Dios en el poder


Selene Ríos Andraca
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25/06/2009

El rincón romántico de Valentín


A mi amada Gorda que está en el cielo de los perritos



¡Ay dolor!


Ajajajajajajajaiiiiiiiii —Léase con tono de mariachi—.


El buen Vale se nos puso re-romántico.


So sweet.


Bueno, algunos dicen que fue puro romance, pero hay algunas versiones de que el secretario de Comunicaciones y Transportes anda haciendo casting para algún mariachi o grupo norteño del Alto.


Pero cualquiera que sean sus razones, se nos puso rete amoroso.


Un poco sufridor, pero queredor.


Y eso es lo importante.


Así es él.


Amigo de los amigos.


Bohemio de noches estrelladas.


Trovador de las cantinas.


D’esos amantes a la antigua.


Poeta que en el aire las compone.


En pocas palabras: un romántico irremediable.



Hace unos días, el secretario tenía una reunión muy importante en Casa Aguayo con Mario Montero.


Ya la luna acariciaba las calles solitarias de la ciudad.


El aire cálido que dejó la lluvia taciturna encendió el corazón de Valentín, justo en el momento en que arribó a la sede del Ejecutivo.


Los gritos y el olor de los manifestantes de Antorcha Campesina no apagaron la llama de pasión de nuestro querido Meneses.


Al contrario, avivaron sus ganas de expresar sus profundos sentimientos.


Los antorchistas trataban de sortear la noche con algunas rolitas, con algunas anécdotas, con chistes o poemas.


El orador principal de esa noche se disponía a cantar una famosa de Juan Gabriel, cuando Valentín Meneses se acercó tímidamente a saludar.


—Buenas noches, compañeros.
—Buenas noches, secretario.
—¿Qué hacen? ¿qué hacen?
—Pues, vamos a cantar una bonita canción.
—¡Ah! No me digan…
—Ajá.
—Este… bueno… pues… mmm… miren… si quieren, pos ¡Yo me aviento un palomazo!
N’ombre ¡Pos cómo no!


El buen Meneses se aclaró la garganta.


Y en los pasillos ya vacíos de Casa Aguayo retumbó la voz del orador:


—Compañeros, a continuación una bonita melodía interpretada por Vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaalentín Meneseeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeees ¡Un aplauso, por vida de Dios!


Y que se arranca con todo:


Por el atardecer me iré
de aquí me iré sin ti.
Me alejaré de ti, con un
dolor dentro de mí
Te juro corazón que
no es falta de amor
pero es mejor así
un día comprenderás
que lo hice por tu bien
que todo fue por ti
La barca en que me iré
lleva una cruz de olvido
lleva una cruz de amor
y en esa cruz sin ti
me moriré de hastío


El secretario de Gobernación dejó de preguntarse dónde estaba su compañero de gabinete cuando escuchó su melodiosa voz colándose en el viejo edificio.


Salió al balcón a verificar sus sospechas.


Y el Vale...


Pues el Vale… dejó los pulmones embarrados en el micrófono.


Y el corazón repartido entre su público, entre los antorchos.


Como debe de ser.


Salud, pues.

 

 



 
 

 

 
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