Dos miradas


Abraham Bonilla Rojas


24/10/2012


De las demandas y el periodismo


La polémica que causó el anuncio del gobierno del estado, en relación a las diecinueve demandas que pretende interponer, de las cuales ya lo han sido dos, me llevó a la reflexión siguiente.


Es muy importante que ambas partes, quienes estamos del lado periodístico y quienes lo están por parte de algún poder, no solamente el ejecutivo, asumamos una postura crítica y analítica, lo más alejada de otorgar concesiones que sea posible. La mayoría de las veces, principalmente lo expuesto por los medios de comunicación, serán manifestaciones subjetivas por más concretas que se puedan hacer, dado que es la visión personal de quien hace la columna o la nota.


Lo último, a su vez, encausa a un riesgo que es el de confundir la libertad de expresión con un libertinaje de expresión. Retomo mi idea de la crítica y el análisis que por derecho tenemos capacidad y oportunidad para presentar a la sociedad algún suceso que sea adjudicable a determinada estructura pública. Eso es inviolable y quien pretenda transgredirlo, desde luego debe ser señalado y tendrá que ser acreedor de exigencia pública para que respete esa libertad.


Sin embargo, al existir las visiones subjetivas también nacen los diferentes parámetros del libertinaje. Entonces surge el conflicto entre las partes y quien se cree, porque en la ley está consagrado el derecho a la libre expresión como una extensión del derecho a pensar, con la ventaja, es muy probable que se sienta invadido por la restricción que en cierto momento procure o haga quien en sus facultades tenga la aplicación de la ley.


Desde luego que este libertinaje tiene más posibilidades de brotar cuando claramente hay intereses opuestos a aquellos que se decida atacar o, en el léxico usado por el gobierno estatal, calumniar. Entonces, el ejercicio de la libertad de expresión es primordial en un país democrático y tan vasto en muchos sentidos, en teoría también de leyes, como lo es México; es necesario y amerita absoluto respeto por parte de las autoridades siempre que no rebase los límites legales, como ha sucedido por ejemplo en algunas manifestaciones del #YoSoy132 o ahora de los normalistas de Michoacán.

 

La conclusión es la siguiente: después de todo lo anterior expuesto, considero que adoptar una postura diferente, ambas partes, es necesario para que la población a la que se llega esté verdaderamente lo más y mejor informada posible, y no se le marquen tendencias o pugnas claras –que si bien cada medio es libre de tener, pero sin opacar a otras corriente o lustrar de más a la propia por ética periodística. Y que, en efecto, lo que sea criticable se critique, se analicen los fenómenos pero con un razonamiento lógico e incluso con sustentos públicos y en casa dado, privados. Al tiempo de exigir y hacer cumplir la libertad para desarrollar la profesión.

 

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