Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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25/03/2010

La Tangaleadora



Había una vez, en un lugar lejano y muy verde, una Candidata a Diputada que gozaba de las peleas cuerpo a cuerpo.


¡Las sudaba!


Le excitaba enfrentarse con cualquiera y dejarlo devastado sobre el suelo.


Las batallas campales de la Candidata a Diputada eran conocidas por todo el pueblo.


Y casi siempre las ganaba.


Su Reputación llegó al clímax cuando logró colocarse entre los Candidatos de la capital. 


Pero antes de su gloria, se vio obligada a tragar polvo en manos de una priista. 




En diciembre pasado, el hijo del rey, Mario Junior, organizó una bacanal para celebrar las fiestas decembrinas: “Preposada” le llamaron a esa fiesta.


Mario Junior, joven inquieto y puberto en los asuntos de la corona tricolor, invitó a todos los líderes jóvenes del Reino: campesinos, obreros y trabajadores.


Desde los municipales, hasta los distritales.


Todos acudieron al llamado del Junior.


La juventud tricolor se personó en Santa Cruz Buenavista para celebrar el nacimiento del mesías católico.


Un inocente líder llamado, irónicamente, Salomón, arribó al festín con un niño Dios Gigante en sus brazos.


Miaú.


Los invitados lo observaron con curiosidad.


“Es una preposada ¿no?”


Salomón cargó al niño Gigante toda la noche, y aunque intentó endilgárselo a cualquiera, nadie lo peló. 




La variedad de la noche era el Coliseo Inflable contratado por el anfitrión para divertir a los invitados.


La única regla era que las peleas serían entre priistas del mismo sexo, para evitar desventajas.


La noche se fue entre el Coliseo y la barra libre.


Ya con unas copas encima, la aún no Candidata a Diputada gritó:


—¡Yo quiero jugar! ¡Yo quiero pelear!
—¡Silvia! ¡Silvia! ¡Silvia!— corearon en el recinto.
—¡¿Quién se atreve?!


Una menuda lideresa de la FROC llamada Itzel Velázquez agarró valor.


—¡Yo peleo contigo, Silvia!— gritó desde un rincón.


Decenas de gargantas se desgarraron al unísono.


Físicamente, Itzel tenía desventajas contra Silvia, pero poco le importó.


Ambas se despojaron de sus zapatillas y subieron al Coliseo Inflable.


Silvia se negó a ponerse el casco de protección.


—Ay, no, me despeina esa cosa.


Ambas tomaron sus bastones de goma.


Itzel se acomodó el casco y lanzó una mirada furibunda a su rival.


Silvia se acomodó el cabello y le guiñó el ojo a un grupo de chavales.


Itzel plantó sus pies sobre el escenario inflado.


Silvia sonrió coquetamente a otro grupo de chavales que le gritaban porras y majaderías.


El réferi comenzó el conteo.


Prepárense ¡Gladiadoraaaaaaaaaaaaaaas!


¡Unaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!


¡Doooooooooooooooooos!


¡A peleaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar!


La esbelta lideresa estatal de la FROC CROC tomó su bastón y antes de respirar profundamente lanzó el golpe.


Fuaaaaaaaaaag.


Silvia recibió el impacto en su rostro.


Su cuerpecito acariciado por el Reino viró en el aire.


Dos machincuepas completas.


¡Suelo!


Zas.


El tremendo golpe provocó que el pantalón ajustadísimo de Silvia se desacomodara de sus carnes.


Con el cabello en la cara y el pantalón en la cadera se puso de pie.


—¡Fue trampa! ¡Eres una tramposa Itzel! ¡Me pegó antes! ¡Aún no contaban! ¡Que se repita! ¡Odio que hagan trampa!


La gladiadora se ofuscó ante la acusación de su rival.


—¡No fue trampa!
—¡Claro que sí! ¡Que se repita!— dijo Silvia con el pantalón atascado en la cadera, la blusa en el cuello y la tanga negra a la altura del sostén.
—Acepto la venganza— replicó la acusada.


Silvia más prevenida se puso el casco protector.


El réferi comenzó otra vez el conteo.


Prepárense ¡Gladiadoraaaaaaaaaaaaaaas!


¡Unaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!


¡Doooooooooooooooooos!


¡A peleaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar!


Silvia lanzó el primer bastonazo.


Itzel se agachó para esquivarlo y aún no terminaba de levantarse cuando soltó el golpe mortal.


Cuaz.


Directo en la cara de Silvia.


Triple salto mortal a la inversa.


Se hizo un silencio sepulcral.


Algunos presentes observaron a la aún no Candidata a Diputada volar en el aire.


El resto centró su atención en el destino del casco de Silvia que fue a parar junto a la mesa de los bocadillos.


Shum.


Shum.


Shum.


Zas.


Silvia Argüello terminó en el pasto.


¡A tres metros del Coliseo!


Con la boca en el zapato de Marín Junior…


Sin darse cuenta, la derrotada gladiadora se puso de pie dándole la espalda al público.


Wow.


El pantalón de Silvia logró zafarse hasta los muslos.


Silvia con las pompas al aire y la tanga negra en la espalda abrazó a su querido amigo.


La gente rompió en carcajadas.


Ella corrió al baño a llorar de la pena y del dolor.


Lo mejor de la noche fueron las nalgas de Silvia.


¡Maldita tanga fácil!




Veinte días de soledad.


La publicación de Dios en el Poder se suspendió algunos días por “problemas técnicos”.


Paulina Cataño y Viridiana Lozano crearon un grupo en Facebook llamado “A que mil personas quieren que regrese Dios en el Poder”.


Yo casi me desmayo cuando lo vi.


Me pareció titánica la labor de conseguir mil firmantes para la columna.


“¿Por qué no 100, 300 ó 500?”, les pregunté.


“Nos emocionamos”, respondieron.


Héctor Hugo Cruz y Arturo Rueda crearon su grupo alterno: “A que ni con mil firmas Rueda regresa Dios en el Poder”


Por poco me uno a ellos, pero las chicas me prohibieron determinadamente hacer eco a la ironía de los directivos.


Horas más tarde, casi 100 personas ya se habían unido al grupo de la castigada.


¡Qué maravilla!


Lo más chistoso es que se unieron al grupo una serie de despistados católicos que armaron un debate teológico por el regreso de Dios al Poder…


Miau.


Por más que explicamos que se trataba de una columna, ellos insistieron en la libertad de culto y en que Dios nunca ha perdido el poder.


Jajaja.


Dos semanas después y con una severa depresión encima, logramos recabar 502 firmas.


502 gracias a todos: lectores, amigos, periodistas, despistados, católicos, panistas, priistas, chilpancinguenses, protagonistas de la columna y antirruedistas.


Gracias enormes por las propuestas para publicar Dios en el Poder en Poblanerías y en un blog de prensa.


¡Y regresamos!

 

Las monadas de Elmer

 

 



 
 

 

 
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