Dios en el poder


Selene Ríos Andraca

23/04/2009

Blanca y su excusita



O Excusa y su Blanquita.


La mujer priista más importante en la entidad decidió darle la espalda a sus correligionarias, a los ideales del partido que representa y al Estado laico que tanto juró defender.


Bravo, alcaldesa.


Nos ponemos de pie, carajo.


La semana pasada, el Cabildo del Ayuntamiento discutió la aprobación de la reforma a la Constitución que entierra la posibilidad del debate en torno a la despenalización del aborto voluntario y la eutanasia en cualquiera de sus facetas.


Para comodidad y tranquilidad de la alcaldesa, justo ese día tuvo que estar presente en la Instalación de la Conferencia Nacional de Seguridad Pública Municipal en la Ciudad de México.


O bien, justo el día en que tenía que estar en el Distrito Federal, la reforma fue discutida en el Ayuntamiento capitalino.


¿Casualidad o cobardía?



Alcalá Ruiz —quien no ha demostrado apertura ni tolerancia en cuanto a la diversidad sexual o a la libertad femenina durante su gobierno— fue incapaz de respaldar una causa de género que su propia lideresa nacional defiende.


Esquivó con un pírrico pretexto la lucha de sus correligionarias Rocío García Olmedo, Malinalli García, Bárbara Ganime, Claudia Hernández y Lourdes Quiñones, entre otras priistas locales y nacionales. 


¿Y entonces, por qué Alcalá se pronunció a favor del Estado laico el pasado 8 de marzo, si el día que tenía que demostrar su postura se desvaneció de la escena?


¿La sosa estrategia de poner a discusión la Reforma Bailleres en ausencia de Alcalá, resultará efectiva?


Sí, para los imbéciles.


Mas no para las priistas que tomaron la decisión de enfrentarse a la línea del gobernador Mario Marín y no sólo con declaraciones públicas, sino con votos en contra de las modificaciones durante la sesión del 12 de marzo.   



Blanca se negó a escuchar a las mujeres que la buscaron con insistencia para pedirle que fuera el Ayuntamiento capitalino el que rechazara la mencionada reforma.


Blanca olvidó su discurso —ese ya tan aplanado— en el que jura ser la mujer que representa a las poblanas.


Sin titubeo alguno, abandonó a sus regidoras Lidia López Aguirre, Soraya Córdoba Moran, Lilia Vázquez Martínez y Guillermina Hernández Castro, quienes en congruencia votaron en contra del nuevo capítulo de la Constitución dedicado a la Familia, argumentado con conceptos extraídos de la Carta de los Derechos de la Familia emitida por el acaecido Juan Pablo II que la vida comienza en la concepción y termina con la muerte natural. 



¿Y dónde quedó el espíritu del manifiesto de la Igualdad entre hombres y mujeres?


Sí, el mismo que Blanquita organizó, presumió y firmó.


Durante su intervención en tribuna, Rocío García Olmedo citó a Liliana Mizrahi: “En todo aborto hay un varón involucrado, no lo olvidemos, sin embargo ¿dónde está?”


¿Y la igualdad, carajo?


Al caño, porque la alcaldesa tiene que hacer acto de presencia en la Ciudad de México en la sesión más importante del primer trimestre del año.


Como sea, “nadie” notará que se trató de un simple acto de cobardía que comenzó con la concepción de una reforma retrógrada, excluyente y violatoria de los derechos femeninos y con la muerte natural de los principios revolucionarios priistas y la libertad de las mujeres.


Bravo, Bla-Bla-Blanca.

 



 
 

 

 
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