Duelo de Espadas


Edmundo Dantés

10/07/2009

Los errores de Calderón Hinojosa en la elección


Fueron muchos y de diferente tipo los errores que, como dirigente real del PANgobierno, cometió Felipe Calderón Hinojosa en elección actual y el primero de ellos fue el maltrato injustificado hacia quien lo ayudó a agandallar la Presidencia de la República: Manuel Espino Barrientos, personaje negativo, oscuro y poco importante de la política mexicana, que – sin embargo – operó para que varios gobernadores priístas le cedieran votos del tricolor y – supuestamente venciera – a Andrés Manuel López Obrador.

 

Es cierto que Espino Barrientos pertenece a un grupo del PAN diferente al de Calderón Hinojosa y que, incluso, ayudó a Santiago Creel Miranda para que obtuviera la candidatura presidencial del albiazul, pero también lo es que cuando el foxismo se vio derrotado trabajó a favor del hoy Ejecutivo federal y esto se demostró con las grabaciones en que el ex dirigente nacional panista moviliza a priístas, para que respalden al calderonismo.

 

Además, Calderón Hinojosa ni siquiera dejó que Espino acabara su trienio, sino que – al estilo del más rancio priísmo – lo depuso antes de que estatutariamente le correspondiera. Esto no ocurría en el PAN, ni siquiera cuando no ganaba una elección ni de milagro, ya que cambiar de dirigentes como de bóxers era una costumbre del PRI cuando tenía la Presidencia del país.

 

Incluso, Calderón Hinojosa impuso a Germán Martínez en el CEN y ni siquiera consultó a los panistas, como lo demuestra el hecho de que –por primera vez en décadas- Germán Martínez fue candidato único. Ni siquiera Vicente Fox hizo esto, porque cuando Manuel Espino llegó a la dirigencia del albiazul contendió contra Carlos Medina Plascencia.

 

Entonces, el hoy ejecutivo federal se priizó e impuso al dirigente nacional de un partido que, durante décadas, se pronunció a favor de la separación entre el partido y el gobierno. Otro error presidencial fue tratar de legitimarse haciendo que la contienda intermedia se convirtiera en un referéndum a su gestión, como lo demostró el PAN con sus spots de que se apoyaba al calderonismo o se estaba contra él.

 

Además, Germán Martínez realizó una campaña negra contra los gobiernos priístas y, sin duda, que tuvo razón: los gobiernos del PRI – en su mayoría – han sido y son corruptos, simuladores y traficantes de influencias, pero ése es el priísmo que apoyó incondicionalmente a Vicente Fox y a Felipe Calderón.

 

A diferencia de AMLO, en el 2006, que no supo responder ni contrarrestar los ataques panistas, los gobernadores priístas sí lo hicieron y llevaron la campaña del 2006 a donde les convenía: al tema económico, en el que el calderonismo no supo ni pudo responder, porque es – junto con el asunto de la corrupción – su punto más vulnerable.  

 

Las arengas germánicas contra los priístas exasperaron a los gobernadores del PRI y al calderonismo se le olvidó que si supuestamente ganó en el 2006, se debió a que las administraciones priístas estatales se lo permitieron porque así les convenía. Germán Martínez rompió con quienes eran aliados del gobierno federal sin tomar en cuenta que los dueños de la “estructura” en los estados son…los gobernadores.

 

Otra falla del calderonismo, cometida por el PAN desde el 2000, fue creer que bastaba con cooptar a los grupos patrimonialistas y corporativos del PRI, para que lo apoyaran. Lo cierto es que Elba Esther Gordillo, Romero Deschamps y demás lacras sindicales son mercancía que se venden al mejor, pero ellos están más cómodos en el priísmo, simplemente porque ahí es su origen y saben que en el panismo son vistos con recelo, desconfianza y rechazo.

 

Además, la soberbia panista llevó a Calderón y compañía a pensar que podían imponer la agenda mediática y política sin tomar en cuenta las necesidades de los ciudadanos. Por ello insistieron con el tema de la seguridad, pese a que también en este rubro el gobierno federal está reprobado porque no ha sido capaz ni de parar las matanzas ni de detener al narco.

 

Hoy, Germán Martínez es sacrificado por su jefe, que lo ofrece en prenda a los priístas, para pedirles su benevolencia. Pero Calderón Hinojosa olvida que durante décadas el panismo acostumbró dejar que sus dirigentes de todos los niveles concluyeran los períodos a los que habían sido electos y presumieron que esto les daba institucionalidad, frente a un PRI que cambiaba cada año de presidente nacional, estatal o municipal.

 

Por si fuera poco, Calderón se equivoca si cree que lo único que pedirán los priístas para seguir como sus aliados es la cabeza de Germán Martínez. No, los del PRI son maestros en el chantaje, la amenaza y las triquiñuelas y, en consecuencia, le exigirán mucho más, tanto que incluso – ahora sí-  le pueden quitar el gobierno en los hechos.   

 

Finalmente, un error grave del PANgobierno fue cooptar al perredismo de Jesús Ortega Martínez, ya que esto debilitó tanto al PRD, que fue incapaz de quitarle votos al PRI en la pasada elección federal, porque el perredismo “colaboracionista” de los chuchos lleva décadas perdiendo comicios y negociando prebendas a cambio de sus favores.

 

Estocadas

 

  • Los números no mienten y ratifican que el PAN fue el que más perdió el domingo pasado, porque antes tenía 206 diputados federales y ahora solamente contará con 147. Esto quiere decir que dejó escapar 59 posiciones. El chuchismo también empinó al PRD, que en el 2006 contaba con 126 legisladores y hoy se quedó con 72, lo que demuestra que desperdició 54 curules.

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  • El PRI tenía 106 diputados y ahora suma 241; es decir, ganó 135. El PT contaba con 11 y ahora llevará 9, perdió solamente dos. Convergencia disponía de 18 curules y en el siguiente trienio se quedará con 6, por lo que su pérdida es de 12. El Panal tenía 9 y ahora contará con 8, mientras que el PSD simplemente desapareció.

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  • Si Jesús Ortega no fuera calderonista, el PRD y las demás fuerzas de supuesta izquierda contarían con 87 legisladores federales, suficientes para ser una fuerza importante en la Cámara Baja. Pero los chuchos son los herederos de las tradiciones traidores de Rafael Aguilar Talamentes, el Frente Cardenista y el Popular Socialista.



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