claro! ¡Sí! ¡Muchas gracias! ¡Qué honor! ¡Qué inmerecido!
—Como lo dicta el protocolo haré lectura al acta del reconocimiento…
—Adelante, por favor, aunque no es necesario.
—El Ilustre Coleg…
—Perdón que lo interrumpa, pero… ¿A la ceremonia puede ir mi familia?
—Sí, claro. Continuo: El Ilustre Colegio de Abog…
—Perdón que lo interrumpa, pero… ¿Cómo le hago para que vaya mi familia a la ceremonia?
—Es en la Libre de Derecho, no hay ningún problema. Más tarde hay una comida para los homenajeados. Continuo, diputado: El Ilustre Colegio de Abogados tiene el hon…
—Perdón que lo interrumpa, otra vez… ¿Usted me dará los boletos para toda la familia?
—Sí, diputado, sí. ¿Puedo continuar? El Ilustre Colegio de Abogados tiene el honor de extenderle un reconoc…
—Perdón, disculpe que lo interrumpa, ¿cuántos boletos me darán?
—Los que n-e-c-e-s-i-t-e diputado… exten-extenderle un reconocimiento a su persona con el moti…
—Perdón, perdón que lo interrumpa, pero ¿de veras los que quiera? ¡Son muchos!
—Que sí, diputado. No se preocupe… Con motivo de su excelente labor legislativa segú…
—¿Y con quién hablo para los boletos de la comida?, perdón, ya no lo voy a interrumpir… continúe… adelante, por favor.
—Segú-según la comunidad. Por ello recono…
—No se le olvide darme el número de la persona que me dará los boletos ¡eh! —susurró Pablito.
—Recono-reconoce a Pablo Fernández del Campo. Atenta…
—¿Pero en serio los boletos que quiera, verdad?
—Atenta-atentamente Jorge Alberto Domínguez. Sí los que quiera, y mire llámele al abogado Fulanito y pídale los boletos. Eso es todo, diputado. Lo esperamos mañana. Ya. Hasta luego.



Pero el destino, el maldito destino, le arrebató al legislador su efímero momento de gloria.


Al momento de entregarle el premio, el reconocimiento a su labor, todo se derrumbó.


—… colegio de Abogados extiende el siguiente reconocimiento a nuestro legislador Pablo Fernández…
Y Pablito ya se levantaba de la silla y se abrochaba el saco.
—¡de Lara!

 

Zas.


Y Pablito tomó asiento.


Y ahí se quedó clavando un clavito, pero eso sí, en la primera fila: su esposa, sus hijos, sus suegros, sus tíos, sus mucamas, dos primos, tres vecinos, cuatro amigos de la infancia, su mejor amigo de la secundaria, su perro, su pelícano y su caballo.

(No, la abuelita no pudo llegar.)

 

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas