Duelo de Espadas


Edmundo Dantés


Como en los peores tiempos del PRI


Como en los peores tiempos del PRI, Germán Martínez Cázarez fue ungido como dirigente nacional del PAN, gracias al dedazo antidemocrático de Felipe Calderón Hinojosa, cuyo autoritarismo fue absoluto al no dejar que ningún panista – siquiera – compitiera por el cargo.

 

Con  esta medida, Calderón Hinojosa marca una diferencia notable respecto a quien lo hizo “ganar” los comicios del 2006, según lo dijo el propio Vicente Fox, ya que el ex presidente si bien impuso a Manuel Espino en la dirección del blanquiazul, cuando menos dejó que las otras corrientes internas postularan a un candidato y simuló una elección.

 

Pero Calderón Hinojosa no se anduvo por las ramas y, como en los peores tiempos del priísmo, hizo que los liderazgos y la militancia panista ovacionara a su pupilo acallando cualquier vestigio de democracia interna. Esto confirma al blanquiazul como un apéndice del gobierno federal, como lo confirmó Martínez Cázarez al poner a disposición presidencial al partido.

 

Incluso, como en los peores tiempos priístas, por primera vez en mucho tiempo un dirigente nacional del PAN, en este caso Manuel Espino, no concluyó su período de gestión ante las crecientes ira y animadversión presidencial. La destitución anticipada de Manuel Espino implica una clara violación a la supuesta institucionalidad panista.

 

Es muy contradictorio que el panismo que durante décadas se quejó del predominio de un “partido de Estado” haya caído en este mismo vicio que tanto criticó, pero no es nuevo que el blanquiazul adopte tácticas priístas, porque desde hace varios años ha demostrado que el ser oposición durante varios años lo llevó a perfeccionar otras estrategias antidemocráticas, como el uso y abuso del gobierno federal en apoyo al PAN, la manipulación electorera de los programas sociales y, desde luego, las “costumbres” de enriquecerse a costa del erario público y de incurrir en todo acto de corrupción.

 

Este cambio en la dirigencia nacional del blanquiazul tendrá severas repercusiones en Puebla, porque el grupo predominante en el estado, el Yunque, enfrentará problemas graves para seguirse apropiando de las candidaturas o de nada le servirán las trampas internas, porque sus nominados carecerán del apoyo del CEN, como le ocurrió recientemente a Antonio Sánchez Díaz de Rivera.

 

A ello se debe el evidente nerviosismo y molestia que externan en los días recientes los voceros del Yunque, como Rafael Micalco, Jorge Ehlinger, Juan José Rodríguez Posada, Luis Mora Velasco, Álvaro Ramírez, entre otros damnificados de la elección del 11 de noviembre, quienes pretenden evitar que la verdadera militancia panista les quite el control del partido que llevaron a la debacle.

 

La ultraderecha poblana sabe que la llegada de Germán Martínez al CEN del PAN puede ser un preámbulo de la lucha que panistas calderonianos darían por echar a los yunquistas. Este relevo y la pasada derrota electoral generaron una verdadera oportunidad de sacar a los yunquistas del albiazul.

 

En consecuencia y para no rendir cuentas al panismo, Rafael Micalco, Jorge Ehlinger y la cúpula empresarial aplican tácticas distractoras y dilatorias con acusaciones y condenas a los gobiernos priístas, además de los “desplegados de autoapoyo” al Comité Directivo Estatal.

 

Lo cierto es que se afilan cuchillos en el panismo local. El Yunque ha cometido excesos, exclusiones y purgas internas, que otras corrientes le quieren cobrar aprovechando que la actual coyuntura política nacional les es favorable. Que los Micalco, los Ehlinger, los Rodríguez Posada, los Rodríguez Regordos y todas estas especies pongan sus barbas a remojar.

 

Quienes también deben estar atentos a lo que sucede en el PAN deberían ser los priístas, porque una vez que Calderón Hinojosa terminó de apoderarse del partido, es previsible que impondrá a la mayoría de los candidatos a las diputaciones federales del 2009 y los apoyará con todo, lo que implica que el PRI se enfrentará a una elección de Estado similar a la que en el 2006 despojó de su victoria a Andrés Manuel López Obrador.

 

En consecuencia, el tricolor tendría que privilegiar la unidad interna y la cohesión partidista con directivas incluyentes y no confrontadas con los demás sectores del partido, para que no traten de manipular la estructura en beneficio de un solo grupo interno.

 

Además, la participación calderonista en las elecciones del 2009 obligará al priísmo a postular a candidatos con verdaderas posibilidades de triunfar, más allá de filias y fobias internas. De lo contrario, el tricolor sería avasallado como en el 2006. 

 

Estocada

 

El subdirector de Comunicación Social del gobierno estatal, Ismael Ríos Delgadillo, anda presumiendo que ya tiene lista la campaña de lodo que le echará al edil de Puebla, Enrique Doger Guerrero, cuando finalice su trienio. En su torpeza, el funcionario ha reconocido que su “estrategia” es arremeter contra el alcalde, para que éste se lance contra el gobernador y, entonces, el mandatario ordene la “guerra” contra el munícipe.

 

Incluso, Ríos Delgadillo pregona que se cobrará la “afrenta” que le hizo el ex rector de la BUAP cuando no quiso comprarle un proyecto que intentó venderle como “investigador” universitario, pese a que su “programa” no tenía ni pies ni cabeza y, en consecuencia, no era aplicable a una institución de educación superior. Lo malo para él es que ya se sabe que su campaña es personal y no oficial.

 

Por último, se informa que Duelo de Espadas se tomará un receso vacacional hasta principios del año entrante.




 
 

 

 
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