Duelo de Espadas


Edmundo Dantés


Igual o peor, después de 40 años


Mucho se ha escrito y dicho sobre el 40 aniversario de la matanza de Tlatelolco en los días recientes y, en consecuencia, es difícil, casi imposible, aportar algo novedoso al respecto, porque muchos analistas, columnistas, periodistas, sociólogos, investigadores e historiadores han externado casi todo lo que habría que expresar de uno de los episodios más lamentables de la vida nacional.


En lo personal, considero que lo más lamentable de todo es que, a 40 años del genocidio cometido por Gustado Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, la mayoría de las cosas en nuestro país ha empeorado: la democracia real sigue siendo una utopía, la corrupción e impunidad continúan como dos de los lastres que arrastra el país, el régimen panista es igual o peor de represor que el priista, el neoliberalismo impuesto por el PAN y la tecnocracia del PRI ha empobrecido a los mexicanos todavía más que en 1968, la clase política tradicional es más depredadora y cínica que antes y las llamadas “institucionales nacionales” acarrean cuatro décadas más de ser manipuladas y prostituidas por una minoría que las usa para sus fines particulares.


Lo cierto es que México sigue sin conocer una democracia real, sin adjetivos, porque los órganos electorales federales y estatales son controlados por los gobiernos federal y estatales, que colocan ahí a sus incondicionales para manipularlos como marionetas, como lo demostró el megafraude que cometieron en el 2006 el PAN, Vicente Fox, las cúpulas empresariales, la iglesia católica y las oligopolios de medios de comunicación electrónicos todos encubiertos por el IFE y el Trife.


Cada año, nuestro país se “consolida” como uno de los más corruptos e impunes en todo el mundo, según mediciones de instituciones respetadas como Transparencia Internacional. Esto comprueba que el panismo no desmanteló las redes de complicidades, compromisos y clientelismos que durante décadas tejió el PRI, sino que se montó en ella, las perfeccionó y las usó para sí, lo que explica la protección que el PAN da a los cacicazgos de Elba Esther Gordillo y Romero Deschamps.


La corrupción e impunidad panista de los hermanos Bribiesca, Carmen Segura, Juan Camilo Mouriño, Sergio Estrada Cajigal, Patricio Patrón Laviada y Serrano Limón han dejado muy claro que el blanquiazul prometió acabar con las corruptelas priistas… solamente para sustituirlas por las suyas.


Los regímenes priistas fueron (y son, donde todavía los hay) autoritarios, represores y corruptos, pero hasta antes de 1970, México registró un cierto crecimiento económico, que hizo nacer a la clase media y logró reducir los índices de pobreza, pese a que el mundo enfrentó un difícil entorno por las guerras mundiales.


Además, los gobiernos emanados del tricolor crearon organismos con objetivos sociales que atendían a las clases más necesitadas y eran paliativos a la marginación, pese a que sus detractores argumentaban con razón que también generaban burocratismo, corrupción y clientelismo electoral.


Hoy, la tecnocracia en el tricolor y el dogmatismo neoliberal panista, desmantelaron, corrompieron o desaparecieron a las instituciones con objetivos sociales (como el IMSS, el ISSSTE, Conasupo, entre otras) y provocaron un importante aumento en la cantidad de pobres y en los índices de marginación e inequidad social. Antes había ofertas de trabajo y hoy no las hay, pese a que Felipe Calderón Hinojosa prometió ser el “presidente del empleo”.


La represión y autoritarismo del gobierno federal del PAN en Pasta de Conchos, Coahuila, Atenco, Estado de México y Lázaro Cárdenas, Michoacán, dejan muy claro que los autoproclamados como seguidores del “humanismo político” y supuestos defensores de la “dignidad de la persona humana” son igual de sanguinarios, excluyentes e intolerantes que los priistas.


La mayor parte de los entes que conforman la llamada “clase política tradicional” se ha vuelto mucho más cínica que antes. Sin importar si militan en el PRI, PAN o PRD, los mouriños, los bejaranos, los montieles y demás especimenes se alimentan de la corrupción, se defienden con pactos de impunidad mutua y se enriquecen con los bienes nacionales y a costa de la pobreza de las mayorías.


El nivel educativo en México se ha venido deteriorando, como lo señalan los indicadores internacionales, aparte de que la gran mayoría de los ciudadanos todavía —como hace cuatro décadas— carece de un servicio de salud de calidad, con medicinas suficientes y atención especializada.


Antes, la mayoría de los medios nacionales de comunicación defendía al régimen priista tapando, encubriendo o justificando sus corruptelas y excesos, como hizo con la matanza del 2 de octubre y otros movimientos sociales. Actualmente sigue haciendo lo mismo tratando de ocultar el fracaso del foxismo-calderonismo, mientras en los estados se reproduce el mismo esquema, con la diferencia de que los defendidos son los gobernadores o los presidentes municipales.


Las “instituciones nacionales” (entiéndase partidos políticos, gobiernos federal y locales, congresos, Suprema Corte de Justicia, tribunales federales y locales, órganos comiciales, etcétera) enfrentan un muy merecido desprestigio, porque sus integrantes están sobrepagados y no sirven de nada a la ciudadanía, a la que ni siquiera son capaces de proteger, como lo demuestra el diario fracaso de Calderón Hinojosa en su “lucha” contra el narcotráfico.


Lo realmente triste, demoledor y depresivo de la matanza de 1968 en Tlatelolco es… que 40 años después nuestro México sigue siendo una porquería y lo peor es que no se vislumbra cómo, cuándo o dónde se pueda mejorar este negro panorama.

 



 
 

 

 
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