Dios en el poder


Selene Ríos / Edmundo Velázquez

 

Era un hoyo...



Del susto, se nos rete olvidó contarles que la Secretaría de Gobernación —o al menos su titular— pende de un hilo…


Tirin ti rin rin —Léase como musiquilla de suspenso tipo Mario Bros—


Sí, de un maldito hilo…


De calcetín.


He aquí la historia.


Corría el 29 de mayo, era una mañana fresca y nublada. Eran las nueve de la mañana cuando comenzó un acto político en la explanada del auditorio de la Reforma.


Decenas de policías estaban sentaditos esperando la entrega de un estímulo de unos cuantos pesitos que entregaría el mismísimo gobernador.


El gran evento para los policías.


Y nada podría arruinárselos, hasta que el hoyo de un calcetín llamó la atención de todos los presentes.


A tal grado, que los sentados en la primera fila no podían despegar los ojos de un tobillo de primer nivel.


Mucho menos contener el rubor en sus mejillas.


Es más, ya nadie escuchaba los nombres de los galardonados que pasaban con su enorme sonrisa a recibir sus respectivos pesitos.


Nadie los pelaba ya.


¡Nadie!


¡Ni Mundo! —Él cubrió el evento—.


Era un hoyo.


Era un hoyo clavado, en un calcetín.


Era un hoyo…


Era un hoyo clavado en un calcetín de un secretario.


Era un hoyo…


Era un hoyo clavado en un calcetín de un secretario en evento de seguridá.


Era un hoyo


Era un hoyo clavado en un calcetín de un secretario en evento de seguridá, que nadie podía dejar de mirá.


Ejem, ejem.


Retomemos compostura.


Después del intento de rola tipo Chico Ché, continuamos.


La atención la había ganado el hoyo del secretario.


Sí, el hoyo del calcetín negro que pasará a la historia de Puebla.


¿Pero a quién pertenecía el misterioso hoyo del calcetín?


¿De quien era el tobillo desarropado que se asomaba en la explanada del auditorio de la Reforma?


¡De Mario Montero!


¡Noooooooooooooooooooooooooooo!


Sip, Mario Montero rompió plaza con la escena de su tobillo.


Lo que hacen algunos por llamar la atención, caray.



Unas líneas de seriedad


En días pasados, la redacción de Cambio se enfrentó a un hecho insólito para el gremio en Puebla.


Y por eso, desde este espacio queremos agradecerles a periodistas como Arturo Luna de El Heraldo, Enrique Núñez y Alfonso Ponce de León de Intolerancia Diario por su apoyo, preocupación y solidaridad mostrada.


Este agradecimiento lo extendemos también a algunas autoridades del estado y algunos funcionarios —de quienes nos permitimos omitir su nombre— que mostraron su solidaridad y apoyo en momentos complicados.


No dejamos atrás a nuestros amigos, amores y compañeros reporteros que estuvieron con nosotros durante esa semana que, bendito sea Dios, ya terminó.

 



 
 

 

 
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