Duelo de Espadas


Edmundo Dantés


Guerras sucias de fin de trienio

Es común que los presidentes municipales enfrenten una guerra sucia al finalizar sus trienios, como hoy le ocurre a Enrique Doger Guerrero y le pasó – en su momento – al propio Mario Marín Torres o a Luis Paredes Moctezuma, por citar dos ejemplos que confirman que el canibalismo expresado en el “fuego amigo” es inherente a los dos principales partidos políticos.

 

Veamos: hoy Mario Marín es prácticamente intocable para la mayoría de la mayoría de la prensa local, que no puede emitir crítica alguna hacia el mandatario. Pero este periodismo sumiso que protege y rodea al gobernador fue muy diferente a principios del 2002, cuando se preparaba el relevo en el ayuntamiento de Puebla por la llegada paredista y la salida del marinismo.

 

Una breve investigación refleja que entre el 13 y el 28 de febrero de 2002 sí se podían emitir observaciones o cuestionamientos sobre el ejercicio público y político de Mario Marín Torres, que dejó la alcaldía con un aumento de 100 millones de pesos en la deuda municipal, según lo denunciaba la prensa de la época.

 

Como ocurre casi siempre, otra acusación que se le hacía al entonces presidente municipal saliente era la de haber inflado la nómina y así lo denunció el edil electo Luis Paredes Moctezuma y su bisoño equipo, durante el proceso de Entrega- Recepción, que para el 14 de febrero del 2002 apenas llevaba un avance del 60 por ciento por las desavenencias entre ambos equipos.

 

Quienes usaron el “conflicto limítrofe” entre Puebla y San Andrés Cholula para hostigar a Enrique Doger Guerrero, no hicieron más que aplicar la misma fórmula que entre 1999 y 2002 se aplicó con ellos, ya que fueron frecuentes los exhortos de los marinistas para que la comuna panista san andreseña respetara el decreto de 1962 y el Congreso local lo hiciera valer.

 

El tema de la corrupción también es usado en la guerra sucia contra los ediles salientes. En el 2002, las acusaciones se relacionaban – entre otros temas – con el rastro del municipio y el entonces funcionario paredista, Eliuth Solís Totozintle, denunciaba a los cuatro vientos supuestas anomalías en ese rubro. Desde luego, el marinismo, a través del propio Mario Marín y de Moisés Dib, desestimaban las acusaciones.

 

Otra denuncia que enfrentó frecuentemente la gestión municipal 1999-2002 fue la de haber hecho obra pública y ejecutado programas sociales únicamente en las colonias donde se había votado por el PRI o predominaba el marinismo. Al finalizar el trienio, también se registró una oleada de denuncias contra agentes viales y policías municipales.

 

Mario Marín, el peligro para las instituciones, el indisciplinado

 

Y aunque ya nadie quiere acordarse de ese pasado tan cercano, lo cierto es que el marinismo no sólo era criticado por su actuar público y gubernamental, sino también por su actitud y elecciones políticas, que algunos melquiadistas descalificaban al considerarlas como “indisciplina”.

 

Veamos: Incluso antes de que concluyera su trienio, Marín Torres se autodestapó como precandidato a gobernador y sus rivales en el gabinete estatal lo acusaron de ser un “peligro” para las instituciones, en especial para el PRI, sobre todo después de que entró en colisión directa con el melquiadismo durante la contienda interna del 2002 por el CEN del tricolor.

 

Mientras la línea estatal fue respaldar a Beatriz Paredes Rangel, el entonces ex edil y precandidato apoyó a Roberto Madrazo Pintado, quien finalmente ganó la contienda interna, pese a que fue derrotado en la ciudad y estado de Puebla. Los detractores de Marín Torres aprovecharon la coyuntura, para acusarlo de indisciplinado y decir que la derrota madracista en el municipio le quitaba cualquier posibilidad de ser gobernador.

 

El actual ejecutivo estatal les respondió minimizando la pérdida, negando que hubiera ruptura con los demás grupos políticos, convocando a la unidad partidista y descartando que la caída madracista le restara posibilidades de ser el candidato del PRI en el 2004, como lo decían en ese entonces los melquiadistas que aspiraban a la misma candidatura.

 

Desde luego, también negó ser indisciplinado y se victimizó al quejarse de que se le achacara la derrota madrazista y declarar que era un personaje incómodo para algunos priístas y que devolvería “golpe por golpe”, como lo reconoció a finales de febrero del 2002, cuando aceptó que tenía una manera de hacer política diferente a la de Melquíades Morales Fores.    

 

Como puede constatarse fácilmente, no hay nada nuevo bajo el sol y la guerra sucia contra el dogerismo no es más que una reproducción de la que han enfrentado sus antecesores. Por razones de espacio, la conclusión del trienio de Luis Paredes Moctezuma será abordada en la próxima columna.

 

Estocada

 

Era de esperarse la exclusión que Blanca Alcalá Ruiz aplicará al dogerismo, como ella misma lo reconoció este jueves en todos los noticiarios radiofónicos de mediodía. No está haciendo otra cosa más que sumarse a la guerra sucia contra su antecesor y, seguramente, a este rompimiento unilateral de acuerdos seguirá la filtración mediática de “documentos”, para descalificar al ayuntamiento todavía en funciones.

 

Tampoco podía esperarse algo diferente de quien todo apunta que optará por el camino fácil de asumirse como “encargada de despacho”, en lugar de tratar de ser una alcaldesa independiente, incluyente, actuante y – sobre todo - con una carrera y aspiraciones políticas propias.




 
 

 

 
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