DONDE LA LEY TERMINA, COMIENZO YO


Maritha Amescua


¿Sí o no a los parquímetros?


“Algún día en cualquier parte en cualquier lugar
Indefectiblemente te encontrarás a ti mismo
Y esa, solo esa puede ser la más feliz
O la más amarga de tus horas”
(Pablo Neruda)


Si mi preguntaran a mí en una consulta ciudadana bien organizada, en la que intervinieran las fuerzas políticas de la Ciudad, las ONG, las Universidades, etc; definitivamente aprobaría los parquímetros. Pero claro, como todo en esta vida mi aprobación llevaría un extenso escrito de letras pequeñísimas que no pudieran verse, en las que exigiría a cambio de mis cinco o diez pesos por hora algunas cosas como las siguientes:

 

Primero, y para no perder la costumbre que he tomado desde que mi buen amigo Arturo Rueda me invitara a colaborar en este diario, exigiría la reestructuración de la Recta Cholula; en serio! En lugar de estar perdiendo el tiempo en concesionar un servicio que mundialmente se ha probado no funciona y agrede a la ciudadanía, nuestras autoridades deberían invertir los mejores recursos humanos y materiales de los diversos Municipios que convergen en este problema de la Recta Cholula y arreglarla. Yo no sé si Usted amable lector, transita como su servidora diariamente por esta vialidad que definitivamente es un gran servicio para la ciudadanía porque nos acorta las distancias y nos permite ganar tiempo, (o bueno eso era en el pasado) pero cualquiera que lo hace por lo menos una vez en la vida se da cuenta que en el tramo que va de Puebla a Cholula, por lo menos 3 de los árboles del camellón central han expandido ya sus raíces levantando el pavimento, al grado que han hecho verdaderos topes que ponen en riesgo a todos los que circulamos por ahí.


Segundo, exigiría a cambio de mis diez pesos por hora, que nuestro servicio de emergencia estuviera realmente al servicio de los ciudadanos y de la prevención del delito, en lugar de ser un simple servicio anacrónico y  reaccionario como parece que es. Para muestra baste el botón del fin de semana que obtuvo su servidora cuando llamé para denunciar una fiesta “privada” en el frente del fraccionamiento en el que vivo. Y les digo “privada” porque los gritos, sombrerazos y música se oía hasta su humilde casa, así que al fin de 5 horas de música continua y no muy sana diversión decidí llamar por primera vez al 066 donde prometieron enviar a la patrulla a poner orden, porque si no me equivoco una de las funciones de la policía preventiva es justamente preservar el orden y seguridad ciudadana haciendo cumplir las leyes y reglamentos, entre ellas el bando de policía y buen gobierno en el que se establece que las fiestas privadas están permitidas siempre y cuando no molesten a los vecinos con música estridente y acciones que afecten el orden y la seguridad como era en este caso.

 

Una hora después de mi primera llamada que no trajo consigo la respuesta de la patrulla, hice mi segunda llamada, al explicarles que era la segunda Isabel Menseses quien me atendió esta vez, me dijo que no era posible que fuera mi segunda llamada dado que la última llamada que se registraba desde mi número había sido hecha en 2006, cuando su servidora como Usted ya se imaginará llama por lo menos una vez al mes al 066 para reportar anomalías en la seguridad del lugar en el que vivo; así que si la patrulla no había llegado era porque yo no había llamado.


Así que me quedó la enorme duda de si todo el dinero que nuestro Gobierno ha invertido y sigue invirtiendo para darnos un Centro de Emergencias de primera generación realmente sirve ya que ni siquiera registra adecuadamente las llamadas que hacen los ciudadanos. Finalmente después de la tercera llamada y ya como a la media noche llegó la patrulla comandada por quien dijo llamarse Nicasio Ruedas Altamirano y afirmó ser policía estatal municipal de San Pedro Cholula. Eso último no lo entendí bien porque o se es estatal o municipal pero ambas cosas está complicado porque entonces quién es su jefe? Una cosa es que el Estado le preste elementos al Municipio y otra cosa es que los elementos en su actuación sean ambas, en todo caso sería metropolitano pero no era esta la situación. Total que el oficial amablemente me informó que ya había tocado en el domicilio donde ocurría la fiesta pero que no habían querido cooperar con la autoridad y que esta ya nada podía hacer. Bien! Pongámos parquímetros en toda la ciudad! No solo en el primer cuadro, para que podamos pagar más policías que no logren que la ciudadanía que infringe leyes y reglamentos coopere! O mejor aún amable lector, encontré el hilo negro de los antros: mire, si Usted desea poner un giro negro y no consigue los permisos adecuados no se preocupe, organice en su propia casa su fiestesita al estilo “privado” al fin que nadie le dirá nada si Usted decide no cooperar.


Finalmente y como tercer punto que exigiría, nada más para comenzar a pensar si votar a favor de los parquímetros o no, sería que las cubetas del centro histórico que misteriosamente ocupan lugares de estacionamiento también pagaran cuota. Claro! Hay que ser justos! Además estas misteriosas cubetas no pagan impuestos, ni tienen familia a quien mantener como toda la gente que trabaja en el Centro Histórico y que se vería afectada por esta tercermundista medida de los parquímetros, así que mi exigencia es que estas cubetas las “consen” de la Ciudad también paguen cuota y si se quejan por el pago pues que los franeleros les ayuden para poder cubrir la cuota.


Así que como estoy segura ninguna de estas tres cosas pasará algún día en la Angelópolis espero que tampoco ocurra nunca el establecimiento de los parquímetros que atentan contra la ciudadanía y son una muestra enorme de cinismo de parte de nuestras autoridades. Yo realmente espero que esta no haya sido una idea de Blanca, por quien vote con gran entusiasmo porque contradice todo su proyecto político y nos ofende a quienes votamos por ella.


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Respecto de los corralones clandestinos en la Ciudad déjeme decirle que no es algo privativo de nuestra bella de los Ángeles sino de todo el Estado. Baste este ejemplo que me ocurrió hace un par de meses cuando por asuntos de un cliente llevamos al perito designado por el MP a un corralón administrado según nos dijeron por la Procuraduría, y no pudimos acceder a el, ya que al momento de llegar no se encontraba el encargado oficial, así que un niño de 8 años encargado momentáneamente del corralón nos atendió de manera violenta a los que acudimos aquel día, que no solo éramos mi compañera abogada, el perito designado y su servidora sino unas 7 personas más que iban por asuntos distintos.

 

Así que el niño en cuestión nos abrió la puerta solo para informarnos que no podíamos realizar las diligencias solicitadas en ese momento y que no había hora para las mismas. Honestamente mi mayor preocupación al salir del lugar no era la diligencia, ya que el hábil perito logró hacerla mientras el niño discutía con todos los presentes, sino el propio niño que a los 8 años estaba encargado de manera clandestina de un lugar no muy educativo ni seguro para él. No me imagino lo que hubiera ocurrido si alguno de los presentes en lugar de asombro ante lo que ocurría hubiera mostrado violencia contra el niño en cuestión y le hubiere maltratado de alguna forma; de quién hubiera sido la culpa? Del golpeador o del padre que lo ha dejado ahí o de la Procuraduría por no atender de manera adecuada sus resguardos o de quién? Así que ahora que los regidores han tomado la bandera de combatir los corralones clandestinos por las cuotas que estos cobren, vayan más allá para revisar el abuso a los Derechos Humanos que se da en los mismos a los menores y más aún que revisen de igual manera el funcionamiento de los oficiales y que esta denuncia vaya más allá de la Angelópolis a los 217 municipios de nuestro Estado.

    



 
 

 

 
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